sábado, 11 de septiembre de 2021

KURT KOCH: «CRISTO NO MURIÓ POR LOS JUDÍOS».


Salió a la luz la totalidad de la carta que Kurt Koch Bühlmann, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, envió al rabino Rasson Arousi, presidente de la Comisión del Rabinato Principal de Israel para Asuntos Interreligiosos, que había expresado indignación por las palabras de Francisco Bergoglio en la Audiencia semanal del 11 de Agosto próximo pasado.
  
La carta, que traducimos al español, va en este tenor:
   

TRADUCCIÓN
COMISIÓN PARA LAS RELACIONES RELIGIOSAS CON LOS JUDÍOS
Pontificio Consejo para promover la Unidad de los Cristianos
   
3 de Septiembre de 2021
  
J.20/2021/e
   
Rabino Rasson Arussi
Calle Ohaliav 5
JERUSALÉN 9446778 ISRAEL
   
halichot@inter.net.il
   
Querido rabino Arussi,
  
Escribo en respuesta a su carta del 12 de Agosto de 2021 en la cual Vd. se refirió a la catequesis del Papa Francisco durante la audiencia semanal del 11 de Agosto en la cual él reflexionó sobre la carta de Pablo [sic] a los Gálatas (Gál. 3, 19. 21-22). Siento no poder responder inmediatamente como deseaba para consultar al mismo Papa, quien me instruyó para responder a su misiva.
    
En el mensaje del Santo Padre, la Torá no es devaluada, pues él expresamente afirma que Pablo no se opuso a la ley mosaica: de hecho, Pablo observó esta Ley, enfatizó su origen divino, y le atribuyó un rol en la historia de la salvación. La frase «La Ley no da la vida, no ofrece el cumplimiento de la promesa» no debe ser extrapolada de su contexto, sino que debe ser considerada dentro del marco general de la teología paulina. La creencia vinculante cristiana es que Jesucristo es el nuevo camino de salvación. Sin embargo, esto no significa que la Torá sea disminuida o ya no sea reconocida como el «camino de salvación para los judíos». En una audiencia con el Consejo Internacional de Cristianos y Judíos (ICCJ) el 30 de Junio de 2015, el Papa Francisco afirmó: «Las confesiones cristianas encuentran su unidad en Cristo; el judaísmo encuentra su unidad en la Torá. Los cristianos creen que Jesucristo es la Palabra de Dios hecha carne en el mundo; para los judíos la Palabra de Dios está presente sobre todo en la Torá. Ambas tradiciones de fe tienen como fundamento al Dios único, al Dios de la Alianza, que se revela a los hombres a través de su Palabra».
  
En su catequesis, el Santo Padre no hace ninguna mención del judaísmo moderno; el discurso es una reflexión de la teología paulina dentro del contexto histórico de una era determinada. En manera alguna es cuestionado el hecho que la Torá es crucial para el judaísmo moderno.
    
Teniendo en mente las afirmaciones positivas constantemente hechas por el Papa Francisco sobre el judaísmo, de ninguna manera puede presumirse que esté regresando a una denominada «doctrina de desprecio». El Papa Francisco respeta totalmente los fundamentos del judaísmo y siempre busca profundizar los lazos de amistad entre las dos tradiciones de fe. En este contexto, el Papa Francisco coincide con el contenido del documento judío «Entre Jerusalén y Roma», publicado en 2017 respecto a la relación entre judaísmo y cristiandad, que declaró: «Las diferencias doctrinales son esenciales y no pueden ser debatidas o negociadas; su significado e importancia pertenecen a las deliberaciones internacionales de las respectivas comunidades de fe… Sin embargo, las diferencias doctrinales no son ni pueden obstaculizar el camino de nuestra colaboración pacífica para el mejoramiento de nuestro mundo compartido y las vidas de los hijos de Noé».
    
Deseo que esta respuesta aclare el trasfondo teológico de las palabras del Santo Padre.
    
Con las mejores consideraciones,
   
Sinceramente suyo,
   
(Fdo.) Cardenal Kurt Koch
Presidente
   
Dirección Postal: V - 00120 Ciudad del Vaticano
Visita: Via della Conciliazione, 5
Teléfono: +39 06 698 84386, +39 06 698 83071; Fax: +39 06 698 85365; e-mail: office@christianunity.va
Koch (que también le escribiera carta ídem al rabino David Fox Sandmel, Consejero de Asuntos Interreligiosos de la Liga Antidifamatoria Judía) afirma en pocas palabras que proclamar a Cristo a los judíos es despreciarlos a ellos. El verdadero desprecio es la premisa que los judíos deben vivir en un gueto libre de Cristo, y que predicarles a Jesucristo está prohibido (de hecho, entre los conciliares -contrariando el Mandato positivo de Cristo contenido en San Mateo 28, 19-20: «Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándolas a observar todas las cosas que yo os he mandado» y en San Marcos 16, 15-16: «Id por todo el mundo; predicad el mensaje de salvación a todas las criaturas; el que creyere y se bautizare se salvará; pero el que no creyere será condenado»-, la evangelización a los judíos está estrictamente prohibida; no así los neocatecumenales, que son una secta judaizante dentro de la archisecta deuterovaticana).
 
Otro problema: Jesucristo no es uno de tantos «caminos de salvación» como sostienen los conciliares. Él es EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA, y nadie puede ir a Dios Padre sino por Él (cf. San Juan 14, 6). Y San Pedro (de quien Bergoglio blasona vanamente ser sucesor), declarando ex cátedra, afirma ante el Sanedrín:
«Este Jesús es aquella piedra que vosotros desechasteis al edificar, la cual ha venido a ser la principal piedra del ángulo. Fuera de él no hay que buscar la salvación en ningún otro. Pues no se ha dado a los hombres otro Nombre debajo del cielo, por el cual debamos salvarnos» (Hechos 4, 11-12).
Y en el Concilio Jerosolimitano del año 51:
«Hermanos míos, bien sabéis que mucho tiempo hace fui yo escogido por Dios entre nosotros, para que los gentiles oyesen de mi boca la palabra evangélica y creyesen. Y Dios que penetra los corazones, dio testimonio de esto, dándoles el Espíritu Santo, del mismo modo que a nosotros. Ni ha hecho diferencia entre ellos y nosotros, habiendo purificado con la fe sus corazones. Pues ¿por qué ahora queréis tentar a Dios, con imponer sobre la cerviz de los discípulos un yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido soportar? Pues nosotros creemos salvarnos únicamente por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, así como ellos» (Hechos 15, 7-11).
El Concilio de Florencia, en la Bula Cantáte Dómino señala que la Iglesia Católica 
«Firmemente cree, profesa y enseña que las legalidades del Antiguo Testamento, o sea, de la Ley de Moisés, que se dividen en ceremonias, objetos sagrados, sacrificios y sacramentos, como quiera que fueron instituidas en gracia de significar algo por venir, aunque en aquella edad eran convenientes para el culto divino, cesaron una vez venido nuestro Señor Jesucristo, quien por ellas fue significado, v empezaron los sacramentos del Nuevo Testamento. Y que mortalmente peca quienquiera ponga en las observancias legales su esperanza después de la pasión, y se someta a ellas, como necesarias a la salvación, como si la fe de Cristo no pudiera salvarnos sin ellas».
El Concilio de Trento, en el Decreto sobre la Justificación, cap. I, declara DOGMÁTICAMENTE (no como el Vaticano II) que la naturaleza y la ley no pueden justificar a los hombres
«Ante todas estas cosas declara el santo Concilio, que para entender bien y sinceramente la doctrina de la Justificación, es necesario conozcan todos y confiesen, que habiendo perdido todos los hombres la inocencia en la prevaricación de Adán, hechos inmundos, y como el Apóstol dice, hijos de ira por naturaleza, según se expuso en el decreto del pecado original; en tanto grado eran esclavos del pecado, y estaban bajo el imperio del demonio, y de la muerte, que no sólo los gentiles por las fuerzas de la naturaleza, pero ni aun los Judíos por la misma letra de la ley de Moisés, podrían levantarse, o lograr su libertad; no obstante que el libre albedrío no estaba extinguido en ellos, aunque sí debilitadas sus fuerzas, e inclinado al mal».
 
El Catecismo de San Pío X, parte I, cap. V (Del cuarto Artículo de la Fe), enseña:
113. ¿Por quién murió Jesucristo? Jesucristo murió por la salvación de todos los hombres y por todos ellos satisfizo.
114. Si Jesucristo murió por todos los hombres, ¿por qué no todos se salvan? Jesucristo murió por todos; pero no todos se salvan, porque o no le quieren reconocer o no guardan su ley, o no se valen de los medios de santificación que nos dejó.
Y la Instrucción sobre las Fiestas del Señor, de la Santísima Virgen y los Santos, parte I, cap. VII (De la Semana Santa), del mismo Catecismo:
63. ¿Por qué el Viernes Santo, de un modo particular, ruega la Iglesia al Señor por toda suerte de personas, aun por los paganos y judíos? La Iglesia, el Viernes Santo, ruega de un modo particular al Señor por toda suerte de personas para demostrar que Jesucristo murió por todos los hombres, y para implorar en beneficio de todos el fruto de su Pasión.
Koch en su carta, ha negado que los judíos necesitan convertirse a Jesucristo, para salvarse. Y en consecuencia, los judíos que no se convierten a Cristo ni se bautizan en la Iglesia Católica, van a parar al Infierno para toda la eternidad, PERO A LOS CONCILIARES COMO JUAN XXIII RONCALLI, PABLO VI MONTINI, JUAN PABLO II WOJTYŁA, BENEDICTO XVI RATZINGER, FRANCISCO I BERGOGLIO, RICHARD CUSHING, ANNIBALE BUGNINI, AGOSTINO CASAROLLI, AUGUSTIN BEA Y KURT KOCH SE LES PEDIRÁ CUENTA ESTRICTA POR ESAS ALMAS.

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