miércoles, 15 de septiembre de 2021

POR QUÉ RECHAZAR EL MISAL RONCALLIANO

   
NO AL MISAL DE JUAN XXIII
   
   
La Bula “Quo Primum Témpore” del santo Padre Pío V, de 1570, condena todo cambio en el texto y en las rúbricas del misal.
  
Sin embargo, Monseñor Roncalli (Juan XXIII) no tuvo escrúpulos en introducir cambios en el texto y en las rúbricas del misal (1-1-1960), porque le interesaba probar una vez la vigilancia y el vigor de una eventual reacción en el clero y en los laicos:
  • San José fue introducido en el Communicántes (Canon de la Misa) .
  • El Confiteor antes de la comunión de los fieles fue dejado de lado.
  • La reverencia del sacerdote en dirección a la cruz al pronunciar el nombre del Señor fue suprimida.
Se replicará que se trata aquí de cambios secundarios e insignificantes, que San José tiene también derecho a un lugar de honor junto a la Madre de Dios, etc. [1].
  
Quizás, pero así se procedió contra las determinaciones de la legislación sobre el misal de la misa, piedra de bóveda de la fe. Censurable sobre todo, puesto que se sabe que la operación fue teledirigida por Dom Lambert Beauduin y llevada a cabo por el francmasón P. Bugnini, quien ya antes del Vaticano II era el encargado de la reforma litúrgica bajo la responsabilidad de Roncalli y de Montini.
   
Este Padre Bugnini había tenido éxito ya desde 1948 en introducir unos cambios, a pesar de la vigilancia del Papa Pío XII, quien no presintió el peligro:
  • Nuevos horarios de los oficios religiosos en la Semana Santa (¡medida en favor de una mayor presencia de fieles! ¡Coartada!).
  • Limitación del precepto del ayuno (consecuencia del punto anterior).
Los liturgistas empero utilizaron eso para abrir paso a otros cambios:
  • Simplificación de la liturgia del Domingo de Ramos.
  • Supresión de las oraciones al pie del altar y del último Evangelio (“solo” en la Semana Santa).
  • Introducción de la comunión de los fieles el Viernes Santo.
  • Intercalación del “Flectámus génua” en la súplica por los incrédulos judíos.
  • Supresión de 8 de las 12 lecturas del Sábado Santo.
  • Abrogación de numerosas fiestas así como de la primacía de las vigilias y octavas.
  • Supresión de las segundas colectas (por ejemplo, de la Bienaventurada Virgen María y contra los perseguidores de la Iglesia).
Puesto que todas estas medidas pasaron sin provocar resistencias dignas de mención, el Vaticano II pudo permitirse la destrucción total del Santo Sacrificio y de los sacramentos. Así procede por consiguiente el enemigo. Nuestra tarea consiste en ser extremadamente clarividentes ante los mínimos cambios, que pueden causar consecuencias imprevisibles.
  
¡Nos aferramos intransigentemente al viejo misal! Es perfecto, no necesita ninguna corrección o acomodación a nuestro tiempo.
  
Revista “KÝRIE, ELÉISON”, n.º 3, Julio-Septiembre de 1988, págs. 9-10. Traducción por Revista “ROMA”, N.º 108, Abril de 1988, pág. 68.
   
NOTA
[1] No tiene el mismo sentido la inclusión de San José en el Canon de la Misa que las otras dos modificaciones, comienzo de un proceso desacralizante. A la sombra de una medida que alegró el corazón de las personas devotas, se ampararon las otras, con otra finalidad.

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