sábado, 15 de mayo de 2021

¿GUERRAS Y VACUNAS?

Traducción del artículo publicado en LA SCURE (Italia). Imagen tomada de internet.
  
  
Estuve en Jerusalén, en julio del 2014, precisamente en la semanas en que comenzaron a llover los misiles desde Gaza. Me impactó mucho el hecho que, cada vez que ponían a sonar la sirena, en un par de minutos las calles se vaciaban completamente de hombres y vehículos; pienso que los refugios estaban provistos con amplios estacionamientos subterráneos. Admito que las explosiones que se oían poco después en la lontananza me hicieron en el momento una fuerte impresión; sin embargo, ignoraba en la época que la defensa antiaérea israelí estaba en capacidad de interceptar fácilmente las armas balísticas, no precisamente de última generación, de la cual disponía el movimiento Hamás, y que, si algún misil caía por tierra, las más veces caía en el desierto del Néguev (salvo uno que por “error” acabó en Belén…). No obstante esto la retaliación, inmediatamente lanzada sobre la estrecha franja costera de millón y medio de personas, fue como se acostumbra del todo desproporcionada y golpeó indiscriminadamente distintos edificios, incluidos escuelas y hospitales.
   
Nace espontánea la pregunta: ¿cómo llega el material bélico a un enclave donde no dejan entrar ni las medicinas? La información oficial evoca túneles elusivos entre Gaza y Egipto, pero, vista la intensa actividad desplegada por el ejército israelí en la península del Sinaí –esto es, fuera de los límites nacionales y en tiempo de “paz”– para detener presuntas actividades terroristas y de tráfico de personas, sorprende no poco que no llegan a impedir el paso de misiles. La maravilla cesa ni bien se descubre que el partido Hamás es financiado por el “enemigo” y controlado por el Mossad… De otro modo, ¿cómo justificar una ocupación ilegal de territorios y el estrangulamiento de toda la población autóctona durante décadas? Si no hay terroristas para combatir, es duro hacer imponer sobre los mismos ciudadanos un régimen sofocante donde nada escapa al control estatal y los militares son omnipresentes, aunque no son mayoría, con una mitra entre los brazos y una cara de niño (o de niña, visto cómo toman en serio la igualdad de género).
   
Precisamente, en una fecha escogida probablemente con criterios cabalísticos, comenzó nuevamente la comedia del lanzamiento de misiles desde Gaza. Una vez más, la réplica fue todo menos diferente: el bombardeo indiscriminado de un hormiguero humano con bombas de fósforo puestas fuera de las convenciones internacionales. Al mismo tiempo, en Jerusalén, la explanada de las mezquitas, durante la oración del Ramadán, fue invadida por la policía en orden antidisturbios. La multitud fue asaltada con lacrimógenos, granadas aturdidoras y proyectiles de goma hasta dentro del lugar de culto, la veneradísima mezquita Al-Aqsa. El pánico y la fuga han provocado cientos de heridos, mientras que un incendio desatado en los árboles hizo temer lo peor. Al mismo tiempo, los judíos ortodoxos reunidos ante el Muro de las Lamentaciones para celebrar el Día de Jerusalén aclamaban festivos las llamas de las cuales debía resurgir el tercer templo: según algunos rabinos, se trataría de un fausto presagio de la inminencia de la manifestación del Mesías, alias Anticristo; el lugar para ellos más sagrado del mundo estaría para ser limpiado de la canalla palestina.
   
Ahora, los sentimientos de aquellos desequilibrados frente a los cristianos no son ciertamente los más benévolos: seremos nosotros más culpables que los musulmanes de la interminable serie de sufrimientos y desgracias que han debido padecer desde cuando, aquel día de Parásceve [Viernes 25 de Marzo del año 33, N. del T.], reclamaron sobre sí los efectos de la sangre, injustamente derramada, del Mesías verdadero. Quien se considere judío, de origen o de religión, no pudiendo reprimir el innato sentido de culpa que se transmite de generación en generación, busca exorcizarlo en distintos modos. Hay quien considera a Jesús un gran maestro del judaísmo que en su época fue incomprendido, pero también, en la antípoda, quien Lo maldice con el Talmud como un impostor; quien acusa a la Iglesia de haber sido causa de la shoá y quien, en cambio, recuerda con gratitud haber tenido padres o abuelos salvados por religiosos católicos; quien mira al cristianismo como el peor azote para su pueblo y quien querría ante todo reconducirlo al seno del judaísmo como una variante heterodoxa mas no inconciliable, si se desarraiga de dogmas e instituciones.
   
Sin extendernos en la orilla ofrecida a ciertas teorías, a partir de los años Sesenta, de parte católica, nos preguntamos qué nexo puede tener el sionismo nacionalista con la operación pandémica que ha asolado al mundo entero. El ataque incalificable a la multitud en oración y la enésima masacre de Gaza, justificado con el sólito lanzamiento de misiles “palestinos”, podría ser una maniobra de distracción para la opinión pública, extranjera y local, por el desastre provocado por la vacunación masiva. Fuentes independientes suministran noticias catastróficas sobre los efectos adversos, severamente censurados por la prensa oficial. No obstante el conflicto abierto con Soros, Netanyáhu se alineó con la narración oficial, hasta al punto de transformar a su país en un grande laboratorio experimental. Esto confirmaría la idea que la rivalidad con el sionismo de tendencia globalista se circunscribe a un nivel inferior al de la regla total, que la utilizaría para evitar la prevalencia de una facción sobre la otra, pero al mismo tiempo la gobernaría por un fin unitario del dominio del mundo.
  
Una explicación más preocupante puede formarse desde el escenario geopolítico. Una vez fallidas todas las tentativas de provocar a Rusia, primero en Siria, luego en Irán y, últimamente, en Ucrania, parece que están buscando reencender la mecha en Israel. Aun si no tenemos certeza, hay razones de peso para pensar que el juego de la fantapandemia se ha salido de las manos y que el sistema financiero llega al colapso, y para evitarlo necesitaría una nueva guerra. Putin, para desalentar a sus adversarios, ha demostrado tener a sus órdenes un ejército eficientísimo, en capacidad de desplegar ingentes fuerzas en tiempos brevísimos; además, con el desfile militar por el aniversario de la victoria ha ofrecido al mundo un espectáculo de adrenalina. Él no tiene ningún interés ni en invadir al inquieto vecino ni, mucho menos, involucrarse directamente en el conflicto medio-oriental, en el cual el apoyo a la Siria y a Irán desarrolla un rol de equilibrio. En la otra orilla, sin embargo, no se encuentran sujetos otro tanto lúcidos y clarividentes.
   
El mundialismo, sobre todo, está amenazado también por las investigaciones sobre las elecciones estadounidenses. La decisión de recontar los votos en un condado de Arizona podría extenderse a tantos otros lugares, hasta hacer necesario un nuevo giro electoral, si se demuestra a nivel judicial el enorme fraude. Aparentemente, una sociedad privada ligada a los Clinton, la Dominion, se arrogó el monopolio del conteo de las urnas excluyendo a los funcionarios públicos. Como si no bastase, un dirigente de la autoridad de control de medicamentos declaró recientemente que no haría suministrar nunca a sus hijos una preparación que no haya superado las verificaciones necesarias. Parece pues que los líderes del sistema dispuesto a instaurar el nuevo orden mundial se están desmoronando y que, al menos por ahora, se deben actualizar los planes. Los señores de las altas finanzas, que son de origen israelita o jázaro, no han tenido en cuenta el factor Providencia; la “divinidad” a la que rinden culto ciertamente no es omnipotente, sino que debe contentarse con cooperar, a su pesar, con los designios celestiales.
   
La salida seguramente más ventajosa, para ellos como para todos, no será otra que la conversión, que hará finalmente fructífera también ante ellos la efusión de la Sangre redentora. Con todo, la maldad demoníaca demostrada por aquellos sujetos hace tal auspicio por lo menos poco plausible. Quien, en nombre de sus propios intereses, se hace insensible hacia el sufrimiento que con su conducta causa a pueblos enteros, se aprisiona en su propio cinismo, sofocando los extremos susurros de la consciencia con teoremas intelectuales que niegan la evidencia de lo real. De este mismo virus se han hecho contagiar tantos católicos y la sociedad occidental en su conjunto, ahora adictos a las violaciones más enceguecedoras de la ley divina y de la dignidad humana. El suministro obligatorio de un producto experimental es la última en orden de tiempo, mas no precisamente una de las menos graves: es un rito satánico al que está prestando apoyo también buena parte de la jerarquía católica [incluso algunos de la Tradición, N. del T.]. Si queremos evitar que el derramamiento de aquella Sangre recaiga sobre nosotros como una maldición, es necesario poner fin a los distintos atentados a la vida y a la salvación de los inocentes.
  
Sánguis ejus super nos, et super fílios nostros (Mt 27, 25).
 
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