En la capilla del Santísimo Sacramento de la Basílica de San Pedro, un hombre de tez negra arrojó al suelo cuanto había sobre el altar: candelabros, custodia y lienzos de altar, forzando la evacuación y cierre de la misma.
El incidente ocurrió el sábado 17 de Enero, durante la “adoración eucarística” (aunque, como es el Novus Ordo, no hay transubstanciación y lo que adoraban era un pan común y vacío). León XIV Riggitano-Prévost ordenó realizar un acto de desagravio, pero se desconoce cuándo tuvo lugar.
Con este, van cuatro episodios vandálicos (tres de ellos en menos de un año) ocurridos bajo la administración del cardenal amigo de Bergoglio Mauro Gambetti Gambaratti OFM Conv. en la Fábrica de San Pedro. Administración bajo la cual se ha debilitado la vigilancia y recortado los gastos de operación y mantenimiento (eso sí, que no le toquen los puestazos a sus amigotes). Y como tantas otras veces, la orden de él es imponer silencio y prohibir que se graben los vídeos (aunque a diferencia de otras veces, tuvieron éxito).
Justo dos días después, Riggitano-Prévost dijo en su discurso a la Inspectoría de Seguridad Pública para el Vaticano [una división de la Policía estatal italiana destinada al Vaticano]:
«Un ambiente seguro es de gran ayuda para la oración, y muchísimos visitantes –algunos de los cuales han venido a Roma después de largos viajes y a costa de un sacrificio físico y financiero– han podido experimentar esto en meses recientes gracias a vosotros».
Elogio que seguramente no recibieron ni merecen su contraparte la Gendarmería vaticana ni los sampetrinos (operarios de la Fábrica de San Pedro).

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