sábado, 17 de enero de 2026

EN EL VATICANO, SE BURLARON (OTRA VEZ) DE LOS NEOCONSERVADORES

Tomados de TRADITIO.
   

El asesor litúrgico del pseudopapa León XIV Riggitano-Prévost, el cardenal Arthur Roche, quien ha desbaratado las vanas esperanzas de los neoconservadores conciliares aferrados a la no tradicional Nueva Misa Latina de 1962, destinada a ser el trampolín hacia la falsa (inválida) Misa del Nuevo Orden (Novus Ordo).
Roche impondrá las más estrictas limitaciones a la Nueva Misa Latina de conformidad con “Traditiónis custódes”.
   
Tras la conclusión del Consistorio Extraordinario del Pseudopapa León XIV Riggitano-Prévost, del 7 al 8 de Enero de 2026, Il Giornale, uno de los principales periódicos italianos, publicó una copia del informe “secreto” que Riggitano-Prévost había encargado al cardenal Arthur Roche, a quien Riggitano-Prévost nombró, en cuanto Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino de la Nueva Iglesia, para preparar el consistorio [los otros fueron Víctor Manuel “Tucho” Fernández Martinelli (Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe), Mario Grech Attard (Secretario General del Sínodo), y Fabio Baggio CS (subsecretario de la Sección de Migrantes y Refugiados y Proyectos Especiales del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral)]. El informe no se presentó porque los cardenales votaron por amplia mayoría a favor de eliminar por completo las cuestiones litúrgicas del orden del día.

El informe de Roche, ahora público, resulta ser un ataque contra la Nueva Misa Latina de 1962, del Anticoncilio Vaticano II, que ciertamente NO es la Misa Latina Tradicional, sino un paso previo al falso (inválido) Nuevo Orden de 1969, que aún utiliza la Iglesia Novusordita. El informe se pronuncia firmemente a favor del decreto “Traditiónis custódes” de 2021 del Pseudopapa Francisco Bergoglio, que esencialmente suprimió la Nueva Misa Latina.
  


TRADUCCIÓN
CONSISTORIO EXTRAORDINARIO
(7-8 de enero de 2026)

Liturgia: una cuidadosa reflexión teológica, histórica y pastoral para que «la sana tradición y abrir, con todo, el camino a un progreso legítimo» (SC 23).

LITURGIA
(Cardenal Arthur Roche)

1. En la vida de la Iglesia, la Liturgia siempre ha experimentado reformas. Desde la Didajé a la Tradítio Apostólica; desde el uso del griego al del latín; desde el Libélli precum a los Sacramentarios y los Órdines; de los Pontificales a las reformas Franco-Germánicas; desde la Litúrgia secúndum usum Románæ Cúriæ a la reforma Tridentina; de las reformas postridentinas parciales a la reforma general del Concilio Vaticano II. La historia de la Liturgia, podríamos decir, es la historia de su continua ‘reforma’ en un proceso de desarrollo orgánico.

2. San Pío V, al afrontar la reforma de los libros litúrgicos en observancia del mandato del Concilio de Trento (cf. Sesión XXV, Decreto General, cap. XXI), fue movido por la voluntad de preservar la unidad de la Iglesia. La bula Quo primum (14 de julio de 1570), con la que se promulgó el Misal Romano, afirma que «es sumamente conveniente que no haya en la Iglesia de Dios más que una sola manera de salmodiar, un solo rito para celebrar la Misa» (cum unum in Ecclésia Dei psalléndi modum, unum Missæ celebrándæ ritum esse máxime déceat).

3. La necesidad de reformar la Liturgia está estrechamente ligada al componente ritual, mediante el cual —per ritus et preces (SC 48)— participamos en el misterio pascual: el rito en sí mismo se caracteriza por elementos culturales que cambian con el tiempo y los lugares.

4. Además, dado que «la Tradición no es transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas», sino «el río vivo en el que los orígenes están siempre presentes» (BENEDICTO XVI, Audiencia General, 26 de abril de 2006), podemos afirmar con certeza que la reforma de la Liturgia que desea el Concilio Vaticano II no solo está en plena sintonía con el verdadero significado de la Tradición, sino que constituye una forma singular de ponerse al servicio de la Tradición, porque esta es como un gran río que nos conduce a las puertas de la eternidad (ibid.).

5. En esta visión dinámica, «mantener una tradición sólida» y «abrir el camino al legítimo progreso» (SC 23) no pueden entenderse como dos acciones separables: sin un “legítimo progreso”, la tradición se reduciría a «una colección de cosas muertas», no siempre sanas; sin la “sana tradición”, el progreso corre el riesgo de convertirse en una búsqueda patológica de novedad, incapaz de generar vida, como un río cuyo cauce se bloquea separándolo de sus fuentes.

6. En el discurso a los participantes en la Plenaria del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (8 de febrero de 2024), el Papa Francisco se expresó así:
«Sesenta años después de la promulgación de la Sacrosánctum Concílium, no dejan de entusiasmar las palabras que leemos en su Proemio, con las cuales los Padres declaraban la finalidad del Concilio. Son objetivos que describen una precisa voluntad de reforma de la Iglesia en sus dimensiones fundamentales: acrecer cada día más, la vida cristiana de los fieles; adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones sujetas a cambios; favorecer lo que puede contribuir a la unión de todos los creyentes en Cristo; revigorizar lo que sirve para llamar a todos al seno de la Iglesia (cf. SC 1). Se trata de un trabajo de renovamiento espiritual, pastoral, ecuménico y misionero. Y para poder conseguirlo, los Padres conciliares sabían bien por dónde empezar, sabían “que le corresponde de un modo particular proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia” (ibid.). Es como decir: sin reforma litúrgica no hay reforma de la Iglesia».

7. La Reforma litúrgica se elaboró sobre la base de «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (SC 23). Su objetivo era ampliar la participación en la celebración del Misterio Pascual para renovar la Iglesia, el Pueblo de Dios, el Cuerpo Místico de Cristo (ver LG, capítulos I-II), perfeccionando a los fieles en la unidad con Dios y entre sí (cf. SC 48). Solo desde la experiencia salvífica de la celebración de la Pascua, la Iglesia redescubre y retoma el mandato misionero del Señor Resucitado (cf. Mt. 28, 19-20) y se convierte, en un mundo desgarrado por la discordia, en fermento de unidad.

8. Debemos reconocer también que la aplicación de la Reforma adoleció y sigue adoleciendo de una falta de formación, y esta urgencia de abordar, comenzando por los Seminarios para «promover una educación de los fieles y una acción pastoral que tengan la sagrada liturgia como su cumbre y su fuente» (Instrucción Inter Œcuménici, 26 de septiembre de 1964, 5).

9. El bien primordial de la unidad de la Iglesia no se logra congelando la división, sino encontrándonos en la comunión de lo que no puede sino ser compartido, como dijo el Papa Francisco en Desidério desiderávi 61:
«Estamos continuamente llamados a redescubrir la riqueza de los principios generales expuestos en los primeros números de la Sacrosánctum Concílium, comprendiendo el íntimo vínculo entre la primera Constitución conciliar y todas las demás. Por eso, no podemos volver a esa forma ritual que los Padres Conciliares, cum Petro et sub Petro, sintieron la necesidad de reformar, aprobando, bajo la guía del Espíritu y según su conciencia de pastores, los principios de los que nació la reforma. Los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, al aprobar los libros litúrgicos reformados ex decréto Sacrosáncti Œcuménici Concílii Vaticáni II, garantizaron la fidelidad de la reforma al Concilio. Por eso, escribí Traditiónis custódes, para que la Iglesia pueda elevar, en la variedad de lenguas, una única e idéntica oración capaz de expresar su unidad [Cfr. Pablo VI, Constitución apostólica Missále Románum (3 de Abril de 1969) en AAS 61 (1969) 222]. Esta unidad que, como ya he escrito, pretendo ver restablecida en toda la Iglesia de Rito Romano».

10. El uso de los libros litúrgicos que el Concilio pretendía reformar fue, desde san Juan Pablo II hasta Francisco, una concesión que en ningún caso preveía su promoción. El papa Francisco —al conceder, de acuerdo con Traditiónis Custódes, el uso del Missále Románum de 1962— señaló el camino hacia la unidad en el uso de los libros litúrgicos promulgados por los santos papas Pablo VI y Juan Pablo II, de acuerdo con los decretos del Concilio Vaticano II, única expresión de la lex orándi del Rito Romano.

11. El Papa Francisco resumió la cuestión de la siguiente manera (Desidério desiderávi 31):
«[…] Si la Liturgia es “la cumbre a la cual tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza” (Sacrosánctum Concílium, n. 10), comprendemos bien lo que está en juego en la cuestión litúrgica. Sería banal leer las tensiones, desgraciadamente presentes en torno a la celebración, como una simple divergencia entre diferentes sensibilidades sobre una forma ritual. La problemática es, ante todo, eclesiológica. No veo cómo se puede decir que se reconoce la validez del Concilio –aunque me sorprende un poco que un católico pueda presumir de no hacerlo– y no aceptar la reforma litúrgica nacida de la Sacrosánctum Concílium, que expresa la realidad de la Liturgia en íntima conexión con la visión de la Iglesia descrita admirablemente por la Lumen Géntium. […]».

Roma, 8.01.2026
El informe de Roche es un mero comentario desproporcionado. Hablando obviamente en nombre de su jefe Riggitano-Prévost, Roche empieza con la mentira de que «la reforma de la Liturgia que desea el Concilio Vaticano II… está en plena sintonía con el verdadero significado de la Tradición». Veréis, en la Nueva Iglesia apóstata, lo blanco es negro, y lo negro es blanco. Esa es la herejía modernista relativista tan condenada por el Papa San Pío X. Roche concluye que la Nueva Misa Latina está siendo promovida por aquellos (neoconservadores de la Pseudoiglesia) que carecen de la verdadera fe católica.

Roche, Riggitano-Prévost y la Iglesia Sinodal planean una purga completa de los Seminarios, eliminando los tipos de la Nueva Misa Latina y la fuerte propaganda de la herejía modernista. Indican que la “Traditiónis custódes” se impondrá sin piedad. Su proclama: «No podemos volver a esa forma ritual que los Padres Conciliares [del Anticoncilio Vaticano II]… sintieron la necesidad de reformar». La Nueva Misa será ahora la ÚNICA expresión de la Nueva Iglesia [Parte de la información para este Comentario proviene de Il Giornale].

Católicos tradicionales, los neoconservadores de la Pseudoiglesia, están —con el perdón de la palabra— jodidos. Durante más de cincuenta años han estado negociando con la Iglesia Sinodal de la Nueva Era para obtener migajas, es decir, la Nueva Misa Latina de 1962, que ciertamente ni siquiera es la Misa Latina Tradicional. Nunca debieron haberse convertido en peones de la Iglesia apóstata, que ciertamente no es la Iglesia Católica. Ahora ellos han incurrido en el justo castigo por su cobardía al no defender la verdadera fe católica.
  
   
El arzobispón Vittorio Francesco Viola Mello OFM, descrito como el “gran oponente” de la Nueva Misa Latina de 1962.
Si León XIV Riggitano-Prévost no ratifica al cardenal Arthur Roche como Prefecto del Dicasterio de Liturgia, su secretario, Viola Mello, es el siguiente en la fila.
 
«El cardenal Arthur Roche, designado por el pseudopapa Francisco Bergoglio y ratificado por León XIV Riggitano-Prévost como Prefecto del Dicasterio para el Culto Divino de la Pseudoiglesia, es un firme defensor del decreto bergogliano de 2021 “Traditiónis custódes”, que limita severamente el uso de la Nueva Mesa Latina de 1962, inventada por el presbítero masón Aníbal Bugnini Ranieri CM para servir como un trampolín muy temporal hacia la Protestante-Masónico-Pagana Misa Novus Ordo de 1969, la Misa ordinaria de la Antiiglesia hasta el día de hoy.

Roche, quien ya cumplió 75 años, completó su mandato de cinco años el 27 de Mayo de 2025. El arzobispón Vittorio Francisco Viola Mello OFM, secretario, un hombre desagradable e igualmente hostil a la Nueva Misa Latina, completará su mandato de cinco años en la misma fecha, pero solo tiene 60 años (los cumplió el 27 de Octubre). Es probable que Riggitano-Prévost designe a Roche para un segundo mandato, pero si por alguna razón esto no sucede, su joven secretario Viola será el siguiente en la sucesión.

En todo caso, es un completo desastre para los neoconservadores neoiglesianos vendidos que buscan comprometerse con la corrupta Nueva Iglesia Latina de 1962. A estas alturas, es evidente que Riggitano-Prévost, Roche y Viola se dedican a imponer severas limitaciones e incluso a eliminar la Nueva Misa Latina. Afortunadamente, existen varios obispos, sacerdotes y iglesias, capillas y oratorios católicos tradicionales auténticos que se han mantenido valientemente independientes de la apóstata Iglesia Sinodal Novusordita, que, sin duda alguna, NO es la Iglesia Católica» [Petrus Románus, corresponsal de TRADITIO en Roma].

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