viernes, 24 de diciembre de 2021

OTRO ASALTO DE LA PELEA PELL Vs. BECCIU


El cardenal George Pell no está seguro de si hubo personal de la Iglesia conciliar que en retalación por sus medidas como Secretario para la Economía contra la corrupción financiera en el Vaticano haya participado en la promoción de las falsas acusaciones de “abuso” contra él que causaron su encarcelamiento, dijo a María Montserrat “Montse” Alvarado el 18 de Diciembre en la sección de entrevistas “On the Record” del programa EWTN News In Depth.
    
Subrayó que 2,3 millones de dólares australianos (1,5 millones de euros) salieron de la Secretaría de Estado del Vaticano hacia Australia, y dijo: “Tengo una pregunta para el cardenal Becciu: ¿Nos dirá para qué fue el dinero?”. El cardenal Giovanni Angelo Becciu (que fue Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado entre 2011 y 2018) dijo sobre esa suma que “no era asunto de Pell” saber a dónde fue a parar.
   
Alberto Perlasca, el principal testigo de la acusación en el juicio de Becciu (aplazado hasta mediados de Febrero de 2022), dijo a los fiscales que el dinero se envió a los obispos australianos para los gastos legales de Pell. Sin embargo, estos le dijeron a Pell por escrito que no habían recibido ningún dinero, ni tampoco Pell, de ahí que quiere saber qué se hizo el dinero, y espera que “el Vaticano no haya participado en la promoción de artículos hostiles contra mí”.
   
En cuanto a las reformas financieras del Vaticano, Pell dice que “la mayor parte de la corrupción, si no toda, ha sido eliminada”. Y añade: “Espero que así sea”. Ahora, el problema del Vaticano es para Pell que se está quedando sin dinero.
   
En respuesta, Becciu publicó a conocer a través de su abogado Fabio Viglione en AdnKronos una carta abierta de 500 palabras el 22 de Diciembre, diciendo que no tiene nada que decir al respecto: “no responderé a ninguna de sus reconstrucciones, cuya falta de fundamento es manifiesta”, pero esto no es cierto.
   
Se esconde tras los contraataques y la confidencialidad, y apelando a “la inminencia de la Navidad” y a “la dignidad cardenalicia”, califica la legítima pregunta de Pell de “provocaciones públicas, poco comprendidas por nuestros fieles y por quienes esperarían una actitud muy diferente de los hombres de Iglesia”.
   
Justifica su no respuesta con la afirmación de que el asunto es “exigente y ciertamente confidencial”.

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