jueves, 29 de enero de 2026

LA IDENTIDAD PROTESTANTE, LA NEGACIÓN DE LO CATÓLICO

Reflexión por João Christian Franco. Traducción propia.
 
El renombrado historiador protestante Gabriel-Jacques-Jean Monod Gros (1844-1902) dijo en su reseña del libro “Bossuet, Historiador del protestantismo. Una reseña sobre ‘Historia de las variaciones’ y sobre las controversias entre los protestantes y los católicos del siglo XVII” de Louis Alfred Joseph Rébelliau, París, Hachette 1891 (en Revue Historique, tomo XLIX, n. 28, Mayo-Agosto de 1892. París, Antigua librería de Germer Baillière & Cie., pág. 103), que:
«Si la Reforma [protestante] ha, desde el punto de vista moral, renovado y revivido en el mundo el espíritu cristiano, también ha sido un movimiento filosófico destructivo del cristianismo positivo y del principio de autoridad en materia de fe, y que no tiene ningún punto de autoridad ni de certeza dogmáticas fuera de la tradición eclesiástica representada por el Catolicismo, y que el protestantismo no es más que una serie y una colección de formas religiosas del libre pensamiento» [Original francés: «Si la Réforme a, au point de vue moral, renouvelé et revivifié dans le monde l’esprit chrétien, elle a été aussi un mouvement philosophique destructif du christianisme positif et du principe d’autorité en matière de foi; qu’il n’y a point d’autorité ni de certitude dogmatiques en dehors de la tradition ecclésiastique représentée par le catholicisme et que le protestantisme n’est qu’une série et une collection de formes religieuses de la libre pensée»].
   
Tejiendo una crítica ontológica, histórica y espiritual del Protestantismo, y no como simple divergencia confesional, se nota que se trata de un fenómeno definiéndose más por la negación que por la afirmación.
  
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1) La negatividad como esencia (no como accidente) y fenómeno histórico de disolución.
El protestantismo es una negatividad en todos los aspectos. En cuanto fenómeno histórico, es el prototipo del barbarismo, de la iconoclasia, de la brutalidad, del pillaje, del erismo y del caos. Por iconoclasia, no se debe entender en el sentido estricto de la destrucción de imágenes sagradas y venerables (iconografía sacra), sino en el sentido lato y profundo, extendiéndolo a todo lo que es imagen de Dios y a todo lo que fue edificado por Dios por medio de la Iglesia: Civilización, orden social, orden económico, alta cultura, arquitectura, arte, etc.

El Protestantismo no afirma nada, es un fenómeno DESTRUCTIVO, disruptivo, negativo, reactivo y pasivo. Como un sello de bajorrelieve, no está allí para edificar nada, sino para destruir lo que el cristianismo edificó
 
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2) Parasitismo espiritual e histórico.
En el fenómeno protestante, se verifica una realidad parasitaria, accidental, sin substancia, aunque lo suficientemente negativa y deletérea para producir tinieblas y enfermedad.
   
Y del mismo modo que las tinieblas y la enfermedad no tienen sustancia, sino que son una AUSENCIA de luz y de salud, el protestantismo es por principio y doctrina una ausencia de positividad. No busca construir, sino destruir; no busca convertir, sino pervertir y corromper. No aclara, sino que oscurece; suscita y agudiza las crisis, caos, dudas, divisiones y confusiones. Así como el perfecto parásito muere contemporáneamente que su huésped, por existir y organizarse en impugnación y rechazo al Catolicismo, si este pudiese morir, el protestantismo sucumbiría también, la extinción completa.
   
La imagen del parásito es dura, pero coherente con el argumento: el protestantismo vive en función del Catolicismo, bien sea para negarlo, deformarlo o parasitar sus conceptos (Biblia, Cristo, gracia, fe), vaciándolos del contexto magisterial, litúrgico, sacramental y eclesial que les da sentido. De ahí la afirmación de que él no podría sobrevivir sin el huésped que combate.
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La tesis central de este texto es que el protestantismo no posee sustancia propia: él no nace de una plenitud que ser comunicada, sino de una ruptura. Su identidad es reactiva. No se define por lo que es, sino por lo que niega. En este sentido, la comparación con realidades privativas (tinieblas, enfermedad) es clásica en la metafísica: así como el mal no tiene ser propio, sino que es privación de un bien debido, el protestantismo es la privación del Cristianismo pleno y verdadero, no una forma alternativa legítima de él.
  
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3) Ausencia de positividad doctrinal.
En 500 años de pillaje y parasitismo, no formularon ni un credo, ni doctrinas expresadas en fórmulas que fuesen universalmente aceptadas por todas las miríadas babélicas de sectas protestantes. El protestante irrumpió como satélite y espíritu anticatólico (de negación y reacción al Catolicismo). A él no le interesa edificar nada que sea genuinamente cristiano (ni podrían hacerlo o conseguirlo), y jamás serán capaces de desvincularse de la contraposición insana y neurótica al Catolicismo y adquirir vida propia, acción propia, proactividad y positividad.
  
La crítica a la inexistencia de un credo universalmente aceptado es decisiva. Donde no hay autoridad magisterial, no puede haber unidad doctrinal estable. La multiplicación infinita de sectas confirma la tesis de que el protestantismo no edifica una ecclésia (ἐκκλησία, asamblea), sino que fragmenta indefinidamente al individuo religioso. La fe deja de ser RECIBIDA y pasa a ser CONSTRUIDA (lenguaje masónica) subjetivamente, lo que disuelve cualquier posibilidad de forma objetiva y común.
   
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4) Esterilidad misionera auténtica.
No convierten paganos, musulmanes y mucho menos judíos. No realizan misiones, no salen por el mundo (excepto para aborrecer, engañar y seducir católicos) ni enseñan a pueblos originarios, ni bautizan aquellos de regiones aisladas, hostiles, insalubres o agrestes, y tan solamente hacen extraviar a los católicos a sus sectas demoníacas. Este es el punto fundamental y frecuentemente evitado: la ausencia de una misión verdaderamente civilizatoria y martirial. Mientras la Iglesia Católica evangeliza pueblos hostiles y primitivos, funda culturas, alfabetiza, traduce, sufre persecuciones y derrama sangre, el protestantismo moderno se concentra casi exclusivamente en el proselitismo anticatólico, sobre todo en regiones ya cristianizadas.
  
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5) Las “cinco solas” como expresión de la negación.
Si mucho, solo lograron fundamentarse sobre los arenosos, falsos e hipócritas  “cinco solas” protestantes [Sola Escritura, Sola Fe, Sola Gracia, Solo Cristo, Solo la Gloria de Dios], de los cuales, aun sin análisis adecuado, se desprende y se resalta la naturaleza negativa, pasiva y reactiva. Es decir, so pretexto de ser cristiano, lo más que consiguió el protestantismo fue ser ciegamente anticatólico y por consecuente, anticristiano.
   
La lectura de las 5 solas como fórmulas negativas es teológicamente consistente: Todas ellas retiran algo esencial (Tradición, Magisterio, sacramentos, cooperación de la voluntad, mediación de la Iglesia). No constituyen una síntesis superior, sino que sustraen, simplifican y empobrecen el depósito de la fe.
   
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6) Papel de la antítesis en la dialéctica.
En la interferencia judía en la historia mediante juego dialéctico, el protestantismo cumple el papel de ANTÍTESIS. Y cómo le cae bien ese papel. No asienta tesis, y sí hasta exclusivamente hace antítesis al Divino Catolicismo.
  
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7) Conclusión.
El protestantismo, lejos de ser una reforma o purificación del Cristianismo, es una fuerza de  desintegración, incapaz de generar unidad, santidad objetiva, continuidad histórica o civilización cristiana. Al pretender ser cristiano contra la Iglesia, termina por convertirse anticristiano, porque separa a Cristo de Su Esposa, Su Tradición y Su autoridad visible.

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