domingo, 11 de enero de 2026

UN FUNERAL REFLEJO DE LA IGLESIA CONCILIAR


Finalizando el funeral del obispón de Caserta (Italia) Raffaele Nogaro Venier (foto) en la catedral de San Miguel Arcángel de esa ciudad el día 9 de Enero, se entonó el “Bella Ciao”, el no-himno de los partisanos, mientras su féretro era llevado a hombros de migrantes.
  
   
Nogaro (ordenado sacerdote el 29 de Junio de 1958 por el arzobispo Giuseppe Zaffonato con el Rito Romano tradicional, “instalado” obispón el 9 de Enero de 1983 por el arzobispón Alfredo Battisti con el rito montini-bugniniano) era un consentido de la prensa izquierdista seglar y eclesiástica italiana por su apoyo a los migrantes, el pacifismo y su lucha contra la Camorra, ganándose los apelativos de “obispo incómodo” o “pastor de los pobres”. Pero también será recordado como uno de los obispones producto del Vaticano II porque en sus diócesis de Sessa Aurunca y Caserta, mientras se entronizaba el activismo, se vaciaban progresivamente de vocaciones, práctica religiosa y sentido de lo sagrado. Y su funeral es la imagen clara de una iglesia moribunda, colocada, de rodillas (y no para rezarle) al mundo, y sin identidad. Porque tal es, mal que les pese a algunos.

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