domingo, 25 de septiembre de 2022

UN VIAJE QUE FUE PÉRDIDA DE TIEMPO

La rodilla de Francisco Bergoglio (tomadlo con beneficio de inventario, habida cuenta que hay gentes con que no quiere encontrarse, y que también le están haciendo radioterapia tres veces por semana en el Gemelli) es caprichosa cuando se trata de viajes dentro o fuera de Italia: Florencia no, Congo Belga y Sudán del Sur tampoco, Canadá sí, Ucrania/Rusia no, Kazajistán sí, Asís (y luego a Matera, al servicio de clausura del Congreso Eucarístico Nacional) sí. De este último periplo nos ocuparemos un poco:
  
Ayer 24 de Septiembre, Bergoglio fue a Asís para el primer congreso presencial de Economía que lleva su nombre (porque la edición anterior fue virtual) para firmar un llamamiento [sin sentido] a una economía que sea “pacífica”, “justa”, “justa” y “respetuosa de los pobres y del medio ambiente”.
   

Para darle la bienvenida, un grupo de jóvenes realizó una danza interpretativa al son de un violín y acompañada de la lectura de un poema inspirado en el versículo bíblico de Isaías 21:11, Shomèr ma-millailá? (שֹׁמֵר֙ מַה־מִלַּ֔יְלָה, Custos, quid de nocte?, «Centinela, ¿qué ha habido esta noche?») en varios idiomas.
  
Si no puede verse el vídeo, clic aquí.
   
En el discurso, Bergoglio dio una definición satírica de la “buena vida” (o “vivir sabroso”, como dice una vicepresidenta de Colombia):
«La buena vida es ese místico que los pueblos aborígenes nos enseñan a tener en relación con la tierra».
No hay ninguna indicación de que los “pueblos aborígenes” sepan más sobre la “buena vida” que cualquier otra persona.

Bergoglio predicó el miedo al decir que «La situación es tal que no podemos quedarnos esperando a la próxima cumbre internacional: la tierra arde hoy, y hoy debemos cambiar, en todos los niveles» [excepto nuestras vidas], y mezcló el marxismo con la Nueva Era, al decir:
«Si hablamos de transición ecológica pero seguimos en el paradigma económico del siglo XX, que saqueó la tierra y sus recursos naturales, entonces las estrategias que adoptemos siempre serán insuficientes».
Además de profesar y predicar el existencialismo diciendo: «Queridos jóvenes, la realidad es mayor que las ideas: atended a esto», concluyó su discurso (donde –nada raro en él– ni una mención del fin para el que fuimos creados: «Conocer, amar y servir a Dios en esta vida, y gozarle en la eterna») con una oración: 
«Padre, Te pedimos perdón por haber herido gravemente la tierra, por no haber respetado las culturas indígenas, plr no haber estimado y amado los más pobres, por haber creado riqueza sin comunión. Dios viviente, que con tu Espíritu has inspirado el corazón, los brazos y la mente de estos jóvenes les has hecho partir hacia una tierra prometida, mira con benevolencia su generosidad, su amore, su deseo de gastar la vida por un ideal grande. Bendícelos en sus empresas, en sus estudios, en sus sueños; acompáñalos en sus dificultades y en sus sufrimientos, ayúdalos a transformarlos en virtud y sabiduría. Sostén sus deseos de bien y de vida, sostenlos en sus decepciones frente a los malos ejemplos, haz que no se desanimen y continúen en el camino. Tú, cuyo Hijo unigénito se hizo carpintero, dónales la alegría de transformar el mundo con el amor, con el ingenio y con las manos. Amén».
   

Hoy 25, fue a Matera para el XXVII Congreso Eucarístico Nacional, donde presidió el servicio novusordita de clausura. Allí dijo:
«Recordemos esto: el que adora a Dios no se hace esclavo de nadie. Él es libre. Redescubramos la oración de adoración, oración que muchas veces olvidamos, adorar, la oración de adoración, redescubramos. Nos libera y nos devuelve nuestra dignidad de hijos, no de esclavos».
Y hablando de la parábola del rico Epulón y del pobre Lázaro (que, por un lado correspondía hoy a los novusorditas, y por el otro, siendo –siempre entre ellos– la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado), dijo:
«Queridos hermanos y hermanas, es doloroso comprobar que esta parábola sigue formando parte de nuestro presente: las injusticias, las desigualdades, los recursos de la tierra inequitativamente repartidos, el abuso de los poderosos contra los débiles, la indiferencia ante el clamor de los pobres, los abismos que cavamos día a día generando marginación, todas estas cosas no pueden dejarnos indiferentes. Por eso, hoy, juntos, reconozcamos que la Eucaristía es una profecía de un mundo nuevo, es la presencia de Jesús que nos pide que nos comprometamos para que se produzca una conversión efectiva: de la indiferencia a la compasión, del derroche al reparto, del egoísmo al amor, del individualismo a la fraternidad».
Al concluir su homilía diciendo:
«Volvamos al sabor del pan, porque mientras tenemos hambre de amor y de esperanza, o estamos rotos por las fatigas y los sufrimientos de la vida, Jesús se convierte en alimento que nos alimenta y nos sana. Volvamos al gusto por el pan, porque mientras la injusticia y la discriminación de los pobres siguen produciéndose en el mundo, Jesús nos da el Pan de Compartir y nos envía cada día como apóstoles de la fraternidad, la justicia y la paz».
Reiterando lo dicho en el discurso inaugural el día anterior por el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el homosexualista Matteo Maria Zuppi Fumagalli,
«El mundo alimenta la división, el odio, el prejuicio, el sutil y trágicamente violento odio étnico, el discurso de odio y el odio acompasado con las armas nucleares. Este Pan nos ayuda a darle sabor a la vida y a trabajar los grandes campos de nuestro mundo para volver las armas en hoces, para que podamos finalmente construir un mundo de ‘Fratelli tutti’ (Hermanos todos)».
no resulta casual que este XXVII Congreso Eucarístico Nacional italiano se haya hecho en Matera (conocida como “la ciudad del pan”) y llevase por título “Volver al gusto del pan. Por una Iglesia eucarística y sinodal”.  Después de todo, eso es lo que ofrece el Novus Ordo: UN PAN VACÍO.

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