sábado, 25 de diciembre de 2021

DESAGRAVIOS AL NIÑO JESÚS POR LO QUE PADECIÓ EN EL PORTAL DE BELÉN

Devoción dispuesta por el Lic. D. Nicolás de Espíndola, sacerdote del Arzobispado de México, en 1700, y publicada por Juan Antonio de Santa Rosa a devoción del Real Convento de Jesús María de dicha ciudad. Reimpresa en México por D. José de Jauregui en 1774.
    
ADVERTENCIAS
Aunque estos desagravios se comienzan en la preparación de los Jueves de Adviento, para finalizarlos el día 7 de febrero, podrán hacerlo las devotas almas también, todos los jueves de cada semana y finalizarlos en la Pascua del Espíritu Santo.
    
EJERCICIOS DE DESAGRAVIOS Y TIERNAS MEMORIAS DE LO QUE PADECIÓ LA NOCHE DE SU SAGRADO NACIMIENTO NUESTRO AMANTÍSIMO JESÚS EN EL PESEBRE Y PORTAL DE BELÉN
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN
Dulcísimo Jesús mío, Esposo mío, bien de mi alma y gloria mía, que el amor que me tienes te hizo bajar del cielo a tierra: Oh Señor, me pesa de haber ofendido tu bondad infinita, con tantas y tan enormes culpas, las cuales detesto, y quisiera desagraviarte aborreciéndolas, por ser ofensas tuyas. ¡Oh, y cómo quisiera darte mi corazón, desecho en lágrimas de sangre, con el dolor de haberte ofendido y abrasado en aquel amor con que te aman tus Serafines! Y porque te amo, Dueño mío, más que a mi alma, y a mi vida, quiero, y propongo con todo mi corazón, no pecar más: confío de tu gran misericordia, me has de perdonar todos mis pecados, y dar gracia para llorarlos. Así sea, Amor mío, por los merecimientos de tu Pasión, y Muerte, y los de tu Santísima Madre, mi Señora. Amén.
    
Se cantará esta invocación
   
CANTO
Sumo Rey de las alturas,
que como Esposo adoramos,
pues en tu preferencia estamos
tus míseras criaturas,
Dales gracia a nuestros labios,
Para que sea vida mía,
el Rosario de María,
parte de tus desagravios.
   
PRIMER MISTERIO
Oh Dulcísimo Jesús mío, que, caminando en aquel Carro Triunfal que labraste para tu habitación y morada del Purísimo y Virginal vientre de María Santísima, desde Nazaret a Belén, tuviste muy presente aquel calabozo obscuro de Caifás, que mis culpas te habían de purgar para tu morada en esa noche del Jueves de Pasión, donde con lagrimas de sangre, lloraste nuestra ingratitud y malicia. Yo te ofrezco estas oraciones, en desagravio de aquellos desprecios que tu Santísima Madre recibía en aquel viaje y su Santísimo Esposo José, echándoles del camino los que pasaban, por verlos pobres y humildes. Porque, te suplico, me apartes de los caminos errados de mi perdición, encaminando mis pasos por la estrecha senda de tus mandamientos, y guarda de la ley para caminar al Belén de tu eterna gloria. Amén.
   
Padre nuestro, diez Avemarías y Gloria…
    
CANTO
Dulce Jesús, buen Pastor
Haz, para que te agrademos,
Que tus siervos caminemos
Por la senda de tu amor.
Nuestras obras, encamina,
Divino y manso Cordero,
Al camino verdadero
De tu voluntad Divina.
   
SEGUNDO MISTERIO
Oh Dulcísimo y Amantísimo Jesús, que en aquella peregrinación y viaje que hiciste en las Purísimas Entrañas de tu Santísima Madre, hasta llegar a Belén, llegabas a los mesones a golpear con tus divinas y santas inspiraciones espirituales, la dureza de nuestros corazones, para recibirte y despreciando tus llamamientos, te daba nuestra grosera ingratitud con las puertas en la cara, viéndose forzados tus Santísimos Padres, por la necesidad de no tener donde albergarse, a retirarse entre los campos, buscando el abrigo entre los animales. Yo te ofrezco estas oraciones, en desagravio de aquellas injurias que recibías de aquellos venteros en el vientre de tu Madre. Y te suplico, me des gracia para corresponder a tus Divinas Luces y amorosos llamamientos, abriéndose las puertas de mi corazón, para recibirte en él, y que nos de posada en el Belén de la gloria. Amén.
   
Padre nuestro, diez Avemarías y Gloria…
    
CANTO
Haz que nuestros corazones
sean en tu amor abrazados,
y que obedezcan postrados
Jesús, tus inspiraciones.
Da a nuestras almas aumentos,
De gracias, con que te invoquen,
Cuando a ellas, Esposo, toquen
Tus divinos llamamientos.
   
TERCER MISTERIO
Oh mi adorado Jesús, amor mío de mi alma, que llegando a dar vista a la Ciudad de Belén, entraste en ella a deshonra, viendo a tus Santísimos Padres, buscar posada de puerta en puerta, llamando en hospitales y mesones, y tratándoles de ociosos, vagabundos y molestos. Perdidas las esperanzas del Santísimo Esposo de tu Bendita Madre, desconociéndoles los amigos, deudos y conocidos, sintiendo el Santo Patriarca no tener donde hospedar a la Purísima Reina, temiendo no le cogiera el parto en aquellas calles, y más viéndola tan cansada y fatigada con cinco días de camino, con tantos trabajos, y combatida de los aires, soles, fríos, escarchas y nieves. Yo te ofrezco mi Señor, en desagravio de aquellos agravios, que en aquel Belén recibiste, estas oraciones, y en desagravio de lo que sentiste, viendo cerrados para ti los mesones de nuestros corazones, por estar en ellos hospedados tan desasiento los vicios y pecados: suplicámoste, amado Esposo nuestro, que apartes de nuestras almas, estas bestias infernales de nuestras terrenas inclinaciones, para gozar los frutos de tu venida, gozándote en el Belén de la gloria. Amén.
   
Padre nuestro, diez Avemarías y Gloria…
    
CANTO
¿Posible es, bien de mi vida,
Aunque alto misterio encierra,
Que, el que hizo el Cielo y la tierra
No halle en la tierra acogida?
Pues agravio es como vemos,
Dándonos eterna hermosura,
Una alma impecable y pura,
Para que os desagraviemos.
   
CUARTO MISTERIO
Oh bellísimo Jesús, esposo mío, que no hallando posada en Belén, por humilde que fuese, negándote tus criaturas hasta los zaguanes, no hallando donde reclinar la cabeza, ni aun el más vil y desechado rincón, salisteis a buscar la piedad y caridad entre los brutos, por no hallar entre los hombres, y entraste en aquella humilde choza y palacio de aquella cueva, que el Eterno Padre te había preparado en la tierra, para confundir con tu Santísima Humildad y mansedumbre, nuestra loca vanidad y soberbia, ocupando tu infinita grandeza, posada tan indigna. Yo te ofrezco estas oraciones en desagravio de aquellos desprecios que recibiste en compañía de tus Santísimos Padres, y te suplico, dulcísimo esposo de mi alma, por aquella ultima resignación que tuviste, abrazando aquella suma pobreza, desamparo y desabrigo, me des amor a estas soberanas virtudes, y me hagas verdaderamente humilde, para gozarte en el Belén de tu gloria. Amén.
   
Padre nuestro, diez Avemarías y Gloria…
    
CANTO
Mi Jesús, si las tuviera,
Y dueño de ellas me hallara
Con mil almas te adorara
Con mil viandas te sirviera.
Pero deudas tan crecidas
No podrán satisfacerlas,
Ni mil almas a tenerlas
Ni pagarlas con mil vidas.
   
QUINTO MISTERIO
Oh amantísimo, dulcísimo y Soberano amor mío, mi adorado Esposo Jesús, que estando en aquel palacio humilde y pobre choza de animales, naciste a la media noche entre humildes pajas y heno, tiritando de frío, llorando como Niño lagrimas tiernas, con el rigor del invierno, reclinado en un pesebre, reconociéndote por su hacedor, el buey y la mula, doblando las rodillas, y juntamente fuiste adorado de los Ángeles, pastores y reyes en los brazos de tu Santísima Madre, como en Altar sagrado, celebrando tu Santísimo Nacimiento, y el dichoso y felicísimo Parto de tu purísima y santa Madre, sintiendo ella tu desnudez, y padeciendo tu el intolerable frío de aquella noche. Yo te ofrezco estas oraciones en desagravio del mal recibimiento, que al primer paso te hizo la tierra, y los ingratos corazones de Belén, y te suplico por aquellos purísimos y virginales pechos en que mamaste leche, te dignes de preparar para ti, la morada de nuestros corazones, con la humildad y pobreza, para recibirte en el Divino Sacramento, y el fuego de tu amor consuma y aniquile la paja de nuestras defectuosas faltas, culpas, tibiezas y negligencias, dándonos a todos un corazón purísimo y castísimo, para que a ti solo te amemos y adoremos como verdadero Dios y Divino Esposo nuestro, defiende a nuestra Santa Madre la Iglesia de sus perseguidores enemigos, consumiendo a los herejes, y dándoles luz y conocimiento de la exaltación de tu Santísimo Nombre, pedímoste la conversión de todos los pecadores, que mantengas en gracia a las almas justas y de tu agrado, por el Romano Pontífice N. y demás prelados eclesiásticos y seculares, el alivio y descanso de las Almas Santas del Purgatorio, especialmente de los sacerdotes, la defensa, paz, quietud y conservación de estos y la destrucción de las culpas y cosas que te causan enojos, el consuelo de los agonizantes, y que nos des a no nosotros la luz que necesitamos, para corresponder a las obligaciones de nuestro estado, y hacer en todo tu Santísima Voluntad en esta vida, para verte y gozarte en la eterna. Amén.
   
Padre nuestro, diez Avemarías y Gloria…
    
CANTO
Niño Eterno, Rey de Sión,
A quien en pobrezas tales,
Te diera por pañales
Las telas del corazón.
O si te hiciera en tal calma
Aunque fuera indigno lecho,
Una cuna en mi pecho,
Y un acerico de mi alma.

Aquí se dice la Salve, y luego el Te Deum, y se termina el rezo con la Letanía Lauretana, y se rezan al Santo Esposo San José, siete Padrenuestros y siete Avmarías.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

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