Novena dispuesta por el P. Juan José de Guzmán y Díaz, secretario del Arzobispado de Santiago de León de Caracas, a devoción de los capellanes de la iglesia de la Divina Pastora en dicha ciudad, donde fue publicada en 1818 y reimpresa por la imprenta de Valentín Espinal y Jáuregui en 1826.
CONVITE.
A fin de implorar la divina misericordia para la conversión de los pecadores a verdadera penitencia, y de los infieles y herejes al gremio de nuestra santa madre la Iglesia, suspirando por el cumplimiento de la divina promesa: «Et fiet unum ovíle et unus Pastor», hemos dispuesto esta novena de clamores, ruegos y súplicas a la Santísima Virgen María nuestra Sra., que como verdadera madre y principal esposa del divino Pastor, goza del propio y suavísimo título de Pastora, el más demostrativo de su clemencia, piedad y misericordia; y que en sus manos se dignó poner el Altísimo el abismo de su divina piedad, para distribuirle, cuando quisiere, como quisiere, y a quien quisiere, declarando su divina voluntad, de que todo lo alcanzáremos por su medio. Procuremos hacerla repetidamente, y con el mayor fervor, pues como buenos cristianos, debemos interesarnos en la conversión de pecadores, de infieles y de herejes, ya en general respecto de todos, o ya en particular respecto de alguno, cuya conversión deseáremos. Puede hacerse en los nueve días precedentes a cualquiera de las fiestas de la Santísima Virgen, y en sus octavas; pues en todos los misterios, y en todos los demás títulos, o advocaciones, siempre resplandece el de Divina Pastora de las almas, como desempeños de este mismo título. Practíquela también para sí cualquiera que se hallare, o como oveja perdida, caída en algún vicio; o como oveja errante, desviada por errores; o como oveja acometida del lobo infernal, acosada de graves tentaciones; o como oveja enferma constituida en algún otro mal espiritual o corporal; o como oveja débil y desganada, que no puede progresar en la vida espiritual. Alleguémonos, pues, llenos de confianza a buscar lo que deseamos, pues como nos enseña el gran padre San Bernardo en su sermón De Aquædúctu: «Secúrum accéssum habes apud Deum, o homo: ubi Mater stat ante Fílium, Fílius ante Matrem; Mater osténdit Fílio pectus et úbera: Fílius osténdit Patri latus et vúlnera; ibi ergo nulla potent esse repúlsa, ubi tot sunt amóris insígnia».
NOVENA DE LA DIVINA PASTORA
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Altísimo Señor y Dios eterno, amable sin defecto, deleitable sin igual, agradable sin sospecha: en sabiduría inestimable; en bondad sin medida; en potencia sin término; en el Ser inmenso; en grandeza incomparable; en la majestad inaccesible; en perfecciones infinito; en los juicios terrible e incomprehensible; en consejos inescrutable; en justicia rectísimo; en pensamiento secretísimo; en palabras verdadero y en misericordias rico (Sl. 65, 5 y en otros; Rom. 11, 33 y Ef. 2, 4; y otros distintos lugares de la Sagrada Escritura). Esta criatura vuestra, obra de vuestras manos, postrada en vuestro acatamiento, confesando sus prevaricaciones con que ha deshonrado a vuestra divina Majestad, implora vuestra infinita misericordia, y pide arrepentida el perdón de sus delincuencias: clama de lo íntimo de su corazón a Vos, Señor, que os dignáis manifestar vuestra omnipotencia, benignamente perdonando, y principalmente derramando vuestra misericordia (Oración del Domingo X. después de Pentecostés). Viene confiadamente a Vos, que habéis empeñado vuestra divina palabra en recibir al pecador en cualquier día que se arrepintiere de sus pecados (Ez. 18, 21 y 33, 19). Se allega a Vos, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo (2.ª Cor. 1, 3), que os compadecéis de nosotros miserables con la ternura de Padre, porque conocéis nuestra fragilidad, debilidad e inconstancia (Sl. 102, 15). Misericordia busco, misericordia pido, y misericordia espero de Vos, Señor, que para derramar copiosamente vuestras misericordias en los pecadores nos diste a tu mismo unigénito Hijo hecho hombre pasible y mortal, que dio su vida para nuestro remedio. El Pontífice santo e inmaculado, sumo eterno sacerdote revestido de amor compasivo para los frágiles pecadores (Hebr. cap. 4): aquel que para demostrarnos indubitablemente vuestra misericordia, vuestra clemencia y vuestra dignación, nos dijo, y nos dejó asegurado en su Evangelio: «Yo soy pastor bueno, conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a mí: yo doy la vida por mis ovejas: yo busco la oveja perdida, y la traigo al redil sobre mis hombros: yo curo las ovejas enfermas y sueldo a las quebradas: yo velo sobre mi grey: yo la defiendo del lobo: yo le doy pasto» (S. Juan, cap. 10; Ez., cap. 34). ¡Oh misericordia inefable! ¡Oh admirable clemencia! Vengo a Vos, que queriendo como queréis, que todos alcancemos nuestra eterna salvación, no solamente nos diste tan bueno y clemente Pastor y obispo de nuestras almas, por quien aunque ovejas errantes fuésemos convertidos (1.ª Pe. 2, 25); sino que también para mayor demostración de vuestra misericordia, dándonos por madre a su misma Madre, vuestra dilectísima hija y esposa, la santísima Virgen María, la constituiste semejantemente suprema universal Pastora, con los mismos objetos de conocer, guiar, apacentar, vigilar, defender, buscar, curar y sanar las ovejas de la misma grey, y dar la vida por ellas, a fin de que con mayor confianza, por medio de esta clementísima mediadora, en cuyo seno ningún pecador encuentra repulsa (San Bernardo, Sobre la Salve Regína) se nos facilitase mas nuestra conversión. Misericordia os pido por mi divino Pastor Jesús: misericordia os pido por mi divina Pastora María: no más pecar, tanta misericordia me rinde; no mas errar, tanta misericordia me obliga; perdóname, misericordiosísimo Señor, por vuestra misma infinita misericordia, y por los merecimientos de tan buen Pastor, y de tan benigna Pastora. Admíteme en tu redil, reconóceme por tu oveja, numérame en la grey de tus electos (Secuencia Dies Iræ) y dame eficaces auxilios para perfeccionar mi conversión en los días de esta novena, en que venerando el mismo dulcísimo título de Pastora en vuestra dilectísima hija nuestra Señora, busco por su intercesión aquellos auxilios que os pido en el nombre de su dilectísimo Hijo y vuestro, nuestro Redentor Jesús, que contigo y el Espíritu Santo Dios vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.
DÍA PRIMERO – 5 DE ENERO
MEDITACIÓN: MARÍA ES LEGÍTIMA, PROPIA Y BUENA PASTORA.
Consideremos esta dignación de la divina Omnipotencia en favor de sus criaturas humanas. Compadecido Dios de la caída de nuestros primeros padres Adán y Eva, y de todos sus descendientes; en él mismo acto de pronunciar su justicia la sentencia del castigo, pronuncia también su misericordia la del remedio, empeñando su divina palabra de hacerse hombre. En los siglos posteriores fue dando esperanzas de cumplimiento de su promesa bajo de varios símbolos y emblemas; y aunque todos eran demostrativos de su amor y clemencia, con ninguno pudo ser más convencido el hombre, que con el que les dio de conducirse con él en la Redención a semejanza de un buen Pastor con sus ovejas, porque este era el ejercicio de mayor suavidad, dulzura y bondad que tenia el hombre en la tierra: «Vosotros sois mi grey, sois vosotros los hombres la grey que yo apaciento, yo constituiré sobre todas las ovejas un pastor que las apaciente: él las dará pasto, y él mismo será para ellas un verdadero pastor». Esta era la promesa hecha por su profeta Ezequiel (cap. 34, 23 y 31).Vino al mundo y hecho hombre se dignó manifestar el cumplimiento de ella. ¡Oh inefable bondad y misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, el Verbo eterno hecho hombre, Dios verdadero, el príncipe de la paz, el supremo Señor de todo lo creado, así lo dijo, así lo aseguró y así nos lo dejó escrito en su Evangelio: «Yo soy pastor bueno, yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí: yo doy la vida por mis ovejas». Así lo cumplió y ejecutó, y quiso con estas expresiones, y todas las demás con que continuó manifestándonos su misericordia bajo este símbolo, fundar la santa Iglesia. Ella es el redil, y el mismo Jesucristo es su pastor, su puerta y su ostiario; y todos sus ministros prelados tienen el título de pastores, llevando insignias pastorales. Y aunque el mismo Señor es el príncipe de los pastores, el pastor y obispo de nuestras almas (1.ª Pe. 5, 14), quiso que también fuese pastora universal su misma santísima Madre, y que bajo este dulce título, como propio y suavísimo, favoreciese a la Iglesia haciéndole entrega de toda su grey en la persona de San Juan, antes de expirar en la Cruz, pues constituyéndola Madre de todos los redimidos por su Majestad, como buen pastor también la constituyó Pastora. Ella entra por el mismo Jesucristo a su redil, y a ella corresponde el título de Pastora como verdadera madre de este divino Pastor, como hija del Eterno Padre, y como esposa del Espíritu Santo, y así mismo como coadjutora de la redención, dando su consentimiento para que el Verbo divino tomase la humana naturaleza de su propia carne en sus virginales entrañas, creándolo y alimentándolo de sus castísimos pechos, acompañándole en toda su santísima vida; siguiéndolo constante hasta expirar en la Cruz: gobernando y dirigiendo la Iglesia por mas de veinte años que la dejó el Señor en este mundo después de su Ascensión; y continuando sus pastorales beneficios desde el Cielo, donde en cuerpo y alma está colocada a la diestra de su Santísimo Hijo, investida de toda potestad, y puesto en sus manos el tesoro de la divina misericordia, para distribuirlo a quien ella quiera, como quisiere y cuando quisiere para que no perezca ningún pecador, por enormes que sean sus delitos, a quien esta divina pastora preste su patrocinio ; con que está derramando desde allí copiosos beneficios sobre todas y cada una de sus ovejas (San Bernardo, Sobre la Salve Regína). Portémonos pues como humildes ovejas de tan buena y poderosa Pastora; y considerando que tantos beneficios se dirigen a conseguir nuestra eterna felicidad, lloremos nuestra ingratitud, en no habernos aprovechado de ellos: vengamos rendidos a sus pies como ovejas errantes, convertidas a tan buena pastora: pidamos misericordia por su poderosa intercesión; y haciendo aquí ante su santa imagen el propósito de rectificar nuestra intención, según nuestro estado para que en todos los días, horas e instantes de nuestra vida, sea de agradar a Dios en todos nuestros pensamientos, palabras y obras, sin otro fin que el de su mayor honra y gloria, cumpliendo nuestras obligaciones. Pidamos a la Señora nos alcance esta pura intención y el remedio a nuestras necesidades. Se hace alguna pausa para estas peticiones.
ORACION. Piadosísima Virgen María, decoro y hermosura de todo el linaje humano, maravilla del poder de Dios, ostentación de su infinita misericordia, compendio de las obras del divino Verbo humanado, retrato ajustado de sus perfecciones, y estampa viva de todos sus pasos; Vos, Señora, sois propia, legítima y buena Pastora de la grey redimida por el divino Pastor vuestro Santísimo Hijo Jesús, que en tus liberales manos puso todo el precio de nuestra redención (San Bernardo, Sermón de la Asunción), comunicándoos todo poder en el Cielo y en la tierra para que nada os sea imposible conceder para la eterna salud de los desesperados (San Anselmo, De las alabanzas de la Virgen). Vos, amantísima Señora, sois la principal esposa, prefigurada por el Espíritu Santo en su prestantísimo cántico, como la amante doncella Pastora, que apacentando sus ovejas, desposada con su Pastor, lo ama con casto amor (Cornelio Alápide, en el Prolegómeno a los Cánticos, caps. 2 y 3); vos sois la hermosa Virgen Pastora, á quien por el Divino Esposo, para demostrar vuestra potencia, se encarga el seguimiento de las ovejas sobre sus huellas, y el dar pasto a los cabritos (Cánticos, cap. 2. Y Abad Guillermo, en Cristóbal de Vega SJ, Theologiæ Marianæ). Vos, Señora, por este desempeño estuvisteis privada del eterno descanso por mas de veinte años, después de haber subido el Señor a los cielos, detenida en la fundación de la Iglesia, como suprema Pastora de los pastores, para su gobierno y dirección; y vos desde vuestro glorioso trono, cuidando de vuestra grey, siempre habéis tenido y tenéis extendidos a ella vuestros misericordiosos ojos, no solamente intercediendo por la perseverancia de los justos y conversión de los pecadores, sino también descendiendo de los Cielos á la tierra para el socorro, amparo, dirección y defensa de vuestras ovejas, como lo están testificando las memorias de tantas y tan celebérrimas apariciones vuestras, y tantas imágenes en que bajo de diversos títulos, desempeños de vuestro pastoral oficio, os veneramos en este mundo. Hoy esta oveja errante, convertida por vuestra intercesión a su divino Pastor, viene arrepentida de sus errores a llorarlos a vuestros pies: a ti clamo de lo íntimo de mis entrañas: misericordia, Señora: misericordia, Señora: admíteme, oh clementísima Pastora de mi alma, pues en tu piadosísimo seno ningún pecador encuentra repulsa: presenta al Señor mi corazón contrito y humillado, y alcánzame de su infinita misericordia el perdón de mis culpas, la verdadera penitencia y el don de la perseverancia hasta el fin, con que alcance la felicidad de ser numerado en la grey de los escogidos en el redil de la Gloria. Amén.
Digamos tres veces el Ave María rogando por la conversión de los pecadores.
ALABANZAS
Bendito sea eternamente el eterno Padre, porque creó a María Santísima para hija suya, y porque la dio tanto poder. Amén.
Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque creó a María Santísima para madre suya, y porque la dio tanta sabiduría. Amén.
Bendito sea eternamente el Eterno Espíritu Santo, porque creó a María Santísima para esposa suya, y porque la dio tanto amor. Amén.
Bendita sea eternamente la Beatísima Trinidad, porque creó a María Santísima para que fuese templo y habitación suya, y porque nos la dio adornada con tanto poder, sabiduría y amor para que fuese dignísima Pastora del divino Verbo humanado. Amén.
Bendito sea su bienaventurado vientre en que habitó por nueve meses el Hijo de Dios hecho hombre. Amén.
Benditos sean sus purísimos, castísimos y virginales pechos que alimentaron al Cordero de Dios, Cristo Jesús. Amén.
ELOGIO DEPRECATORIO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA NUESTRA SEÑORA, DIVINA PASTORA DE LAS ALMAS
Errante la oveja llora,
Y pide en su penitencia
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Pastora sois de Pastores,
Como Madre de Jesús,
Pastor bueno, que en la Cruz,
De su grey entre dolores
Os constituyó Tutora.
Vénganos de tu asistencia
Al aprisco entráis, Señora,
Por Jesucristo su puerta;
Y toda oveja bien cierta
Que sois la propia Pastora;
Rendidamente os venera
Y os pide con reverencia
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
El grande deber pastoral
De conocer sin engaño
A cada oveja y rebaño,
Es en vos el más cabal.
Al mirarme, bella Aurora,
Ten de mi mala conciencia
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Tu dulce voz las ovejas
Oyen bien en el aprisco:
Desviado yo por un risco,
No la oyeron mis orejas.
Clamo al oírla tan sonora
Que me dice: Haz penitencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Con humildad profundísima
Esta oveja de tu grey,
Sed vos, por gracia y por ley
En Pastora clementísima:
Lo reconoce y te honra
Pidiendo beneficencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
De justicia claro espejo,
Silla del Verbo Divino,
Guía y seguro camino,
Y de la grey el consejo.
Para ser tu imitadora,
Esta oveja os pide ciencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Con pan vivo angelical,
Carne del divino Rey,
Pasto le das a tu grey:
Hoy esta oveja desleal,
A quien otro pasto empeora,
Pide herida su conciencia,
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Tu pastoral dignidad
Extiende vista y oreja,
Vigilando a cada oveja:
¡Ay de mi gran maldad!
Tú la miras, no la ignoras,
A ti clama en su dolencia:
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Aquella astuta serpiente
De vuestros pies conculcada,
Hoy en lobo transformada
Nos rodea ferozmente.
Tu grey tu defensa implora,
Tu báculo y tu potencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Como luna tan hermosa,
Y como el sol escogida,
Buscas la oveja perdida:
En mi noche tenebrosa
Tú me punzas de hora en hora:
¡Ay de mí!, ¡qué resistencia!
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Los pastorales deberes
De la curación cabal
A la grey de todo mal,
Vos con inmensos poderes
Desempeñas sin demora.
A vos pide mi indigencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Vuestro penar con Jesús
Os hizo morir viviendo,
Os dejó vivir muriendo
Por la grey junto a la cruz.
De tanto favor deudora
Mi alma pide penitencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Vuestra mano liberal
Abierta y bien extendida
A toda oveja afligida,
Nos remedia todo mal.
Ponla en esta pecadora
Con tu gran beneficencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Dad vuestras pías ojeadas,
Gran Pastora, a los Pastores,
Papa, Obispos y Rectores,
A Prelados y Preladas,
Sed de todos directora;
Gobiernen con tu asistencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Por tu eficaz oración
Y de tu ruego el valor,
A un redil y un Pastor
Toda bárbara nación,
Y todo infiel, sin demora,
Convertido, dadle ciencia.
Misericordia y clemencia,
Pues sois Divina Pastora.
Antífona: Acuérdate, oh Reina y Señora nuestra, cuando estés ante el Señor, de hablar bien a nuestro favor, para que aparte de nosotros su indignación.
℣. Tu vara y tu cayado.
℟. Me han consolado.
ORACIÓN
℟. Me han consolado.
ORACIÓN
Señor Jesucristo, Pastor bueno, que entregaste la vida por tus ovejas, y, elevado en la cruz, nos diste a la Virgen por Madre; concédenos, por su intercesión poderosa, seguirte ahora como Pastor nuestro en la tierra, y llegar después a la Pascua eterna en el cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA SEGUNDO – 6 DE ENERO
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE CONOCE A SUS OVEJAS.
Consideremos esta primera y principal obligación del oficio de Pastora. El Señor nos la anuncia en el santo Evangelio diciendo que el buen pastor tiene tal conocimiento de sus ovejas propias, que a cada una la llama por su nombre (San Juan 10, 3); y en confirmación de que su divina Majestad es buen Pastor, dice: «Yo conozco a mis ovejas, y ellas me conocen a Mí». Es este conocimiento la primera y principal obligación del oficio pastoral, porque de él depende no solamente el de las necesidades de toda la grey y de cada rebaño, sino aun el de cada oveja en particular. Esta misericordia del Señor nos demuestra su inmenso compasivo amor para con nosotros, y que aunque Él es aquel que conoce lo más secreto y escondido, que escudriña el corazón, y que lo más oculto no puede engañarle; como divino Pastor nos conoce en calidad de ovejas, no para castigarnos sino para remediar nuestros males, si nosotros conociéndole nos humillamos. Esta pastoral obligación sola la Santísima Virgen María, después de nuestro Señor Jesucristo, la desempeñó, la desempeña y desempeñará cabalmente por todos los siglos; porque constituida Pastora por el divino Pastor para el mayor bien de su grey, recibió con este cargo todas las gracias y prerrogativas consecuentes a su desempeño. En el primer instante de su Inmaculada Concepción recibió pleno conocimiento de todas las cosas criadas por la divina Omnipotencia: «su conocimiento giró por todo el cielo; penetró lo profundo del abismo; anduvo por las olas del mar; y estuvo en toda tierra y en todo pueblo» (cf. Eclesiástico 24, 8-11). Miró entre todas las cosas creadas a la humana naturaleza, y por experiencia propia, aunque sin pecado, se compadeció de sus miserias. Con esta compasión gimió, clamó y rogó por su reparación, hasta que trajo a Dios de los cielos a la tierra, y lo ataron sus amores con los vínculos de la humanidad (Santo Tomás de Villanueva, Sermón 4.º del Nacimiento del Señor). Este compasivo conocimiento que tuvo específicamente mientras vivió con su Santísimo Hijo en este mundo de todos y cada uno de los hombres y mujeres que ha habido, hay y habrá hasta el fin del mundo la obligó a interesarse por el remedio de todas las necesidades temporales y espirituales. Y con este mismo conocimiento desde su excelso trono, en todos tiempos lo ha hecho, y lo hace, alcanzando con sus ruegos oportunamente las fundaciones de tantos monasterios, congregaciones y confraternidades que hoy tiene la Santa Iglesia, con diversos institutos puestos todos bajo su tutela y protección, reconociéndose todos deudores de sus establecimientos y progresos a esta divina Pastora. Conozcamos, como debemos, pues somos ovejas de su grey, cual es nuestra Pastora. El conocimiento entre el pastor y las ovejas ha de ser recíproco como lo demostró el divino Pastor. ¡Ay de aquellas infelices ovejas que carecen de este conocimiento, o que aunque lo tienen viven como si no lo tuviesen! Si nuestra divina Pastora nos conoce para compadecerse de nosotros y remediarnos, nosotros debemos conocerla para oír su dulce voz y ocurrir a implorar su patrocinio en todas nuestras necesidades. Lloremos la ingratitud con que preocupados de los empleos, oficios e intereses mundanos, no hemos conocido tan buena Pastora, ni aplicádonos a oír su voz: postrados a sus pies pidámosle el perdón, y supliquémosle nos alcance el conocimiento propio, con que humillados seamos capaces de oír su dulce voz. Breve pausa para esta petición.
ORACIÓN
Oh sapientísima Virgen María: silla de la eterna Sabiduría: amantísima Pastora nuestra: madre del amor hermoso, y del perfecto conocimiento. Vos sola sois la que, después de Dios, conocéis a cada una de vuestras ovejas, sin que nada se oculte de sus obras, palabras y pensamientos a tu indefectible ciencia, porque de ti salió la luz indeficiente. Tu conocimiento no es dudoso: es cierto en todo, amas a los que te aman, y estás siempre inmediata a los que conociéndote te invocan, principalmente a aquellos que lo hacen de buena voluntad (San Bernardo, Sermón sobre la Salve Regína). Tú eres la mujer fuerte que con conocimiento de sus necesidades les das vestidos duplicados a todos los domésticos de tu casa. Tú memoria se ha extendido, y se extiende por las generaciones de todos los siglos. Aun estando en carne mortal en este mundo no solamente ocurriste al remedio de las necesidades, que conocías en la grey por medio de los santos Apóstoles en toda la tierra; sino que personalmente visitaste a los devotos habitantes del monte Carmelo, y pasaste con el Evangelista San Juan a la conversión de los efesios, y por ministerio de los ángeles a nuestra España, visitando en Zaragoza al Apóstol Santiago, y dejando allí el perpetuo monumento de vuestra memoria en la Santa imagen del Pilar. Y Vos, Señora, desde los cielos habéis alcanzado de la divina Providencia las fundaciones de las órdenes monacales, y otras de dignos ministros, que empleados en el conocimiento de vuestra amada grey, ocurran a sus necesidades. Con estos conocimientos atraído yo, oveja errante, hoy vengo humillado a vuestros pies, y conociéndoos mi benéfica Pastora, os ruego y pido que al mirar mis ingratitudes y conocer mis delincuencias me alcancéis el perdón del Señor y me perdonéis: oiga yo siempre tu dulce voz que me invita a penitencia; y consiga por tu eficaz intercesión el conocimiento de mí mismo con los correspondientes auxilios divinos, para que humillado en mi propio conocimiento, y lleno de confianza en vuestra protección, alcance mi exaltación a la gloria, donde mejor os vea y conozca sin temor de perderos por todos los siglos de los siglos. Amén.
Recemos tres reces el Ave María rogando por la conservación y aumento de todas las sagradas religiones, congregaciones y devotas cofradías.
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA TERCERO – 7 DE ENERO
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE GUÍA A SUS OVEJAS.
Consideremos aquella intimación que hace el mismo Jesucristo nuestro Señor a los verdaderos pastores. Aquel que revestido de esta cualidad de propio pastor, entra, no saltando paredes como ladrón, sino por la puerta del redil; reconocido por el ostiario y bien conocido de sus ovejas, luego que las saca de allí para conducirlas a buenos pastos, va por delante de su rebaño, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz (S. Juan 10, 1 ss). Al pastor extraño no lo siguen porque extrañan su voz; y para guiarlas, enderezarlas y gobernarlas, lleva en sus manos un báculo. Todo pastor espiritual está obligado, a virtud de esta divina intimación, a guiar sus ovejas en la peregrinación por este mundo, conduciéndolas a la vida eterna, como antes hemos considerado, no por intereses temporales, no con violencia, no con una dominación rigurosa en ellas, sino haciéndose forma de la grey por su buena ejemplar vida, con el recto ánimo de conducirlas al pasto eterno de la gloria, pues así lo practicó el divino Príncipe de los pastores (1.ª Pe. 5, 2-3). Tanta es la benignidad, misericordia y clemencia de nuestro divino Pastor Jesús, y tal es la de su Santísima Madre nuestra Pastora María. Ella fue en toda su santísima vida la forma de la grey, en tanto, que fue más gloriosa concibiendo la fe de Cristo, oyendo su voz y cumpliendo su voluntad, que concibiendo en sus entrañas al mismo Cristo, y siendo elevada a la inefable dignidad de Madre de Dios (San Agustín, cit. en San Buenaventura, Comentario sobre San Lucas 11). Ella con sus heroicas virtudes se hizo tan venerable y espectable en la Iglesia mientras estuvo en ella en carne mortal, que habiéndola visitado el gran discípulo de San Pablo, San Dionisio Areopagita, quedó en tanta admiración de solo lo que aparecía en lo exterior de su hermosísimo rostro de gravedad y modestia que exclamó a su maestro: "¡Oh Pablo!, si no fuera la fe que me has enseñado de un solo Dios, yo la tendría por una Diosa» (Dionisio, Epístola a San Pablo, en Cristóbal de Castro SJ, Historia Deíparae, cap. 19). Y la santa Iglesia la aclama espejo de toda santidad. Esta divina Pastora desde los cielos está siempre atenta a su grey militante, para que en medio de tantos peligros vaya rectamente a la vida eterna. A su eficaz intercesión debemos cuanto han escrito los santos doctores, para que todos caminemos libres de errores en esta peligrosísima peregrinación: somos deudores á su pastoral cuidado del establecimiento de colegios, de universidades y de las piadosas religiones y congregaciones dedicadas a la educación y enseñanza; e igualmente lo somos de la provisión de santos y sabios pastores y de fervorosos e idóneos ministros, que predicando el santo Evangelio, y administrando el santo sacramento de la penitencia, nos guíen, dirijan y encaminen por sendas seguras para entrar en la gloria. Lloremos nuestra ingratitud a tan insignes beneficios, no solamente en los desvíos que hemos tenido del recto camino, despreciando las santas inspiraciones, los buenos consejos y las moniciones de los prelados y demás superiores, sino también en el daño que acaso hayamos causado con los pecados de escándalo. Postrémonos humillados a los pies de nuestra divina Pastora y supliquémosle nos conceda el perdón de tanta ingratitud, y nos alcance el de las ofensas hechas al Señor con daño espiritual de nuestros hermanos. Breve pausa para esta petición.
ORACIÓN
Clementísima Virgen María, divina Pastora de nuestras almas, guía de los discípulos de nuestro Señor Jesucristo (Jorge de Nicomedia, en Santa María, ): guía de los ciegos pecadores (San Alberto Magno, en Biblia Mariana, sobre el libro de Job): guía de los fieles errantes: mística nube y columna directora a la verdadera tierra de promisión (Bernardino de Bustis, en Sermón Mariano 2.º de la Coronación): madre de la luz eterna: refulgente estrella elevada sobre el grande y espacioso mar de este mundo, brillante en méritos, ilustre en ejemplos: segura guía de los que navegamos entre sus horrendas tempestades para llegar seguros al puerto de la gloria (San Bernardo, Sermón 2.º sobre Missus est): mística escala de Jacob, única esperanza de los pecadores para subir por ella al Cielo. A vos, dulcísima Pastora viene esta oveja errante buscando tu guía y dirección: ciega con tantos cuidados temporales, solicita tu iluminación: desviada del recto camino de la vida eterna, viene confiada á vuestros pies, para que se lo enseñéis. Suene, Señora, tu dulce voz en mis oídos: penetre mi corazón esta sonora voz que fue instrumento de la santificación del Bautista y de la plenitud del Espíritu Santo que recibió su madre Santa Isabel. Haced, ¡oh divina Pastora!, que oiga yo en todo lugar y en toda hora tu poderosa voz por medio de los pastores que nos gobiernan y en tu nombre nos dirigen. Llévanos en pos de ti, ¡oh Santa de los Santos!: muéstranos la luz de tus misericordias: bajo la sombra de tus alas protégenos, pues así clamamos los desterrados hijos de Eva (San Bernardo, Sobre la Salve Regína). Si nuestras pasiones resisten, usad, ¡oh divina Pastora!, de vuestro báculo pastoral: haced en nuestras almas rebeldes unos prodigios semejantes a los de la poderosa vara de Moisés, que lo prefiguró sacándonos de la tirana esclavitud de la culpa, al desierto de la penitencia, y abriéndonos el dificultoso paso en el mar de la tentación: condúcenos seguros entre las batallas de los enemigos el mundo, el demonio y la carne a la verdadera tierra de promisión. Alcánzanos siempre de la divina Providencia buenos pastores y celosos ministros; sabios doctores y eficaces maestros; fervorosos predicadores y discretos confesores que en vuestro nombre nos dirijan. Derramad sobre todos ellos copiosas gracias del tesoro puesto en vuestras manos del abismo de la divina misericordia. Y haced, Señora, que cada una de estas vuestras ovejas, oyendo siempre en ellos la dulce voz del Señor y la vuestra, siga por el recto camino que conduce a la vida eterna. Amén.
Recemos tres veces el Ave María rogando por todos los pastores de almas, doctores, maestros, confesores y predicadores, para que la Santísima Virgen les alcance la ciencia y piedad necesaria.
DÍA CUARTO – 8 DE ENERO
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE DA PASTO A SUS OVEJAS.
Consideremos esta obligación impuesta al buen pastor de dar buen pasto a sus ovejas. El Señor, continuando las demostraciones de su misericordia en esta dulcísima parábola, nos dice que a las ovejas que oyen su voz y le siguen les da vida eterna y jamás perecerán ni ninguno las arrebatará de su mano (S. Juan, 10), porque las daba aquellos buenos, pingües y abundantes pastos, que antes de su venida al mundo tenia ofrecidos por su profeta Ezequiel: "Yo, decía el Señor, sacaré las ovejas de los pueblos, las congregaré y las introduciré á su propia tierra, y les daré pasto en los montes de Israel y en sus arroyos; las apacentaré en pastos pingües, y ellas descansarán en las frondosas yerbas de aquellos excelsos montes." Y esto decía habiéndose antes querellado de aquellos pastores que apacentándose a sí mismos, no daban pasto á sus rebaños, y se aprovechaban de la leche y lanas de sus ovejas (Ez. 34, 13 ss). Y el mismo príncipe de los pastores se dignó, después de su gloriosa resurrección, y antes de subir a los cielos, grabar esta obligación en el corazón de aquel a quien había constituido su Vicario, avocándose a San Pedro le dice: " Simón, hijo de Juan, ¿tú me amas? Sí, Señor; tú sabes que yo te amo: pues da pasto a mis corderos. Segunda vez le hace la misma pregunta, e igual intimación de dar pasto a sus corderos: Mas cuando a la tercera pregunta se contrista el Apóstol, y manifestando el pleno conocimiento que tiene el mismo Señor de todas las cosas y que consiguiente su Majestad sabe indubitablemente que él le ama, entonces le intima: da pasto a mis ovejas (S. Juan 21, 15 ss). De esta obligación tan necesaria en cada pastor, hizo desde luego el príncipe de los apóstoles semejante intimación a todos los pastores de almas. "Da pasto, les decía, a la grey de Dios, que está a vuestro cargo, proveyéndola, no por fuerza, sino espontáneamente según la divina disposición, y no por la torpeza del interés temporal, sino de buena voluntad» (1. Pe. 5, 2).Y el glorioso padre San Bernardo, predicando esta misma obligación a los pastores, les anunciaba: " Dad pasto con el entendimiento; dad pasto con la palabra, y dad pasto con las obras: apacentando vuestra grey con eficaz oración, con fervorosa predicación, y con los buenos ejemplos de una santa vida» (San Bernardo, Sermón 2.º de la Resurrección).Este pastoral deber, ninguno lo ha desempeñado y desempeña, ni podrá desempeñarlo mejor, sino aquella que totalmente semejante al divino Pastor Cristo Jesús (Francisco Suárez, tomo II, 2 Parte. Disputa 4 Sentencia 2; y San Antonino de Florencia, Comentario sobre el Salmo 44), constituida Pastora universal de toda su misma grey, fue enriquecida, cual ninguna pura criatura, para darle saludable pasto. Lo dio abundantísimo mientras estuvo en este mundo, acompañando en la predicación á su Santísimo Hijo, y después de su gloriosa Ascensión, dirigiendo a los santos Apóstoles para su distribución por todo el mundo. Mas sobre todo, por ella y de ella recibimos el principal pasto para caminar mas seguros á la vida eterna, que el santo profeta Elías con el pan subcinericio que le administró un Ángel: su pan es el pan vivo que descendió del Cielo: el pan que da la vida eterna: el sacrosanto Cuerpo y Sangre de Cristo: el pan de los Ángeles formado en su bendito vientre; amasado con leche de sus virginales pechos, y administrado en el Santísimo Sacramento del Altar (San Antonino de Florencia, en la Suma, parte 4, tít. 15, cap. XIX). ¡Oh felicidad de las ovejas de María! Sois apacentadas con la misma carne de María, porque la carne de Cristo es carne de María (San Agustín, Sermón de la Asunción). Su liberalidad os pone la mesa y os convida: venid, comed mi pan y bebed mi vino que he mezclado para vosotros» (Prov. 9, 5); y para que recibamos también el pan de la divina doctrina. Ella cuidando siempre del buen pasto de su grey nos ha alcanzado con su poderoso ruego tantos y tan idóneos ministros distribuidores de ella y especialmente en las celebérrimas fundaciones de los religiosos órdenes de San Benito, de San Francisco y de Santo Domingo, cuyos santos patriarcas, bajo la protección, dirección y amparo de esta divina Pastora, distribuyen fructuosamente por todo el mundo el pan de la divina palabra. Lloremos pues la horrenda ingratitud de los que embriagados y estragados con los deleites carnales, no solamente han repugnado y despreciado tan divino pasto, sino que allegándose indignamente a la sacrosanta mesa del Altar, se hicieron sacrílegos reos del Cuerpo y Sangre de Cristo. Postrémonos humildemente a los pies de nuestra clementísima Pastora, y arrepentidos de nuestras delincuencias, pidámosle fervorosamente nos alcance el perdón de aquellas de que nos acuse nuestra propia conciencia en sacrilegios y torpezas. Breve pausa para esta petición.
ORACIÓN
Benignísima Virgen María: misericordiosísima Pastora de nuestras almas: pozo de las aguas vivas que ofreció el divino Pastor a la pecadora Samaritana, y en ella a nosotros: el mismo cuya infinita misericordia se dignó decirnos que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva (S. Juan 4. En Poliantéa Mariána). Hoy, Señora, se arrojan humildemente a vuestros pies estos miserables pecadores. Somos aquellos mismos que anunció el vicario de Vuestro Santísimo Hijo. Hemos vivido como irracionales animales asechando y dañando; blasfemos, corrompidos e ignorantes; caídos en la corrupción; percibiendo el jornal de la injusticia; estimando el transeúnte deleite carnal; revolcándose en sus inmundas delicias, y haciendo convites lujuriosos (2.ª Pe. 2, 12 ss). Somos deudores a Vos, clementísima Pastora, de la vida que tenemos, pues por vuestra intercesión, no nos consumió el Señor en el mismo acto de cometer tales pecados, y por vos nos viene el auxilio con que como ovejas errantes, venimos convertidos, llorando nuestras iniquidades. ¡Oh dulcísima Pastora, en cuyos virginales pechos fue apacentado el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo! ¡Oh próvida Madre de familias, por cuya eficaz mediación ha distribuido y distribuye Dios el celo a los Apóstoles, la fortaleza a los Mártires, la paciencia a los Confesores, la austeridad a los Anacoretas, la castidad a las Vírgenes, la humildad, pobreza y obediencia a los religiosos y religiosas, la fe y continencia conyugal a los casados, y a todos los demás fieles, las dotes, virtudes y gracias a cada uno propias y congruentes! (San Bernardo, Sermón de las palabras del Apocalipsis). Compadeceos de nosotros alcanzándonos la perfecta contrición de nuestras delincuencias, la reforma de nuestras costumbres, y la perfección de nuestros buenos propósitos. ¡Oh amantísima Pastora nuestra! Pues estáis, Señora, llena de gracias, llena del celestial rocío y llena de delicias, apoyada del divino Pastor, alimenta, Señora, en este día a estos tus pobres, que como cachorrillos, vienen a comer de las migajas que caen de tu mesa: da de beber a estos que aunque camellos son del criado de aquel de quien vos sois la mejor esposa (Ibid.): ábrenos, clementísima, tu pío seno: recíbenos misericordiosa, y dignaos continuar vuestra beneficencia en alcanzarnos buenos pastores que siempre nos den abundante pasto, con que caminemos seguros a la vida eterna. Amén.
Recemos tres veces el Ave María, rogando por la estabilidad y aumento de las Religiones de San Benito, Santo Domingo y San Francisco, y demás que distribuyen la divina palabra.
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE VELA SOBRE SUS OVEJAS.
Consideremos esta otra de las obligaciones que incumben al oficio pastoral. La continua vigilancia sobre su grey, y especialmente en el tiempo de la noche: así estaban los santos pastores que merecieron adorar en la noche de su nacimiento, a Cristo supremo Pastor. Estaban, dice el santo Evangelista, en aquella región velando, y observando las vigilias de la noche sobre su grey (S. Lucas 2, 8). En la grey se entiende el pueblo, en la noche el mundo, y pastores son, no solamente los obispos, sino también los sacerdotes, y todos los demás destinados por el Señor, aun los ángeles, para amparo de la grey (San Ambrosio, Comentario sobre el cap. 2 de San Lucas, in finem). Debe velar todo buen pastor, en la disciplina, por la corrección de las costumbres; en la guarda, por las sugestiones y engaños del demonio; y en la oración, por la instancia de las tentaciones para no caer en ellas; en la instrucción, para resplandecer el rigor de la justicia; en la guarda, el espíritu de consejo, y en la oración el afecto compasivo (San Bernardo, en las Sentencias). Por estas reglas de la vigilancia pastoral, vengamos ahora a la consideración de su desempeño, respecto de la Santísima Virgen María, nuestra divina Pastora: ella fue la única que en la mayor de todas las tribulaciones, herido el supremo Pastor, muerto en la Cruz, y desparramadas las ovejas, quedó en vela con la luz de la fe, sin que aun en la tenebrosa noche de sus inmensos dolores, omitiese su vigilancia sobre todas las ovejas dispersas, para atender a sus necesidades. Ella la continuó por todos los años que estuvo en la Iglesia militante, para dar alimento a sus domésticos, aun levantándose a media noche, y estanco su corazón en vela aun dormida. Y ella desde su glorioso trono, atenta siempre a su amada grey, ha alcanzado y alcanza de la divina Providencia pastores eficaces que velando sobre su grey, no dejen entrar ladrones al aprisco, ni enemigo que siembre cizañas en su campo. Y por ella nos ha concedido el divino Pastor el establecimiento del santo oficio de la Inquisición, para que haya en varias distancias de la habitación de sus ovejas, especiales ministros depurados a esta necesaria vigilancia sobre todas y cada una de ellas. Reconocidos, pues, de tanta beneficencia, postrémonos a sus pies a implorar bajo su patrocinio el perdón de los graves pecados de omisión que hubiésemos cometido, ya en daño de nuestras almas, ya en daño de los domésticos de nuestro cargo por el estado, empleos u oficio que tenemos. Roguémosle se digne alcanzarnos luz para conocerlos, y gracia para enmendarnos. Breve pausa para esta petición.
ORACIÓN
¡Oh prudentísima Virgen María! Vigilantísima Pastora nuestra, cuya piadosa atención se extendió por toda la vuelta del Cielo, penetró lo profundo del abismo, anduvo por todas las olas del mar, estuvo en toda la tierra y tuvo la primacía en todo pueblo y en toda gente (Eclesiástico 21, 8 y 10). Vos sois la mujer fuerte, la vigilante pastora, que cual buena madre de familias en la Iglesia continuamente desde el Cielo atiende a las necesidades de todos, pidiendo e impetrando de tu Santísimo Hijo para ella toda gracia. Vos sois la cuidadosa Pastora que atenta en todos tiempos a la Iglesia, al paso que han crecido los años de su fundación, habéis suscitado oportunamente nuevas religiones de diversos órdenes que la ilustren y renueven en doctrina y virtudes (Cornelio Alápide, con San Jerónimo, en Proverbios, fol. 691 A). Vuestro cuidado y vigilancia sobre vuestra amada grey ha estado, está y estará siempre atendiendo con particulares demostraciones de vuestro amor, a los mismos religiosos órdenes. ¡Oh, cuántas veces habéis descendido de vuestro excelso trono a visitar vuestras muy amadas fundaciones de Carmelitas, de Dominicos, de Franciscanos, de Trinitarios, de Mercedarios y de los otros posteriores órdenes de Jesuitas, de Agonizantes, de Providencia, de Escuelas Pías y otros de preciosas vírgenes y de piadosas mujeres! ¡Oh, cuántas veces habéis hecho igual favor, visitando clementísima en todas las cuatro partes del mundo vuestras ovejas necesitadas, de cuya memoria tenemos tantos santuarios en todo este orbe! ¡Oh María, vigilantísima Pastora! Todo lo observas, a todo atiendes, y tu inspección a todo se dirige, de donde viene que tu poderosa intercesión consiga todo lo que pides (San Germán, Sermón de la Asunción). Reconocidos nosotros de tantos favores os damos rendidas gracias; os alabamos con todos los coros angélicos, y humildemente os suplicamos, Señora, continuéis vuestra benéfica vigilancia, alcanzando, ¡oh Madre Santísima de la Luz increada!, perspicaz vista y ciencia a los prelados entre las tinieblas de tanta ignorancia y relajación, para ocurrir al remedio de las ovejas que les están confiadas: a los ministros de los tribunales del Santo Oficio de Inquisición para eliminar eficazmente la cizaña de los errores, y usar rectamente de lavara de justicia puesta en sus manos: a los padres y madres de familias para observar, inquirir y corregir a sus domésticos; y a todos para estar siempre alerta velando sobre los acometimientos del mundo, demonio y carne contra nuestras almas, y orando fervorosamente para no caer en las tentaciones y caminar seguros a la vida eterna. Amén.
Recemos tres veces el Ave María por el perpetuo y general establecimiento del Santo tribunal de Inquisición, y por el buen desempeño de sus ministros.
DÍA SEXTO – 10 DE ENERO
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE DEFIENDE A SUS OVEJAS.
Consideremos cuan necesaria es esta obligación al oficio pastoral. No merece, dice el Señor, el nombre de pastor aquel que viendo venir al lobo deja las ovejas y huye. No es pastor sino un jornalero, el cual como que no son suyas las ovejas, las abandona y deja entrar al lobo que las destroce y desparrame (S. Juan 10, 12-13). ¡Oh, cuan grave es la culpa de los pastores espirituales, simbolizados en esta parábola respecto de cada oveja que arrebate el lobo infernal; pues han de dar cuenta de ella al Príncipe de los pastores, sin admitírseles aun la excusa de haberlo ignorado! El buen pastor debe defender del lobo y de toda fiera que pueda dañar a las ovejas de su cargo, aun con peligro de su propia vida. Lobo rapaz de la grey de Jesucristo es el demonio y los herejes sus secuaces, con cuyas astucias unas veces roban y matan introduciéndose sigilosamente mientras duermen los pastores, y otras entrando vestidos con la piel de ovejas para no ser conocidos entre los rebaños (S. Mateo 7, 15), y siempre acometiendo a la oveja por la garganta para que no pueda gritar (San Ambrosio, libro VII sobre el cap. 10 del Evangelio de San Lucas). De estas astucias prevenía el Apóstol a sus discípulos, cuando les animaba a estar en continua vigilancia, anunciándoles que después de su fallecimiento entrarían a la grey lobos rapaces que no la perdonarían, y que aun de entre ellos mismos se levantarían hombres perversos predicadores (Act. 20, 29). Unos hombres que simulando virtud atraerían a la libertad de conciencia con falsas interpretaciones de la divina Escritura. ¡Ay del pastor que para la defensa de su grey no lleva en sus manos un báculo que parezca un Argos todo lleno de ojos! (San Juan Crisóstomo, Homilía 1, 11). Y ¡ay de nosotros, incautas ovejas acechadas de tantos lobos rapaces, y rodeada de tantas fieras venenosas! Conozcamos todos, pastores y ovejas, cuanta necesidad tenemos de no separarnos ni un instante de la protección, amparo y defensa de la Pastora suprema. Si hemos sido presa del lobo infernal, ha provenido esto de habernos desviado voluntariamente de tan poderosa Pastora. Bajo la sombra de sus alas y bajo el poder de su báculo ninguna oveja perecerá. Este lobo es el mismo a quien en el aspecto de serpiente, ella investida del divino poder, holló y cortó la cabeza (Gén. 3). Ella es la bella Virgen Pastora, hermosa como la luna, escogida como el sol, y terrible como un ejército bien ordenado, cuya potencia celebra el divino Pastor su esposo (Cant. 6, 3 y 9); y ella, como se manifestó a Santa Gertrudis, está cercada de multitud de ángeles armados para proteger y defender por todas partes a su amada grey (Revelaciones de Santa Gertrudis, libro 4, cap, XLIX). Por su eficaz protección fueron animados para defensa de la Iglesia San Atanasio contra los Arrianos; San Cirilo contra los Nestorianos; San Agustín contra los Pelagianos; Santo Domingo contra los Albigenses; San Ignacio contra los Luteranos, y los demás insignes defensores que veneramos. Ella misma para nuestra defensa del demonio y de los herejes se dignó descender de los cielos a la tierra y darnos la invencible arma de su santo Rosario por medio de su devotísimo el patriarca Santo Domingo; y para mayor demostración de amor en otra descensión a la tierra, quiso darnos otro escudo contra las astucias del lobo infernal, trayéndonos del Cielo el santo Escapulario, que para darlo a todos los que quisiesen armarse con él, entregó a su amado carmelita San Simón de Stock, con la promesa, entre otras, de que les sería de seguridad en los peligros. Reconocidos de nuestra ingratitud en habernos apartado voluntariamente de tan poderosa defensa, y entregádonos tantas veces al lobo infernal, caídos en sus tentaciones; y aprovechándonos del beneficio recibido en habernos dado estos espacios de penitencia, postrémonos a los pies de tan poderosa defensora nuestra; llorando arrepentidos nuestras culpas, y suplicándola nos admita bajo su patrocinio para no caer jamás en la tentación. Breve pausa para esta petición.
ORACIÓN
Potentísima Virgen María, cuidadosísima Pastora de nuestras almas: soy, Señora, del número de aquellos infelices comparados a ovejas puestas en el infierno, cuyo pasto es la muerte (Salmo 48, 15). En tal estado me puse, entregado al lobo infernal, viviendo como oveja sin pastor: desenfrenadas mis pasiones estuve ciego, sordo y mudo, cometiendo las culpas de que ahora me lleno de confusión y vergüenza. ¡Ah, Señora! Cuando yo estaba olvidado de vos, mi divina Pastora, entonces vuestra clemencia y misericordia me miró compasiva: a vuestra defensa debo el escape que he dado de las garras del lobo infernal si vuestro potente báculo no me hubiese defendido, y si vuestro pastoral cuidado no hubiese intercedido por mí, ya estaría sin remedio eternamente condenado. Doy infinitas gracias al divino Pastor, que inclinado a vuestros ruegos no descargó sobre mí la terrible vara de su justicia: recíbeme amantísima Pastora, en tu seguro aprisco: válgame tu poderoso brazo: válgame tu poderoso báculo: válgame tu misericordia. A ti me acojo, refugio de los pecadores, hermosa ciudad de amparo de todos los que a ti se acogen (San Juan Crisóstomo, Sermón de la Asunción). Tú eres la vara y el báculo de mi consuelo. Ninguno, Señora, será salvo sino por ti: ninguno será libre de los males sino por ti: ninguno alcanzará la gracia de la misericordia sino por ti (San Germán de Constantinopla, Sermón de la Bienaventurada Virgen María). Invoco, dulcísima Pastora, tu santo nombre María, terrible á los demonios, terrible a los herejes, terrible a los impíos. Gózate, ¡oh María, pues tú sola destruyes todas las herejías en todo el mundo (Antífona de Santa María). Tú sola con la sola invocación de tu santo nombre destruyes las invasiones de nuestro astuto enemigo, y guardas sin daño a los que te invocan (San Germán, Sermón del Cíngulo de la Madre de Dios). Resplandezca siempre en nosotros tu insigne victoria de la astuta serpiente, hoy trasformada en lobo rapaz: hóllale siempre su cabeza: contenle sus furiosos ímpetus. Alcánzanos, Señora, sabios doctores y valientes militares que defiendan la Iglesia con la fuerza de la divina palabra, y con el buen uso de la espada. Derrámense copiosas gracias en todos los ministros del Evangelio, para que nos defiendan de herejías, de errores y demás engaños del enemigo, y en todos los órdenes militares de los ilustres caballeros que han jurado la defensa de la doctrina evangélica, bajo los auspicios de vuestro invencible brazo; y desde ahora para nuestra última hora y cruel batalla que nos espera del lobo infernal, invocamos vuestro dulcísimo nombre María, para alcanzar la victoria con que seamos salvos por todos los siglos de los siglos. Amén.
Recemos tres veces el Ave María rogando por todos los órdenes militares para el buen desempeño de sus deberes en defensa de la Religión.
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE BUSCA LA OVEJA PERDIDA.
Consideremos esta demostración de la divina misericordia para con los miserables pecadores. No sería creíble tal dignación de la divina Omnipotencia, si no fuese asegurada de su misma infalible palabra como lo está en el santo Evangelio. A la murmuración de los fariseos, viendo que nuestro Señor Jesucristo trataba con tanta benignidad y clemencia a los públicos pecadores, se dignó responderles, simbolizándose en un pastor, que teniendo a su cuidado cien ovejas, deja las noventa y nueve en el desierto y sale a buscar una que se le ha perdido, hasta que hallándola la pone sobre sus hombros lleno de gozo, y trayéndola a su casa, convoca a sus amigos y vecinos para congratularse con ellos, celebrando el hallazgo de su oveja perdida. Y para que no tuviesen duda de que en esta oveja perdida estaba simbolizado un pecador, y en las noventa y nueve los justos; concluyó claramente diciendo que será mayor el regocijo en el Cielo sobre un pecador que hace penitencia, que sobre noventa y nueve justos, que no tienen necesidad de hacerla (S. Lucas 15, 4 ss). ¡Oh misericordia del divino Pastor! No castiga a la oveja perdida; no la trae a la grey a empujones; clementísimo la conduce sobre sus hombros y la vuelve al redil (San Gregorio de Nisa, en el Catecismo). Esta fue la misericordia y clemencia que bebió la Santísima Virgen María en la misma divina fuente de su Santísimo Hijo. Su compasivo corazón de todo miserable pecador, y sus ternísimas amorosas entrañas, penetradas de misericordiosos sentimientos por la eterna salvación de todo impío, la tuvieron mientras vivió en este mundo, y la tienen y tendrán mucho mas en los cielos, en continua solicitud por la eterna salud de todos los fieles, y de todos los hombres, día y noche trabajando, porque ninguno perezca (Cornelio Alápide, Comentario sobre Prov. 31, 18). Siguió al divino Pastor, como tan buena Pastora, buscando ovejas perdidas en «su santísima predicación, sin tener descanso ni de día ni de noche, ni aun donde reclinar su cabeza para dormir. En la gran tribulación de la Pasión y muerte del mismo divino Pastor, quedando ella sola Pastora de su grey, aunque desparramadas y perdidas todas las ovejas y sus pastores; ella sola aunque entre inmensos dolores, buscó, congregó, confortó y consoló a los propios pastores fugitivos, y a las ovejas perdidas; y con sus pastorales cuidados sobre la grey, después de haber subido a los cielos el divino Pastor, buscó y solicitó entre otras a la oveja perdida, Saulo, hasta que con sus eficaces oraciones alcanzó la conversión de esta oveja, que constituida en tan eficaz pastor el glorioso Apóstol de las gentes, buscase y trajese al redil tantas ovejas perdidas, cuantos pecadores convirtió con su admirable predicación. Reina y madre de misericordia, no cesa de buscar ovejas perdidas, atenta siempre a la grey desde los cielos. Oveja perdida era San Agustín, el cual conociendo la intercesión por donde alcanzó tanta misericordia, se confesaba incapaz para alabarla, y la aclamaba única esperanza de los pecadores (San Agustín, Sermón 2.º de la Anunciación). Oveja perdida era San Ignacio, y recogida por esta divina Pastora en su santuario de Monserrat, de allí salió a buscar ovejas perdidas por todo el mundo, por sí, y por medio de su Compañía. De los eficaces ruegos con que clama incesantemente en la presencia del Altísimo nos han venido los apostólicos misioneros capuchinos, que venerándola, y reconociéndola Divina Pastora de las almas, andan por todo el mundo buscando en su nombre ovejas perdidas; aun fundando especiales congregaciones de Propagación de la Fe, selladas con la sangre de su protomártir San Fidel de Sigmaringa, y de otros capuchinos mártires, que gloriosamente la han derramado buscando ovejas perdidas, y llevando el estandarte de la divina Pastora como patrona de sus misiones, declarada por tal a su solicitud por nuestro santísimo padre Pío VI, y celebrándola con el título de Madre del buen Pastor Jesucristo nuestro Señor, con oficio y misa propios en la Dominica segunda post Pascua, por especiales decretos de su Santidad de primero de Agosto de 1795, y de nuestro beatísimo padre Pío VII de once de Enero de 1806. Así ha querido esta madre benignísima manifestar al mundo por el segurísimo conducto de los supremos Vicarios en la tierra, del Príncipe de los pastores su dilectísimo Hijo, cuanto le han agradado los capuchinos en haber inventado en obsequio de la Santísima Virgen el tierno título de Pastora que busca la oveja perdida. Reconozcamos tanta misericordia y clemencia, y aprovechándonos de ella oigamos su dulce voz con que nos grita volvamos a su aprisco; vengamos aunque nuestra pérdida parezca irreparable; ella abre su clementísimo seno a todos los pecadores; se llama, y es madre de los pecadores; es aclamada, y ciertamente lo es, refugio de pecadores; abracémonos de sus pies, conociendo que el tener la luna a sus pies es para demostrar que no desprecia a los defectuosos pecadores simbolizados en la luna (San Bernardo, Sermón de las palabras del Apocalipsis, cap. 12). Rendidos a tanta misericordia roguémosle nos alcance perfeccionar nuestra conversión. Breve pausa para esta petición.
ORACIÓN
¡Oh dulcísima Virgen María: misericordiosísima Pastora de las almas: perfectísima imagen de la divina misericordia, formada con singular providencia por la mano del mismo Dios (San Antonino, Comentario sobre el Salmo 44): reina de misericordia, que compadecida de las miserias humanas, nos convidas para que todos nos alleguemos a recibir de vuestros copiosos frutos (Eclesiástico 24, 26). Confiados en esa misericordia tan grande con que buscáis a los pecadores, que soprepuja a todas sus miserias (Cardenal Hugo, De las alabanzas de la Santísima Virgen), nosotros, que como ovejas perdidas, hemos errado, desviado cada uno por la senda de su dominante pasión; hoy. Señora, que por vuestra eficaz solicitud hemos sido suavemente atados con los vínculos de vuestra caridad, y traídos del precipicio en que estábamos a tu seguro aprisco, donde bajo tus dulces voces podamos reparar nuestros errores: a ti clamamos de lo íntimo de nuestro corazón, que conviertas hacia nosotros tus misericordiosos ojos; pues así como estamos ciertos de que aquellos de quien tú los apartares no pueden ser salvos, así también lo estamos de que aquellos a quien clementísima los convirtieres serán justificados y glorificados (San Anselmo y San Buenaventura). Recibid, Señora, en vuestro piadosísimo seno estas ovejas perdidas tantas veces cuantas han cometido graves culpas. Como errantes ovejas que perecen, hoy convertidas a vos su Divina Pastora, venimos a vuestros pies, y seguras de vuestra protección y amparo, y de que a vuestro ruego, por vuestro mérito y gracia, nada es imposible de cuanto Dios puede conceder; os rogamos y suplicamos de lo íntimo de nuestros corazones, que nos alcancéis celosos pastores, fervorosos misioneros y discretos confesores, que busquen ovejas perdidas, convirtiendo infieles, herejes y judíos, que vengan a vuestro aprisco, y a cada uno de nosotros perfeccionando nuestra conversión, para que metiendo mano al arado de la penitencia, no volvamos la cara atrás reiterando culpas, sino que perseveremos constantes hasta entrar en la grey de la gloria. Amén.Recemos tres reces el Ave María rogando por la estabilidad y progresos de las misiones de la propagación de la fe.
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE CURA Y SANA A LAS OVEJAS ENFERMAS Y QUEBRADAS.
Consideremos esta piadosa y compasiva obligación pastoral, demostración del tierno inefable amor del Supremo Creador a la frágil naturaleza humana. Prometiéndose para la redención del hombre venir al mundo en calidad de Pastor, se dignó desde entonces decirnos, que apacentando a sus ovejas y cuidando de su reposo, levantaría a la que estuviese caída, ligaría a la quebrada, fortalecería a la débil y sanaría a la enferma (Ez. 34, 15-16); y para no dejarnos duda en el verdadero sentido de tan benignas, dulces y suaves promesas, concluyó sellándolas con estas sus divinas palabras: «Vosotros sois mis rebaños: sois vosotros los hombres la grey de mi pasto». Así fidelísimamente las cumplió cuando vino al mundo, manifestando en su ejecución ser el mismo amante Pastor entonces prometido. A los discípulos de San Juan Bautista que vinieron a inquirir si era el prometido a quien esperaban, les previno que le anunciasen lo que hablan visto de sus portentosos prodigios, dando vista a los ciegos, remedio a los mancos, salud a los leprosos, oído a los sordos, y vida a los muertos (S. Mateo 11). Su ardentísima caridad para con los enfermos era tanta que no solo los curaba imponiéndoles clementísimo sus santísimas manos, sino que de sí mismo salía una poderosa virtud que a todos sanaba (S. Lucas 6), y cuya gracia comunicó desde entonces a sus vicarios pastores los Apóstoles, dándoles potestad para curar todas las enfermedades y sanar a los enfermos (S. Lucas 9); y la santa Iglesia conforme con esta doctrina de su divino Pastor, a más de la administración del santo Oleo a los enfermos, tiene dispuestas congruentes oraciones para que sus ministros los socorran en sus enfermedades. Esta compasiva obligación del oficio pastoral fue desempeñada y se desempeña por la Santísima Virgen María nuestra Divina Pastora, cual no es posible a ninguno de los pastores vicarios de su Santísimo Hijo, pues ella, que tiene la cualidad de madre de todo el género humano, bebió del .torrente de su compasivo amor en la misma inagotable fuente, y fue formado su corazón por el mismo Supremo Criador, que la destinó á la compasión y remedio de las necesidades de los hombres. Ni quiso el Señor cumplir la promesa de hacerse hombre sino inclinado a sus ruegos compasivos por la salud del género humano: ni quiso ejecutar el inefable misterio de la Encarnación sin que ella diese el consentimiento que le pidió, para que todos los hombres conociesen que ella era el principio de todos sus bienes (San Ireneo). Prefigurada en la Probática Piscina del templo de Jerusalén, donde todo enfermo, de cualquiera enfermedad, era sano al entrar a sus aguas, movidas por un ángel; cuando a su virginal vientre descendió el ángel del gran consejo, quedó movida sin limitación de tiempo para que en cualquiera día y hora, halle en esta mística piscina todo enfermo su salud en toda enfermedad, no solamente corporal sino también espiritual (Jordán de Celles El idiota, De la Santísima Virgen, parte 14, contemplación 28). Si el primero de sus portentosos milagros lo hizo, el divino Pastor por solo el ruego de esta Divina Pastora, debemos conceptuar, que todos los demás con que sanó enfermedades espirituales y corporales en todo el discurso de su santísima vida pasible y mortal, fueron por su intercesión, pues ningún beneficio quiere Dios hacernos sino por María, porque así es su voluntad (San Bernardo, Sermón del Acueducto). Y desde los cielos continuando su compasivo amor en socorrernos en' nuestras necesidades, a más de los liberalísimos, continuos e incesantes beneficios que ha distribuido y distribuye desde su triunfante coronación, en general y en particular; debemos a su pastoral compasión la institución del orden de los Agonizantes bajo su patriarca San Camilo de Lelis, convertido en el día de la fiesta de su Purificación, para que ligados sus profesores con el cuarto voto de auxiliar a todo enfermo sin excepción, socorran a los enfermos espiritualmente en sus mortales enfermedades; e igualmente la del orden de Hospitalarios bajo su patriarca San Juan de Dios, al cual en el reiterado ejercicio de Pastor le alcanzó su conversión y que fuese el caudillo de famosas comunidades destinadas a la curación de enfermos en sus corporales enfermedades. Porque María compasiva Pastora, desea, busca y obtiene la salud de todos, como que por ella se alcanzó la universal (Ricardo de San Víctor, Comentario sobre Cánticos 2, 28). Conozcamos y reconozcamos, llenos de confianza y de gratitud, que nuestra Divina Pastora es salud de los enfermos, tanto de enfermedades espirituales cuanto de las corporales; y con este humilde reconocimiento vengamos a pedirle remedio para nuestras enfermedades del cuerpo y del alma; y conociendo también que la salud de esta nos es mas importante, y que sus gravísimas fiebres son la avaricia, las complacencias carnales, la lujuria, la ambición y la rabia (San Ambrosio, libro IV, Comentario sobre el capítulo 4 de San Lucas), postrados a sus pies reguémosle se digne alcanzarnos el especial remedio de que ahora tengamos necesidad en el cuerpo y en el alma. Breve pausa para esta petición.
ORACIÓN
Piadosísima Virgen María: compasiva Pastora nuestra: a ti, Señora, amplia piscina de toda pureza, llena del celestial rocío de toda piedad, adonde el Omnipotente benignísimo descendió: en donde todo enfermo, y todo malo y perverso, si entra contrito, sale sano de sus llagas (Jordán de Celles, loc. cit.). Reina de misericordia, luz de los ciegos, remedio de los pecadores, reparación de los desesperados, fortaleza de los débiles: mirémoste, hermosa Pastora, derramando beneficios, confiriendo remedios, sanando arrepentidos, consolando afligidos, coronando mortificados, ungiendo a los que batallan y cubriendo con tu manto a los que compungidos buscan en ti el remedio de sus males (San Bernardo, Sobre la Salve Regína). Y pues en tus compasivas entrañas siempre hallaron el cautivo su redención, el enfermo su curación, el triste su consuelo, el justo la gracia, y el pecador el perdón (San Bernardo, Sermón sobre Missus Est): a ti justamente levanta sus ojos toda afligida criatura, porque en ti, por ti y de ti la benigna mano del Omnipotente renovó todo lo que creó (Ibid.); y a ti con estos conocimientos venimos estos miserables pecadores, que cargados de tantas enfermedades espirituales y temporales, estamos como aquellos de que se llenó de compasión el divino Pastor al verlos postrados y llenos de molestias como ovejas sin pastor (S. Mateo 9, 36). Hiérenos con tu vara para que jamás volvamos a pecar: sosténnos con tu báculo para que vivamos siempre en gracia (San Gregorio Magno, en Pastoral, parte 2, cap. VI), tu vara y tú báculo sean nuestro consuelo en esta peregrinación: en nuestras enfermedades corporales alcánzanos la congruente salud, y siempre el don de fortaleza para llevarlas pacientes; y en la última el socorro de los santos Sacramentos del santísimo Viático y del santo Óleo, con los cuales, y bajo vuestro pastoral amparo vamos seguros a los eternos pastos de la grey de los electos en la gloria. Amén.Recemos tres veces el Ave María rogando por la estabilidad y aumento de las religiones de Hospitalarios y Agonizantes, y por el acierto de todos los médicos espirituales y corporales.
Por la señal…
Acto de preparación.
MEDITACIÓN: MARÍA ES PASTORA QUE DA LA VIDA POR SUS OVEJAS.
Consideremos esta última y mayor obligación del oficio pastoral, sello de todas las demás, y evidente demostración de la mayor caridad del Pastor para con sus amadas ovejas. El buen pastor (clama nuestro Señor Jesucristo): el buen pastor da la vida por sus ovejas (San Juan 10, 11), y para demostrar no solamente Él que por Sí mismo cumplía este deber, sino que lo hacía de su espontánea voluntad, y con pleno conocimiento del amor recíproco con que se aman el Padre y el Hijo, continúa con estas dulcísimas expresiones: "Así como me conoció el Padre, así conozco yo al Padre, y doy la vida por mis ovejas (Ibid., verso 15). De esta intimación y ejemplo penetrado el amado Discípulo, que bebió del torrente del divino amor, reclinado sobre el pecho del Supremo Pastor, exclamaba diciendo: " En esto hemos conocido la caridad de Dios, en que dio Él su vida por nosotros, y así también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos (1. Juan 8, 16). Todos los santos Apóstoles, vicarios del Divino Pastor, sellaron su gloriosa carrera dando la vida por Dios y por la grey: e igual demostración han hecho innumerables de los pastores sucesores, enardecidos en la llama del divino amor y de la eterna salud de sus respectivas ovejas; pues el amor en aquel que está encargado de apacentar tales ovejas debe ser tan grande y tan ardiente, que venza el natural temor de la muerte (San Agustín, Tratado 123). Levantemos ahora nuestra consideración implorando la luz divina para meditar y conocer el desempeño de esta tremenda obligación en nuestra Divina Pastora, á la cual solo conoce cabalmente el Divino Pastor, que de ella recibió la naturaleza humana. Pidámosle se digne iluminarnos para conocer cuanto es posible nuestra deuda al inefable beneficio de haber también la Señora dado su preciosa vida por sus místicas ovejas. Meditémoslo bajo la dirección de los que por su virtud y ciencia se hicieron dignos de recibir mejores luces. El sacrificio de la vida de María por Dios y por sus amadas ovejas, fue prolongado por todos los setenta años que habitó en este mundo, conociendo por los vaticinios de los profetas la Pasión y muerte del Redentor. Constituida madre del mismo Redentor al hacer la oblación que hizo poniendo a su Santísimo Hijo en los brazos del santo Simeón, se le intimó aquel divino oráculo de la terrible espada con que había de ser traspasada su santísima alma. Con esta espada atravesando su tierno Corazón, vivía siempre muriendo a la vehemencia del dolor que su herida le causaba. Criando a sus virginales pechos al Divino Pastor, y enardecida en su amor y en el de la salud del género humano, se deshacía en arroyos de lágrimas, contemplando para qué lo criaba. Su gracioso aspecto cuando iba creciendo y acercándose a su Pasión, tanto más la aumentaba su mortal dolor, y tanto más era penetrada su alma de mayor pena y congoja, pues preveía el destrozo de toda aquella sacrosanta humanidad. Mas llegado el tiempo en que este Divino Pastor había de dar la vida por sus amadas ovejas, ella no se acobarda, le acompaña intrépida, y aunque mujer tiernamente compasiva, Virgen honestísima y Madre amantísima, bebe con Él mismo del torrente de su Pasión y muerte en el huerto cuando ora, y acepta un cáliz tan amargo: en la columna cuando sufre el terrible tormento de los azotes: en el Pretorio cuando es coronado de espinas: en la calle de la amargura cuando Le encuentra subiendo al Calvario; y últimamente en el mismo Calvario cuando muere en la Cruz (San Bernardino de Siena, De la Bienaventurada Virgen en San Juan 19, 25). Cuantas heridas, cuantas llagas, cuantas penas, cuantos dolores, cuantas angustias, cuantas aflicciones padeció el Divino Pastor en su Cuerpo y en su Alma, todas, todas penetraron hasta lo más vivo el Corazón ternísimo de María (San Buenaventura, Estímulo del amor divino, cap. Del llanto de la Virgen), y la ponían a punto de expirar; pero fortalecida por la divina Omnipotencia, y preservada para mayores penas y para mayores beneficios de su amada grey, permanece constante al pie de la Cruz, donde su afligidísimo Corazón es penetrado de la cruel lanza que abrió el costado de su difunto Jesús. ¡Ah!, ¡aquí es donde esta madre del amor y del dolor se deja ver como viva muerta (San Bernardo, Del lamento de la Virgen)! Hace como buena madre los obsequios correspondientes al cuerpo difunto de su santísimo Hijo: lo coloca en el sepulcro, y sepultando allí su amante Corazón, queda en su soledad como muerta viva: viviendo muere y muriendo vive. Crece mas y mas su dolor, derramando por sus purísimos ojos la sangre de su herido Corazón (Revelaciones de Santa Brígida, cap. X). Dolor tan grande, que él solo si se hubiese distribuido entre todas las criaturas capaces de sentimiento, todas hubieran repentinamente muerto (San Bernardo, tomo I. Sermón , art. 3). Dolor en cuya comparación cuanto padecieron todos los mártires fue leve, o ciertamente nada (San Anselmo, De las excelencias de la Santísima Virgen). Dolor que proveniente de su inmenso amor, fuerte como la muerte, la constituye valerosa mártir, más que mártir, y reina de todos los mártires. Grande martirio; cruel espectáculo; estupenda demostración del amor de la Santísima Virgen María; amor más fuerte que la muerte, pues hizo suya la muerte de Cristo (San Sofronio, en San Jerónimo). Propia, legítima y buena Pastora, dió con su amado Hijo y esposo, el Divino Pastor, la vida por sus ovejas; y reservada con vida por su omnipotente mano para continuar los cuidados de la grey en su ausencia, esta Divina Pastora prosiguió con su invencible e inagotable amor por el tiempo de veintiún años, cuatro meses y diez y nueve dias que sobrevivió viadora (V. Madre María de Jesús de Ágreda, Mística ciudad de Dios, 3. parte, libro tercero, cap. XIX), no solamente cuidando de la grey y de sus pastores en el establecimiento y progreso de la Iglesia, y participando de las persecuciones de sus enemigos; sino también practicando devotos ejercicios de las memorias de la Pasión del Señor, en los cuales cada viernes sufria todos los tormentos y amarguras de la muerte, renovándose en su amante Corazón cuanto padeció en el Calvario. Este amor a sus ovejas viadoras en la militante Iglesia lo continúa eficazmente en su excelso trono. Allí su poderosa intercesión ha alcanzado y alcanza de su divino esposo el Espíritu Santo el don de fortaleza a todos los mártires, y a los pastores que tan generosamente han dado su vida por las ovejas: y para hacernos una demostración evidentísima entre otras muchas de su constante amor a la grey, quiso tener unos particulares pastores suyos, que a costa de su propia vida socorriesen a las ovejas más afligidas, los pobres cautivos cristianos, que oprimidos bajo el poder de diversos tiranos agitados del lobo infernal miserablemente perecían. De su glorioso trono descendió a la tierra y comunicando de los ardores de su inmenso amor a su amado San Pedro Nolasco, ella misma bajo el estandarte de tan buen pastor, fundó el religioso militar orden de la Merced, para especial cuidado de estas cautivas afligidas ovejas de su amada grey, ligados todos sus religiosos con el insigne voto de entregarse en prendas, expuestas sus vidas al poder de los tiranos por la libertad de su cautiverio, siempre que fuese necesario. Humildemente penetrados de tanto beneticio de nuestra Divina Pastora, acabemos de conocer que le somos deudores de todo nuestro bien; pues ella alcanzó la reparación de todo el mundo, e impetró la salud de todos con su eficaz solicitud por todo el género humano (San Bernardo, Sermón 1 de la Asunción), y que ella es la cierta esperanza de los desamparados, el seguro puerto de los naufragantes, y el único indefectible amparo de los destituidos de auxilio (San Efrén de Siria, De las alabanzas de la Santísima Virgen). Arrojémonos a sus benditos pies, y poniendo en ellos nuestro corazón contrito y humillado, presentémoselo ofreciéndole lo más precioso que tenemos, y lo que somos, y de buena voluntad a nosotros mismos (San Bernardino, Sermón 3 de la Purificación). Muera nuestra dominante Pasión, y todos nuestros desordenados apetitos: ya no vivamos sino para Jesús que dio su vida por todos (2. Cor. 5): sigamos las huellas de nuestra Divina Pastora, que también dio la suya con Jesús: y estimándonos muertos al pecado, vivamos solo para Dios en Cristo Jesús (Rom. 6). Pidamos a la Señora nos alcance esta gracia. Breve pausa para hacer esta petición, con el propósito de trabajar para vencer la pasión dominante.
ORACIÓN
Amantísima Virgen María, Divina Pastora de nuestras almas; si los santos Doctores se confesaron ignorantes para alabar tus insignes beneficios, ¿cómo podremos nosotros hacer una demostración de nuestra gratitud a los que de vos, como buena Pastora, hemos recibido, y especialmente el de haber dado vuestra preciosa vida por nosotros ovejas errantes, que tantas veces hemos venido al estado de la oveja que perece? Contritos y arrepentidos de nuestros yerros, hoy venimos a tributaros nuestras rendidas gracias y buscar los auxilios eficaces que necesitamos, para perfeccionar nuestra conversión y perseverar hasta el fin en nuestros buenos propósitos. Venimos llenos de respetuosa confianza, y enseñados de los Santos que ilustrados de la divina sabiduría, conocieron tus excelsos dones, y admirables prerrogativas, clamamos de lo íntimo de nuestro compungido corazón, a vos, ¡oh Divina Pastora!, que pariste para nosotros, y nos diste al Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo. A vos, Señora, la mujer fuerte, reparadora de los daños que nos causó la primera mujer; a vos que sois la causa de nuestra vida, por quien fue engendrada la vida para nosotros, por quien el Hijo de Dios vino al mundo, para que donde abundó el pecado, sobreabundase la gracia, y que de donde procedió la muerte, de allí mismo procediese la vida, subrogándose la vida por la muerte (San Epifanio, libro 3, Herejía 75, en medio). A vos, Señora, en debido reconocimiento demuestra gratitud, venimos reiterando reverentemente y uniendo nuestros afectos con los de todos los santos; seas por siempre alabada, santa Madre de Dios. Tú eres la perla preciosa de todo el orbe de la tierra; tú la lámpara inextinguible;; real cetro de la recta fe; Templo indisoluble que contiene en sí al que ninguno puede contener; Madre y Virgen por quien vino en el nombre del Señor el bendito fruto de tu vientre, que es nominado en los santos Evangelios; por ti es santificada la Trinidad; por ti la Cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el mundo, por ti se llena de regocijo el Cielo, se alegran los ángeles y arcángeles, se ahuyentan los demonios, y el mismo hombre vuelve a ser llamado para el Cielo; por ti es convertida al conocimiento de la verdad toda criatura detenida en el error de la idolatría: por ti vinieron los fieles a recibir el santo Bautismo: por ti se han construido iglesias en toda la tierra, y con tu poderosa ayuda vienen las gentes a penitencia; pues por ti el Hijo Unigénito de Dios, luz verdadera, iluminó a los que estaban sentados en las tinieblas, por ti vaticinaron los Profetas, y por ti predicaron los Apóstoles la eterna salud (San Cirilo de Alejandría, Homilía contra Nestorio). Oh María, Pastora amantísima de nuestra almas; a vos, Señora, pedimos el remedio de todas nuestras necesidades: tenéis a vuestros pies estas ovejas convertidas. Pedimos pastores amantes capaces de dar la vida por las ovejas: pedimos ministros idóneos, que con el divino auxilio, y con vuestra poderosa intercesión trabajen constantes hasta conseguirse la divina promesa de un pastor y un redil: pedimos ciencia, celo, salud y fuerzas para todos los Pastores que en esta vida nos conducen a la eterna; y pedimos la estabilidad y aumento de vuestra insigne religión destinada al amparo de las ovejas cautivas. Todos, ¡oh Divina Pastora!, experimentamos vuestra ayuda en todas las tribulaciones de nuestra peregrinación, con que caminemos seguros hasta entrar a ser numerados en la grey de los electos que están en la posesión de la gloria. Amén.
Recemos tres veces el Ave María rogando al Señor por la intercesión de la Santísima Virgen nos conceda buenos pastores e idóneos ministros, y por la estabilidad del orden de la Merced.

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