domingo, 18 de enero de 2026

DE CÓMO COMULGA EL PAPA

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   

De la obra “Las Capillas pontificias, cardenalicias y prelaticias” (Venecia, 1841, pp. 263-264) del gran erudito Gaetano Moroni, volvemos al pasaje relativo al modo en que el Romano Pontífice recibía el Cuerpo y la Sangre de Cristo cuando celebraba personalmente la Misa papal. Los rituales que se describen a continuación fueron víctimas de la iconoclasia de Pablo VI.

Tras abandonar el altar el Pontífice, el Cardenal Diácono que ministra permanece del lado de la Epístola, con las manos juntas, de cara a la Santísima Eucaristía y al Papa. Al ver al Papa ascender a su sede, se gira hacia el altar y, haciendo una genuflexión, cubre la hostia consagrada con una estrella dorada de doce puntas, llamada asterisco por los griegos para que no se mueva por el aire ni caiga al suelo; una costumbre que en la Iglesia Romana se encuentra por primera vez en el Ordo Missæ Pontificalis, escrita bajo Urbano VIII. A continuación, el mismo diácono toma la patena y, elevándola con ambas manos a la frente, la muestra al pueblo. Después, da media vuelta, girando hacia la derecha hasta mirar con precisión al Papa, y luego, de la misma manera, se gira de nuevo, y al dar la otra media vuelta, se gira con comodidad hacia el pueblo, y luego, con gravedad, hacia la izquierda, aunque regresa como antes con el rostro hacia el Papa. Luego entrega la patena con la hostia consagrada marcada con un asterisco de oro, al subdiácono, arrodillado del lado del Evangelio, quien lo recibe con las manos cubiertas por un paño gris con encaje dorado que le cuelga del cuello. Él, aún arrodillado, lo adora, hasta que el subdiácono se levanta para llevárselo al Pontífice. Entonces, el diácono, levantándose, regresa al lado de la Epístola, esperando a que el subdiácono, acompañado por un maestro de ceremonias y con devoto recogimiento, llegue al Papa, quien hace una genuflexión y adora con humildad el Santísimo Sacramento, como hacen mientras los cardenales y todos los presentes pasan del altar al trono. En este punto, los guardias nobles que rodean el presbiterio se quitan el sombrero y se arrodillan en el suelo, como hacen en la Elevación en las capillas ordinarias. La Guardia Suiza, apostada alrededor del presbiterio, también hace lo mismo, de la manera que describimos al hablar de la Elevación y que luego replicarán con los guardias nobles. Luego, el Pontífice se levanta y permanece en acto de adoración, con el subdiácono de pie a la izquierda del Papa, pues está cerca del corazón, como explica Macri, para significar que la sangre fluyó del costado derecho de Cristo llagado. En la antigüedad, el cáliz no se colocaba detrás de la hostia, como es costumbre ahora, sino a la derecha, para denotar el derramamiento de sangre y agua del costado derecho del Redentor. El diácono toma entonces el cáliz y lo muestra al pueblo y al Pontífice de la misma manera que la hostia. Luego, un maestro de ceremonias que lo acompaña en un trono lo cubre con un paño mortuorio de seda con encaje y borlas doradas. De esta manera, con devoción y a paso lento, el Cardenal Diácono lo lleva al Papa, quien, arrodillado, lo adora como lo haría con la hostia, y se levanta. Luego, el mismo diácono se retira y permanece de pie a su derecha, cerca del Cardenal Obispo Adjunto y Monseñor Sacristán. Luego, los dos primeros patriarcas o arzobispos asistentes presentan al Pontífice la vela encendida y el misal, del cual lee las dos oraciones: Dómine Jesu Christe Fili Dei vivi, etc. y Percéptio Córporis tui . El segundo maestro de ceremonias retira la estrella dorada de la patena que sostiene al subdiácono y el Papa toma una de las dos partes de la hostia con su mano izquierda ex dextro látere ad designándum Domínici láteris percussiónem [1] diciendo: Panem cœléstem y golpeándose el pecho tres veces dice: Dómine non sum dignus; y después de haber dicho Corpus Domini nostri Jesu Christi, etc. y haber hecho la señal de la cruz, la toma. Entonces el subdiácono latino se retira a su lugar anterior para dejar espacio al diácono que se acerca al Papa con el cáliz. El sacristán entrega la fístula [2] al cardenal obispo asistente, quien, tras besarle la mano, se la da al Papa, quien, colocándola dentro del cáliz, absorbe parte del Sánguis con ella; y tan pronto como termina de tomarlo, termina el coro del canto del Agnus Dei con el dona nobis pacem. Antes de hablar de la comunión del diácono y del diácono sur, es bueno establecer el significado del rito con el que el Papa comulga en el trono cuando celebra pontificalmente. «Románus Póntifex, dice Inocencio III, de Mystérii Missæ lib IV c. 9, non communícat ubi frangit, sed ad altáre frángit et ad sedem commúnicat, quía Christus in Émmaus coram duóbus discípulis fregit, et in Jerúsalem coram Apóstolis manducavit. In Émmaus fregísse légitur, sed manducásse non légitur. In Jerúsalem non légitur fregísse, sed légitur comédisse»[3]. Macri cree que en este rito se expresa la pasión de Cristo y Durando, Rationále divinórum Officiórum, libro IV, añade sobre este rito singular la siguiente razón: «Sicut sanctissimus Pontifex est Christi vicarius et caput omnium qui in Ecclesia degunt militanti, ita Christum Ecclesiæ caput perfectius ac sublimius repræsentans ad sublimiorem locum communicare solet» [4]. Otro lo relata el maestro de ceremonias Chiapponi, Acta Canonizatiónis Sancti Pii V pág. 235, es decir, así como Jesucristo consagró el pan y el vino en el Cenáculo, y al ofrecerse al Padre ante los ojos del mundo entero, consumó y perfeccionó el sacrificio en el Calvario, así también el Pontífice, Vicario de Cristo, consagra la Eucaristía en el altar, figura del Cenáculo, y recibe la Comunión en el trono en presencia de todos, para imitar al Señor crucificado en el Monte Calvario. Una explicación similar la da San Buenaventura (Oper. tomo I en Salmo 21), quien en esta ocasión reconoce al Vicario de Cristo como más estrechamente conformado a la cabeza invisible de la Iglesia. En una ocasión, el Papa recibió la Comunión sentado, como también señala Benedicto XIV.
  
NOTAS
[1] En el lado derecho para representar el golpe que recibió el Señor en el costado.
[2] Caña dorada.
[3] El Romano Pontífice no recibe la comunión en el lugar donde parte la hostia: la parte en el altar y recibe la comunión en el trono, ya que Cristo partió el pan en Emaús ante dos discípulos, y en Jerusalén comió ante los apóstoles. De hecho, leemos que en Emaús lo partió, pero no que lo comió. En Jerusalén no leemos que lo partió, pero sí que lo comió.
[4] «Así como el Santísimo Pontífice es vicario de Cristo y cabeza de todos los que viven en la Iglesia militante, del mismo modo, representando de modo más perfecto y sublime a Cristo Cabeza de la Iglesia, acostumbra a recibir la comunión en el lugar más alto (el trono)».

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