La expresidenta irlandesa Mary Patricia Leneghan McManus de McAleese (en irlandés: Máire Pádraigín Ní Lionnacháin Mac Mághnais Mhic Ghiolla Íosa) ha declarado en su disertación “Los derechos de los niños y la religión” durante la Conferencia anual sobre los Derechos de los niños y el Derecho de Familia en el Colegio Universitario de Cork (Irlanda) que el bautismo de niños es una violación de los derechos humanos que debe ser prohibida, informó The Irish Times:
«En todo el mundo sigue existiendo una restricción severa, sistemática y de larga data de los derechos de los niños con respecto a la religión. […] Afecta a Irlanda de forma especial, y las circunstancias actuales hacen de Irlanda un lugar ideal para llevar a cabo dicho examen.Permítanme presentarles un par de historias breves e interrelacionadas. Se refieren a la relación entre los derechos de los niños y la religión en Irlanda, y a ciertos aspectos no cuestionados del derecho canónico de la principal denominación cristiana y proveedora de educación de Irlanda, la Iglesia Católica Latina.Restringe los derechos de los niños establecidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) de 1948 y la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN) de 1989, de las que tanto Irlanda como la Santa Sede –que gobierna la Iglesia Católica y es efectivamente la autora del derecho canónico– son Estados Partes»,
Citando para ilustrar su punto, los casos de María Estuardo, reina de Escocia, y su propia vida de ella, Leneghan dice que no cuestiona los efectos espirituales del bautismo, sino que el hecho del bautismo hace que los niños adquieran obligados una “membresía de por vida” a la Iglesia Católica de la que no pueden rescindir, poniéndose ella misma de ejemplo para ilustrar su argumento:
«Los padres católicos tienen la estricta obligación, según el derecho canónico católico, de bautizar a sus hijos lo antes posible, por lo que el bautismo infantil es normativo.No cuestiono la práctica rutinaria del bautismo infantil en sí, en la medida en que el bautismo concierne a efectos espirituales gratuitos que la Iglesia afirma que son indelebles, como la expurgación del pecado original, la apertura a la posibilidad de la salvación y el flujo de la gracia de Dios.La membresía vitalicia impuesta sin consentimiento consciente no puede de ninguna manera ser considerada como indeleble o como un efecto espiritual divinamente ordenado.[…]Nada moldeó mi vida con tanta fuerza ni impuso restricciones tan formidables a mis inalienables derechos humanos intelectuales como aquella breve ceremonia dominical de bautismo hace siete décadas y media. Hace lo mismo con los casi 40.000 niños que se bautizan cada día en los cinco continentes, inscribiéndolos como miembros vitalicios de la Iglesia sin su consentimiento y sin una política de salida.Esa realidad ha permanecido intacta a pesar de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y de la Convención sobre los Derechos del Niño (1989), de las que la Santa Sede es Estado Parte, al igual que Irlanda».
Si bien incluso los conciliares admiten que el Sacramento del Bautismo imprime el carácter que distingue a los cristianos de los que no lo son (tan es así que la misma Virgen María lo recibió de manos de su propio Hijo), no significa que se coarte con él la “libertad religiosa” (en el sentido moderno de escoger si adherir a alguna religión, cambiarse o no profesar ninguna). Prueba de ello es que ninguno de las decenas de miles de personas que abandonan la Iglesia cada año ha sido restringida o castigada físicamente por ello, a diferencia del islam (donde la apostasía es castigada con la muerte) o el hinduismo (donde hay amenazas y exclusión a los que se convierten a otra religión).
Desde que dejó el cargo en 2011, la hija de Patrick Leneghan y Claire McManus y esposa del dentista y exsenador Martin McAleese ha hecho campaña por cambios radicales dentro del catolicismo, apoyada por puestos académicos y reconocimientos jesuitas. Estos incluyen un doctorado en derecho canónico de la Pontificia Universidad Gregoriana (2018), con la tesis “Los derechos y obligaciones de los niños en el Derecho canónico”, publicada al año siguiente como “Los derechos y obligaciones de los niños en el Derecho canónico: El contrato de bautizo”. Sin embargo, sus puntos de vista han sido considerados demasiado heterodoxos para una conferencia vaticana bajo la Santa Sede (2018), a tal punto que el entonces presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, la Familia y la Vida (hoy prefecto del dicasterio ídem) y cardenal camarlengo Kevin Joseph Farrell vetó su presencia en dicho congreso.
La señora Leneghan de McAleese, autoproclamada “católica” (y aún así “canonesa honoraria” y “homilista” habitual de la catedral anglicana de Cristo en Dublín), está abiertamente en desacuerdo con las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio, la homosexualidad y el aborto, y tiene críticas particulares para el sacerdocio masculino, rechazando la doctrina católica como “tontería sexista no científica”.

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