martes, 21 de diciembre de 2021

LA MANIOBRA DE RAMPOLLA EN PRO DE LA VALIDEZ DE LAS ÓRDENES ANGLICANAS

Traducción del artículo publicado en francés por el COMITÉ INTERNACIONAL “Rore Sanctífica”.
 
EL APOYO DEL CARDENAL RAMPOLLA AL PADRE PORTAL, AGENTE DE LOS ANGLICANOS
La carta del 19 de Septiembre de 1894 del cardenal luciferino Rampolla al intrigante padre Fernand Portal, aliado de los anglicanos y de Lord Halifax
  
  
En una publicación que habíamos solicitado en septiembre de 2010, apareció un análisis del CIRS sobre el asunto de la manipulación anglicana del Papa León XIII en 1894-1896 por intermedio del padre lazarista Fernand Portal Lafabrie CM, agente de los Anglicanos a fin de hacer reconocer la validez de sus órdenes. Maniobra que fracasó, publicando el Papa en Septiembre de 1896 la bula Apostólicæ Curæ que declaró sus órdenes inválidas.
   
Aquí está este análisis del Comité respecto al libro «La validez de las ordenaciones anglicanas – los documentos de la comisión preparatoria de la carta “Apostólicæ Curæ”» (Tomo I, 1997, Florencia, Leo S. Olschki Editor – Fontes Archivi Sancti Officii Romani). Hemos producido un resumen respecto a este documento preparado por el Rev. P. André von Gunten OP y editado por el Vaticano en 1997, antes de ser presentado por el Padre Charles Morerod OP en 1998, ya muerto el Rev. P. von Gunten.
   
La intervención de Portal y de Lord Halifax
El padre Fernand Portal Lafabrie, de los sacerdotes de la Misión, y un noble inglés, el vizconde Lindley Wood Halifax, lanzaron hacia 1890, un movimiento que buscaba la reunión con la Iglesia Católica de la Comunión Anglicana. Ellos escogieron por medio el examen de las órdenes anglicanas, porque, según una propuesta del padre Portal a Jean Guitton, se trataba de una cuestión de hecho (y no de derecho como la cuestión de la jurisdicción pontifical) y, decía el padre, «pensamos que los nuevos elementos de información e interpretación eran susceptibles de cambiar la práctica romana».
   
Según el Rev. P. von Gunten, el padre Portal se dedicó a «suscitar el interés de los sacerdotes católicos sobre el tema en cuestió ».
  
La posición de los Anglicanos
«La correspondencia entre F. Portal y Lord Halifax, a partir de la segunda mitad de 1891, está llena de alusiones a la cuestión de la valide, de las órdenes anglicanas; el lazarista insiste con su amigo para que este redacte una memoria que explique la posición de los anglicanos. La iniciativa de Portal no tuvo un suceso inmediato. La lectura de una obra sobre el Concilio Vaticano, debida a la pluma de Mons. Eugenio Cecconi, dio ocasión al sacerdote francés de volver a la carga. El libro en cuestión cita un pasaje de Gerard Cobb: «Nosotros declaramos poseer pruebas auténticas más que suficientes para hacer cesar este veredicto respecto de las ordenaciones. ¿Qué hemos hecho para poner estas pruebas a la vista de nuestros adversarios y obtener que ellos modifiquen su juicio?Nosotros los anglicanos no hemos conservado el ministerio apostólico. He aquí en qué consistía el veredicto de los católicos».
   
En su carta Portal dirige la pregunta de Cobb al Lord inglés: «¿Habéis hecho alguna cosa para poner estas pruebas a la vista de vuestros adversarios?». Y el lazarista va más allá: «Vuestra Iglesia debería publicar, si no de una manera oficial, al menos por órgano de alguno de vuestros mejores teólogos, una tesis estableciendo perentoriamente la validez de vuestras ordenaciones».
   
En una carta posterior, F. Portal cita esta observación del arzobispo de Florencia a propósito de la afirmación de Cobb:
‘Todos los católicos, y, no temo afirmarlo, la misma Santa Sede, estarían felices de ver iniciar una seria y leal discusión sobre una materia donde el Sr. Cobb muestra tanta seguridad; eso sería un avance precioso para la ciencia histórica, y, lo que vale más, para la salvación de las almas, porque pondría fin a una controversia histórico-dogmática abierta hace tres siglos: entonces todo anglicano de buena fe, todo ministro de este culto no tardaría en tomar una determinación, no conforme a la opinión de los que piensan como el Sr. Cobb, sino totalmente de acuerdo con la verdad. Que los anglicanos produzcan pues las pruebas auténticas (documentary evidence) más que suficientes para hacer casar el veredicto tradicional emitido contra la validez de sus Ordenaciones’.
Esta nueva intervención de F. Portal no fue absolutamente vana. Se avizoraba una esperanza: «Yo creo, señala Halifax, que el Obispo (de Salisbury) escribirá él mismo alguna cosa que tratará la cuestión de la materia y la forma del sacramento».
   
Respuesta de Portal: «Yo ansío que el Obispo de Salisbury y tus amigos hagan pronto aparecer una sólida demostración de la validez de vuestras órdenes».
   
De hecho, el 11 de Julio de 1894, se compuso una obra sobre la validez de las ordenaciones anglicanas y su traducción latina estaba casi acabada. Este trabajo [De Hierarchía Anglicána, N. del T.] era la obra de Edward Denny y Thomas Alexander Lacey. Fue publicada en 1895, con un prefacio del Obispo de de Salisbury, John Wordsworth.
 
Fue publicado bajo los auspicios de la English Church Union cuyo presidente fue Lord Halifax.
   
Portal, que había insistido en la necesidad de elaborar una defensa de las ordenaciones anglicanas, escribió tres artículos reunidos en forma de fascículo bajo el título: Les ordinations anglicanes (Las ordenaciones anglicanas). El opúsculo, del que se hará cuestión más adelante, salió a la prensa en Febrero de 1894. El lazarista francés se benefició de la erudición de un religioso anglicano: el padre Frederick William Puller, miembro de la Sociedad de San Juan Evangelista (S. S. J. E.).
   
Así el anhelo de F. Portal: hacer conocer las razones que establecían, según los anglicanos, la validez de las ordenaciones anglicanas, se realizó en parte.
  
Evidentemente, también fracasó en atraer la atención de los teólogos católicos. El opúsculo al que se refería sirvió igualmente a este fin» [págs. 21-24].
  
El padre Portal y las «ordenaciones anglicanas»
En su opúsculo Les ordinations anglicanes, F. Portal, bajo el pseudónimo de Dalbus [creado a partir del apellido de su abuela materna, Rosa Albus, N. del T.], examina tres aspectos de la cuestión: El rito del Ordinal. Tomado en sí mismo parece ser suficiente. La consagración de [Matthew] Parker debía ser tomada como cierta. Se podría, como mucho, emitir una duda sobre la intención del consagrante, [William] Barlow. Queda un tercer punto. En la ordenación sacerdotal, los anglicanos suprimieron la entrega de los instrumentos. Esta omisión permite a Dalbus concluir la invalidez de las ordenaciones anglicanas.
   
La argumentación era original. Y, como señaló Auguste Marie Boudinhon, «si el Sr. Dalbus, publicando su artículo sobre las ordenaciones anglicanas, se propuso sobre todo atraer la atención de los católicos franceses sobre esta importante cuestión, habría que reconocer que lo consiguió plenamente. El movimiento de opinión, suscitado en circunstancias particularmente favorables, se desarrolló rápidamente».
   
De hecho, el profesor Louis Duchesne escribió una reseña favorable sobre este opúsculo en el «Bulletin critique». En una carta enviada a su autor, él dice: 
«Contigo, yo creo que no se puede contestar el carácter episcopal de Parker y de Barlow; contigo, admito que el ritual anglicano es de suyo suficiente. Pero yo veo más allá, y, de estas dos premisas, deduzco la validez de las ordenaciones anglicanas. Todo lo que se objeta respecto a las intenciones no tiene valor. En todo tiempo ha habido sacerdotes y obispos heréticos, o incluso incrédulos, si se midiese en sus creencias secretas o declaradas, el valor de sus actos eclesiásticos, no se tendría ninguna seguridad».
Así presenciamos una acción combinada entre el padre Portal y Lord Halifax para «abrir un debate» en el seno de los teólogos católicos sobre una cuestión por la cual la Iglesia jamás hasta entonces varió en su práctica: la invalidez de las órdenes anglicanas.
   
En resumen, a partir de la segunda mitad de 1891, el padre Portal, basándose en una cita de Gerard Cobb (en una obra de Mons. Eugenio Cecconi, arzobispo de Florencia, sobre el Vaticano I) pretendía disponer de nuevos elementos sobre el tema, mientras Lord Halifax a producir los elementos. Lord Halifax, en realidad de acuerdo con el padre Portal sobre el objetivo, parece intentar hacer mover al partido anglicano. El arzobispo de Florencia que había anhelado un debate esperaba un reconocimiento por los anglicanos de la invalidez de sus propias ordenaciones. El 3 de Febrero de 1892, el padre Portal escribió de nuevo a Lord Halifax que esta vez actúen. Le anuncia que el obispo anglicano de Salisbury va a producir una demostración. Este documento, publicado bajo los auspicios de la English Church Union, de la cual Lord Halifax es el presidente, salió el 11 de Julio de 1894, seguido de su traducción latina.
   
Paralelamente, el padre Portal redacta un opúsculo de tres artículos, Les ordinations anglicanes, bajo el pseudónimo de Dalbus. Aparece en Francia, en «La science catholique» entre el 15 de Diciembre de 1893 y el 15 de Enero de 1894, antes de ser editado en Febrero de 1894.
   
¿Cómo comprender la maniobra clerical? En este opúsculo, el padre Portal concluye en la suficiencia del rito anglicano del Ordinal, sin hallar defecto en la entrega de los instrumentos. Reconoce también el carácter episcopal de Barlow y Parker.
   
Así, la razón que invoca para la invalidez no es sino una. Recuérdese que en Sacraméntum Órdinis en 1947, Pío XII no consideró que la entrega de los instrumentos haga parte de la forma esencial del rito de ordenación presbiteral.
   
También, bajo un pseudónimo, el padre Portal defiende la invalidez, contra la cual él actúa bajo su verdadero nombre en la actividad de producir las pruebas contrarias por la parte anglicana y en concierto con Lord Halifax.
   
Y Louis Duchesne, en el número XV del «Bulletin critique» de 1894, produce una reseña favorable, y en una carta al padre Portal deja a un lado este contraargumento de la entrega de los instrumentos, para concluir en la validez del rito anglicano.
   
Auguste Marie Boundinhon, profesor de derecho canónico en el Instituto Católico de París, pasará al tamiz el artículo del padre Portal, en su Estudio teológico sobre las ordenaciones anglicanas (París, 1895). Él concluye la invalidez del rito anglicano, y descarta el argumento de la invalidez presentado por el padre Portal respecto de la entrega de los instrumentos, porque este último punto no hace parte de la forma esencial de la ordenación presbiteral.
   
El Rev. P. von Gunten no da las razones presentadas por Boudinhon para concluir la invalidez de los ritos anglicanos, y desmentir al padre Portal. Por el contrario, él juega en los términos que utiliza A. M. Boudinhon para plantear el problema, a fin de plantear las premisas un debate ulterior que le permitirá separar la concepción católica de la invalidez de una concepción de invalidez en absoluto. Se ve aquí asomar una intención ecuménica del Rev. P. von Gunten que no es inocente.
  
Un anglicano convertido, devenido benedictino con el nombre de de Dom Bede Camm, publicó en «La Revue bénédictine» de 1894 y de 1895 artículos que retoman los textos de Dalbus, de Duchesne, de A. M. Boudinhon y los artículos del padre Montevis en «Le Nouveau moniteur de Rome». Él recuerda la posición de la Iglesia en favor de la nulidad de las ordenaciones anglicanas.
   
En la misma época tuvo lugar, precisamente en Septiembre de 1894, el congreso de los veterocatólicos en Róterdam donde los anglicanos están presentes y donde se repite la nulidad de sus ordenaciones.
   
Comentando en 1894 una afirmación del cardenal Herbert Vaughan, el obispo anglicano de Sodor y Man afirmará claramente y sin reticencia que de 300 años en adelante, la Iglesia de Inglaterra rechazó la noción que el presbiterado deba ser considerado como una orden de sacerdotes sacrificantes, y «ha cesado de propósito deliberado ordenarlos como tal». Como se trata de una premisa en el razonamiento del cardenal Vaughan, el obispo anglicano la aprobó, pero no la pone en sus conclusiones. Dom Camm señala que «naturalmente las gentes de la Iglesia Alta se inquietan poco de lo que sus obispos puedan decir». El Rev. P. von Gunten toma argumento de esta observación para introducir un comentario sobre las divergencias que existen entre la corriente ritualista y la opinión tradicional.
  
Dom Camm deplora igualmente que A. M. Boudhinon haya aceptado las fuentes históricas del padre Portal (Dalbus) sin verificarlas, y juzga el trabajo del padre: «Esto es muy perjudicial, porque estas fuentes están lejos de ser puras». Él cita cada uno de los errores del padre Portal. El Rev. P. von Gunten no los menciona aquí.
 
El padre François Tournebize SJ retomará esta cuestión y mostrará los errores del padre Portal (Dalbus), concluyendo la ausencia del sacerdocio en los anglicanos.
  
Ya los teólogos católicos ingleses habían publicado sobre estos temas: Edgar Edmund Estcourt, The question of anglican ordinations discussed (381 páginas de texto y 116 páginas de documentos); Arthur Wollaston Hutton, The anglican ministry. Its nature and value in relation to the catholic Priesthood (550 páginas. El cardenal Newman compuso el prefacio, pp. v-xvi).
   
El estudio del padre Portal (Dalbus) será enseguida retomado por Sydney Smith SJ en la revista «The Month» (1894), después en la obra Reasons for rejecting anglican orders, Londres, 1896. James Moyes hace publicar una serie de artículos en «The Tablet» (9 de Febrero de 1895) sobre las ordenaciones anglicanas. Él cita en más de una ocasión la obra del padre Portal (F. Dalbus).
  
Fundada en 1895 por el padre Portal, la revista «Anglo-Romaine», publica en su primer número el estudio Les ordinations anglicanes et le sacrifice de la Messe, par Frederick William Puller, que pertenecía a la Sociedad anglicana de San Juan Evangelista. Considera que «Un sacramento es nulo si el ministro tiene la intención positiva de excluir un elemento necesario del sacramento». «Ahora, para las ordenaciones anglicanas, el ministro tiene, o al menos ha tenido, en principio, la intención positiva de excluir un efecto necesario: el poder de sacrificar», expica el teólogo anglicano que las decisiones del Concilio de Trento no fueron autorizadas y promulgadas hasta la sesión XXII que se realizó el 17 de Septiembre de 1562, y que antes de esa fecha, otra concepción era posible. Según él, ese fue el caso de Thomas Cranmer, de quien dice que sobre todo había querido enfrentar las opiniones «erróneas y exageradas» sobre la cuestión del sacrificio. Él concluye que los reformadores ingleses rechazaron totalmente la idea del sacrificio en la eucaristía, pero que se oponían a ciertas doctrinas que circulaban en Europa sobre este sacrificio. Esta posición será objeto de varias precisiones en la misma revista Anglo-Romaine, entre ellas la de Michel Alfred Vacant: Albert le Grand est-il l’auteur des trente-deux discours sur l’eucharistie qui lui sont attribués? [Alberto Magno es el autor de los treinta y dos discursos sobre la Eucaristía que le son atribuidos?] (1896), después Antoine Marie Dummermuth OP, Exposé d’un texte attribué au bienheureux Albert le Grand [Exposición de un texto atribuido al beato Alberto Magno], «Revue Anglo-Romaine» (1896), después Nicolas Paulus, Une  prétendue ‘doctrine monstrueuse’ sur le sacrifice de la Messe [Una pretendida ‘doctrina monstruosa’ sobre el sacrificio de la Misa], «Revue Anglo-Romaine» (1896).
   
Pietro Gasparri, que participará en la comisión de León XIII, volverá en esta tesis de Puller en 1895 (Del valor de las ordenaciones anglicanas, París).
   
Luego Puller estará presente en Roma, mientras se reunía la comisión de León XIII, reencontrándose en en ese momento con P. Gasparri, miembro de la Commisión.
    
Según el Rev. P. von Gunten, el padre Portal, consciente de haber llegado a ponerse en marcha las reaciones entre los teólogos, desea enseguida interesar a León XIII en este asunto, a fin de llegar a un resultado concreto.
   
Respecto de la revista Anglo-Romaine, nótese que ella fue fundada en 1895 por Portal. En la intención de su autor, ella debía contribuir a establecer la unión en cuerpo de la iglesia anglicana con la Iglesia católica, como lo subraya Portal en la introducción donde evocó igualmente la cuestión de las órdenes anglicanas (tomo I, 1895, pág. 8). Aparte de los artículos mencionados aquí, varios otros trataron también este tema. Subrayemos este pasaje del discurso de Lord Halifax, pronunciado en el encuentro de la English Church Union, el 20 de Abril de 1896:
« por todas estas razones, hemos estado dichosos de ver que la cuestión ha sido suscitada como lo fue en Francia y presentada nuevamente en Roma. ¿Quién puede dudar que si, como consecuencia de una completa exposición de hechos, la Iglesia Romana llegue a reconocer la injusticia de la que es culpable, y admitir la validez de nuestras órdenes, un gran obstáculo a la reunión, sea finalmente superado? Este es pues como un medio de lograr este fin, la reunión de la cristiandad, fin que el Papa desea, y nada más porque nosotros tenemos algunas dudas, aun las más ligeras, en cuanto a la validez de las órdenes de la Iglesia de Inglaterra o porque nosotros demandamos un reconocimiento de parte de Roma para asegurar nuestra completa seguridad de su perfecta validez, que la cuestión de las órdenes anglicanas sea suscitada en Francia y que actualmente está en discusión en Roma».
Por medio de contactos romanos, el padre Portal se reunió el 12 de Septiembre de 1894 se reunió con el Papa León XIII. Él abordó la unión de la Iglesia Católica con la secta anglicana y la invalidez de las órdenes anglicanas. El padre Portal llega hasta a sugerir a León XIII que escriba una carta privada y secreta a los arzobispos de York y de Canterbury, invitándolos a trabajar con él para la unión de las Iglesias.
   
Tres días más tarde, el cardenal Rampolla, secretario de Estado, anunció a Portal que «el Papa quería encargar al padre Duchesne de hacer una obra sobre vuestras [N. de R.: de loss anglicanos] ordenaciones».
   
Recordemos que el padre Duchesne ya se había pronunciado positivamente sobre la cuestión de la validez en el Bulletin critique en reacción a la obra que el padre Portal escribió bajo el pseudónimo de F. Dalbus. Pronto el padre Portal divulgó la noticia. El arzobispo de Canterbury escribió a Lord Halifax, el 15 de Octubre de 1895: «Portal agregó que él tenía más alta autoridad que Duchesne (cuyas ideas son conocidos) para verse confiar la redacción de una obra completa sobre la cuestión». Por su parte, Duchesne hizo parte de su misión después del anglicano T. A. Lacey, autor de De Hierarchía. El trabajo de Louis Duchesne terminó el 8 de Diciembre de 1895, llegando a León XIII el 7 de Enero de 1896.
   
COMITÉ INTERNACIONAL Rore Sanctífica.
   
ANEXO: Facsímil de la carta del cardenal satanista Rampolla y del comentario del padre Portal (Revue Anglo-Romaine, tomo I, n.º 9. París, 1 de Febrero de 1896, págs. 392-394).
  
   
  
TRADUCCIÓN
Carta de S. E. el cardenal Rampolla a M. Portal, sacerdote de la Misión, profesor en el Seminario Mayor de Cahors (autor de Las Ordenaciones Anglicanas)
  
Roma, 19 de Septiembre de 1894,
  
Reverendo Sr.,
  
Has sido bien ambale pensar en ofrecerme el opúsculo sobre las ordenaciones anglicanas publicado poco después que bajo el nombre de Dalbus, y has dado vuestro don mucho más agradable que lo has acompañado de noticias muy interesantes relativamente a la cultura teológica y a las disposiciones actuales de los miembros más destacados de la Iglesia anglicana, los cuales, como dices, hacen votos por la unión suspirada con impaciencia por el día en que todos los que creen en la redención se unan como hermanos en una sola comunión.
    
Estoy dichoso de decirte que, a pesar de las graves ocupaciones de mi cargo, he leído con mucho interés esta obra, de la cual se habló mucho. Y debo declarar que he sentido un gran placer en ver una cuestión tan delicada tratada con una serena imparcialidad de juicio y en un espíritu únicamente llevado a hacer resplandecer la verdad en la caridad.
    
Aunque absteniéndome de entrar en la misma cuestión, no me es posible no aprobar la conclusión del autor, puesto que ella es enteramente conforme a los sentimientos expresados por el Santo Padre en su carta apostólica dirigida a los príncipes y a los pueblos del universo.
   
Dalbus creía que el movimiento intelectual comenzado en Oxford y que se va desarrollando en la comunión anglicana entre los hombres de un espíritu elevado, muy eruditos en la ciencia de las antigüedades, de las cristiandades y buscadores leales de la verdad, hará desaparecer finalmente los viejos prejuicios, y las sombras sean disipadas, volverá a la unidad visible de la Iglesia de Jesucristo la hija de Roma, la noble raza de los ingleses, que Gregorio Magno inició por el bautismo en la vida cristiana y política. Por allá, el pueblo inglés devendrá completamente digno de los altos destinos que la Providencia les ha reservado.
   
No puede elevarse ninguna duda sobre la bienvenida afectusa que esta nación encontrará pronto de su antigua madre y maestra, si este feliz regreso se produce; porque nada sabría igualar el ardor con el cual el Soberano Pontífice que actualmente gobierna la Iglesia de Dios, desea restablecer la paz y la unidad en la gran familia cristiana, y reunir como en un solo haz todas las fuerzas del cristianismo para oponerlas eficazmente al torrente de impiedad y de corrupción que al día de hoy se desborda en todas partes. Ciertamente, Su Santidad no escatima ningún trabajo, ni solicitud ni esfuerzo para allanar el camino, para llevar, donde sea necesario,la luz, fortificar las voluntades que, amando el bien que ellas conocen, no sabrían aún resolverse a abrazar.
   
De poderse, un intercambio amical de ideas y un estudio más dedicado y más a profundidad de las antiguas creencias y prácticas de culto sería más útil para preparar el camino a esta unión tan deseada. Todo esto deberá hacerse sin ninguna mezcla de amargura y de recriminación o preocupación de interés terrestre, teniéndose en una esfera donde se respiraría únicamente el espíritu de humildad y de caridad cristiana, y un sincero deseo de paz y de ferviente amor por la obra inmortal del Amor de un Dios que oró para que todos los suyos sean una sola cosa en él y no dudó en cimentar esta unión de toda su sangre.
   
Que los miembros de la comunión anglicana tengan la convicción, fuerte y profunda, como debe ser, que la unidad de la Iglesia es la voluntad expresa de Jesucristo, que las divisiones y la variedad de las creencias religiosas son el origen de un estado de cosas que repugna a la razón y disgusta a Dios, y que los que concurren a mantener un estado semejante de cosas se hacen culpables ante Dios y la sociedad de privarlos del más grande bien, y la esperanza del retorno de Inglaterra al centro único de la unidad no será vano.
   
«Una nación, como dijo Bossuet, una nación tan sabia, no morará mucho tiempo en este deslumbramiento: el respetoque ella observa por los Padres, y sus curiosas y continuas investigaciones de la antigüedad la condujeron a la doctrina de los primeros siglos. Yo no puedo creer que ella persista en el odio que ha concebido contra la cátedra de Pedro, de la que recibió el cristianismo». ¡Quiera Dios que estas palabras de un hombre ilustre hayan sido proféticas! Y se podría agregar ahora, después de los siglos que, ciudadanos de un país libre, los ingleses no pueden no desear que el reino de la justicia, el orden y de la paz se restablezca en todo el universo, y tal es justamente el voto muy ardiente del soberano Pontífice León XIII. Pueda este voto, acogido con fervor y secundado con la sinceridad, mostrar la aurora de un renacimiento religioso general, del que la sociedad moderna tiene una gran necesidad, y ponga a la nación inglesa a la cabeza de este saludable regreso del mundo a la vida cristiana.
   
Recibe, reverendo señor, mis agradecimientos por tu gracioso envío del artículo, con la seguridad de mi distinguida estima,
    
Mariano cardenal Rampolla
   
Esta carta me fue entregada en Roma, donde yo había sido llamado, el 19 de Septiembre de 1894. No la publiqué enseguida, aunque estuve autorizado, por razones personales, y más tarde por estas mismas razones no publiqué sino una parte. Actualmente, no existen más estas razones.
   
No es necesario hacer resaltar la importancia de esta carta. Ahora tengo que señalar la siguiente parte a la atención de los lectores: «De poderse, un intercambio amical de ideas y un estudio más dedicado y más a profundidad de las antiguas creencias y prácticas de culto sería más útil para preparar el camino a esta unión tan deseada. Todo esto deberá hacerse sin ninguna mezcla de amargura y de recriminación o preocupación de interés terrestre, teniéndose en una esfera donde se respiraría únicamente el espíritu de humildad y de caridad cristiana, y un sincero deseo de paz y de ferviente amor por la obra inmortal del Amor de un Dios que oró para que todos los suyos sean una sola cosa en él y no dudó en cimentar esta unión de toda su sangre».
   
Este intercambio amical de ideas, en otras palabras, estas conferencias hechas en un espíritu cristiano y sobre las bases antiguas de las creencias tendrán lugar cuando las autoridades de la Iglesia Anglicana tengan a bien consentir.
  
Fernand Portal

La carta de Rampolla (que era miembro de la sociedad secreta Ordo Templi Oriéntis) a Portal (sacerdote intrigante, relé de los anglicanos y de Lord Halifax –este último muy cercano a la Corona británica– en el seno de la Iglesia, amigo de Teilhard de Chardin, consejero de Georges Clemenceau y padre espiritual de Jean Guitton e Yves Congar) es digna de ser analizada como parte del proyecto de demolición que los enemigos de la Iglesia han urdido valiéndose precisamente de clérigos apóstatas y modernistas.
     
Rampolla decía en 1895: 
«el movimiento intelectual comenzado en Oxford y que se va desarrollando en la comunión anglicana entre los hombres de un espíritu elevado, muy eruditos en la ciencia de las antigüedades, de las cristiandades y buscadores leales de la verdad, hará desaparecer finalmente los viejos prejuicios, y las sombras sean disipadas, volverá a la unidad visible de la Iglesia de Jesucristo la hija de Roma, la noble raza de los ingleses».
Los “viejos prejuicios” son las exigencias de la teología católica que rechaza como falsa la subversión litúrgica anglicana, y las “sombras [que deben disiparse]” son las condenas de los Soberanos Pontífices y los teólogos que preservaron la pureza de la Fe Católica contra el protestantismo. 
 
Agrega renglones después que el Papa deseaba «reunir como en un solo haz todas las fuerzas del cristianismo para oponerlas eficazmente al torrente de impiedad y de corrupción que al día de hoy se desborda en todas partes». A casi siglo y medio, cuando el Vaticano modernista llamaba a los ortodoxos y los anglicanos moderados a unirse al «combate pro-vida» o a la lucha contra «el relativismo y la secularización de Europa», ese es el argumento más socorrido.
   
Por otra parte, ¡Rampolla anhelaba un «renacimiento religioso general» con «la nación inglesa a la cabeza de este saludable retorno del mundo a la vida cristiana»! Pero un siglo después, se ve el triunfo de los círculos de influencia anglosajona (el movimiento Round Table, el Real Instituto de Asuntos Internacionales, el Consejo de Relaciones Exteriores, el Club Bilderberg, la Comisión Trilateral, etc.) y el clan Rothschild asentado en Londres, y Benedicto XVI Ratzinger como el realizador más fiel de los planes de Rampolla. Por ejemplo, es sorprendente saber que el lenguaje de la misiva anterior citada es semejante a Anglicanórum Cœ́tibus, donde Ratzinger crea los Ordinariatos Anglicanos (cabe recordar que en su momento Bernard Fellay felicitó con un descaro comparable a la ignorancia o la estupidez la publicación de este –aun cuando Marcel Lefebvre, en su sermón de Lille del 29 de Agosto de 1976, recordó que las órdenes anglicanas fueron declaradas nulas por León XIII–).
   
Así pues, Rampolla, Portal, Gasparri (pupilo de Rampolla, Secretario de Estado de Benedicto XV y Pío XI, y asesino de los Cristeros mexicanos) y Lord Halifax querían que se reconociese la validez (o cuando menos, que se reordenase sub conditióne) del clero anglicano (112 años después, Fellay pedirá lo mismo para el clero conciliar cuando dijo que deben aceptarse a prióri como «probablemente válidas» las ordenaciones en el nuevo rito). Pero sus esperanzas se frustraron, pues Dios en su providencia dispuso lo contrario: Basado en el votum del cardenal Johann Baptist Franzelin Wieser SJ en Marzo de 1875 sobre la forma de ordenación en los coptos, y con la ayuda del cardenal Herbert Vaughan Rolls, León XIII proclamó ex cáthedra y solemnemente que las órdenes anglicanas eran ABSOLUTAMENTE INVÁLIDAS Y SIN EFECTO ALGUNO. Apostólicæ Curæ fue en verdad «una victoria milagrosa, como la de Lepanto, del Sacerdocio sacrificial católico».
   
Rampolla fue vetado en el cónclave de 1903, y separado de la Secretaría de Estado por San Pío X. Al morir, se halló que Rampolla era miembro de la sociedad secreta del Ordo Templi Oriéntis. Portal, en cambio, fundó la Revue Catholique des Églises en 1904, que dirigió hasta que fue separado de la docencia en la Universidad de San Vicente de Paúl en 1908 acusado de modernismo, prohibiéndole publicar y de hablar en público. El 29 de Diciembre de 1918, se hizo consagrar secretamente obispo por el obispo caldeo Mar Antonio Lefébvre, y nuevamente el 7 de Noviembre de 1920 por el patriarca de Babilonia de los Caldeos Mar José VI Manuel II Tomás, con la asistencia de Mar Antonio Lefebvre. En 1925, Fernand Portal (Mar Santiago) fue co-consagrante con Edward Robert Smith y Mar Antonio Lefebvre del episcopaliano Arthur Wolfort Brooks (Mar Juan Manuel), fundador de la Iglesia Episcopal Apostólica y de la Iglesia Ortodoxa Veterocatólica en Inglaterra. Entre tanto, participó en las conversaciones de Malinas iniciadas por el cardenal Mercier hasta su muerte en 1926.
   
COMO SE VE, LA IDEA DE RECONOCER LA VALIDEZ DE LAS ÓRDENES ANGLICANAS VENÍA DE MUCHO ANTES DEL GRUPO DE MALINAS Y SU PROPUESTA DE REVISAR Apostólicæ Curæ: VENÍA DE UNA JERARQUÍA INFILTRADA POR LA MASONERÍA.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
21 de Diciembre de 2021 (Año Mariano “Espada de Lepanto”).
Martes de la IV Semana de Adviento Romano (VI de Adviento Ambrosiano e Hispano). Día 5.º de las “Antífonas de la O”. Fiesta de Santo Tomás Apóstol; de San Miqueas Profeta; de San Severino de Tréveris, Obispo y Confesor; y del Beato Domingo Spadafora OP, Sacerdote y Confesor. Nacimiento de Santo Tomás Becket, Arzobispo de Canterbury y Mártir de la Fe. Tránsito de Recaredo, Rey de la Hispania Goda; y de San Pedro Canisio SJ, Sacerdote, Segundo Apóstol de Alemania y Doctor de la Iglesia. Aniversario de la Batalla de Linuesa. Hallazgo de la imagen de la Virgen del Mar en la playa de Torregarcía (Almería).

7 comentarios:

  1. Menos mal que fue vetado.
    Con los cardenales reunidos en la Capilla Sixtina, la atención se centró en el cardenal Mariano Rampolla del Tindaro, el secretario de Estado de León XIII. Rampolla fue visto como el papable más importante. Como era de esperar, Rampolla estuvo cerca de ser elegido, pero luego fue vetado en el nombre de Francisco José I, emperador de Austria por Jan Puzyna de Kosielsko, el arzobispo de Cracovia. El veto se pronunció con gran disgusto de los demás cardenales. La razón para el veto no fue establecido, pero podría haber sido debido al apoyo de Rampolla a la Tercera República francesa, mientras fue Secretario de Estado.
    Tres de los principales jefes de Estado católicos reclamaban el derecho de veto: el rey de Francia, el rey de España y el emperador de Austria (este último después de la abolición del Sacro Imperio Romano). Este veto rara vez se ejercía, sin embargo, ninguno de los candidatos contra los que el veto se usó había sido elegido Papa. Antes de 1903, la última tentativa de uso de un derecho de veto se iba a ejercer en el cónclave de 1846, pero el cardenal encargado de emitir el veto había llegado demasiado tarde, encontrando al hombre destinado a veto, anunciado públicamente como el Papa Pío IX.

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    1. Cracovia no fué Metropolitana hasta 1925. Por tanto Jan Puzyna era sólo Obispo.
      Efectivamente, Mariano Rampolla del Tindaro estuvo a punto de ser elegido. Puzyna temblaba de dar a conocer el encargo de Francisco José, emperador de Austría y Rey de Hungría. El motivo: la política filofrancesa del Secretario de Estado de León XIII.
      Pero yo que he estado frente al piadoso sepulcro y monumento del Cardenal Rampolla en la cripta de Santa Cecilia al Trastevere de Roma y conozco su libro sobre Santa Melania la joven, me pregunto: ¿cómo pudo este Cardenal ser masón? No acabo de entenderlo.

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    2. El monumento funerario de Rampolla en la cripta de Santa Cecilia en Trastévere fue simple y llanamente porque él fue cardenal presbítero de este título, y doce días después de firmados los Pactos Lateranenses, sus restos fueron trasladados desde el cementerio de Campo Verano a la basílica de Santa Cecilia.

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  2. Cracovia, aunque políticamente pertenecía al Imperio Austrohúngaro, era una diócesis exenta (sujeta inmediatamente a la Santa Sede) cuando Mons. Jan Puzyna era ordinario de esta. Y el veto tuvo otros motivos aparte de la política filofrancesa de Rampolla (que influyó en el tristemente célebre “ralliement” de León XIII): De parte de Puzyna fue porque el purpurado siciliano era afín a Rusia (quería rusificar la Polonia bajo dominio del Zar aboliendo el idioma polaco y nombrando sacerdotes rusos para las parroquias católicas de la región) y Alemania (tradicional enemigo del emperador-rey Francisco José). Y de parte del emperador, porque Rampolla le negó un funeral al príncipe heredero Rodolfo de Habsburgo (muerto en extrañas circunstancias) y apoyaba al Partido Socialcristiano liderado por Karl Lueger (a quien Francisco José consideraba revolucionario y lo objetó como alcalde de Viena en cinco ocasiones -solo asumió porque León XIII intercedió por él).

    Sobre la filiación masónica (o cuando menos, su afinidad) de Rampolla, algo debía saber Puzyna, toda vez que fue miembro de la Sagrada Congregación del Índice, y también por las investigaciones del canónigo Ernest Jouin, que era un erudito sobre la conspiración judeo-masónica contra la Iglesia Católica (incluso la misma Ordo Templi Oriéntis, en el boletín de Noviembre de 1999 de la Logia de Thelema en Berkeley, California, reconocen que Mons. Jouin acusó a Rampolla de ser miembro de la OTO –ítem, el nombre de Rampolla aparece en el Manifiesto de la OTO de 1912, publicado en el diario masónico “Oriflamme” de Theodor Reuss–). Y un hecho adicional: ¿el cardenal José Melchor Sarto habría aceptado el Papado sabiendo que su elección estaría viciada por una calumnia sobre algo tan grave? Ciertamente no, su humildad y piedad no se lo hubiesen permitido. Pero el desarrollo de los acontecimientos del cónclave fue como fue, y Dios usó como instrumento de su Providencia el veto para que fuese elegido San Pío X (que en su encíclica Pascéndi advierte que incluso entre el clero hay partidarios del error, y sobre todo en E Suprémi Apostolátus –que fue su programa de gobierno–, advierte que la señal del Anticristo es el hombre colocándose en lugar de Dios –de hecho, el lema de la OTO es “Deus est Homo”, “Dios es el Hombre”–).

    Algunos objetan la pertenencia de Rampolla a la masonería porque San Pío X abolió el derecho del veto y porque, lejos de excomulgarlo y reducirlo a laico, le nombró primero en la Fábrica de San Pedro y luego en la Pontificia Comisión Bíblica. En realidad, San Pío X, aunque tuvo sospechas, no podía condenarlo personalmente sin tener pruebas claras de ello (¡cuán distinto es San Pío X a Francisco Bergoglio, que condena a sus súbditos solo porque no le siguen sus exabruptos!). Por otra parte, de continuar existiendo el derecho de veto hoy ¿qué pasaría si el presidente Emmanuel Macron lo ejerciera, alegando que la República era heredera del derecho de la Monarquía borbónica?

    Finalmente, si los enemigos de la Iglesia vieron frustrados sus planes porque Rampolla fue vetado, ellos no se quedaron con las espadas en remojo. Lo volvieron a intentar años después con Montini (como declarara el entonces capellán de la Acción Católica Sergio Pignedolli en 1945 a Mark Winckler, intérprete del italiano para los Estados Mayores de los Aliados en Roma). A tal fin hicieron elegir a Roncalli con el designio de crear cardenal a Montini –que, si bien fue nombrado arzobispo de Milán por Pío XII, no recibió el capelo que lleva anexa la sede ambrosiana– y que este lo sucediera. De resto, las consecuencias las tenemos a la vista.

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    1. Rampolla colaboró con Giacomo Radini-Tedeschi Fantini (obispo de Bérgamo entre 1905 y 1914), que tenía como secretario privado a Roncalli, a quien dedicó sus últimas palabras «Angelo, reza por la paz» y que lo consideró un maestro y modelo en su “pontificado”. Radini-Tedeschi en su momento fue acusado de modernismo, junto a su secretario Roncalli.

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  3. Ay, apreciado y erudito Miles, el veto es un arma de doble filo. Si Franco hubiera vetado a Montini y hubiera salido elegido Antoniutti?

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    1. Hubiésemos visto un trato de favor al Opus Dei quizá mayor al que les dio Wojtyła, toda vez que Ildebrando Antoniutti Comelli era el cardenal protector de “La Obra”: le ordenaba los sacerdotes, los defendía en el Vaticano y consiguió que el Estado Español reconociera civilmente los títulos de la Universidad de Navarra. No es de extrañar pues que José María Escriba y Albás montara en cólera cuando se enteró que Montini (que le negó la autorización de ingreso a Milán) salió electo en el cónclave de 1963 –donde Antoniutti fue un candidato “de compromiso”–, hasta el punto que dijo que los cardenales que votaron por él se condenaron al Infierno (si se hubiese enterado que después del Cónclave Antoniutti abrazó a Montini en señal de amistad, se hubiese infartado enseguida después de mentarle todos sus muertos).

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