martes, 24 de agosto de 2021

LA PRIMERA IGLESIA NO ERA COMO ES HOY LA IGLESIA CONCILIAR

Informa el Consejo del Episcopado Latinoamericano (CELAM) que entre el 7 y el 10 de Septiembre próximo adveniente se realizará en Santiago de León de Caracas, Venezuela, el “II Seminario Internacional de Teología: La Renovación en Clave sinodal y ministerial – Caminando al sínodo de los obispos”, organizado por el Grupo Iberoamericano de Teología y coordinado por el presbítero argentino Carlos Federico Schickendantz y los venezolanos María Irene Nesi FMA y Rafael Luciani Rivero.
   
   
Ahora bien, María Irene Mesi FMA (foto), directora del Instituto Nacional de Pastoral de la Conferencia Episcopal Venezolana, en entrevista a CELAM decía respecto del eterno fantasmón bergogliano llamado “clericalismo” en Latinoamérica, arraigado incluso entre los laicos:
«la Iglesia de nuestro continente es una Iglesia que nace del Concilio de Trento, sin tradición previa. En más de quinientos años de vida el respeto al ministro ordenado, la obediencia y sumisión a su autoridad se han internalizado en la conciencia eclesial de pastores y fieles.
    
El Concilio Vaticano II, hace ya 60 años, abrió nuevos caminos que llevan a los orígenes de la misma Iglesia… sin embargo se nota una cierta involución en el camino de renovación de los primeros años postconciliares.
    
Romper estos patrones requiere un laicado consciente de la común dignidad de todos en el Pueblo de Dios que nos confiere el Bautismo. Requiere de procesos formativos de los futuros sacerdotes marcados por la conciencia de que el ministerio ordenado está al servicio de la comunión y la participación en la Iglesia.
   
En este sentido la práctica de la sinodalidad a todos los niveles: desde las parroquias hasta los niveles diocesanos y nacionales y más allá, requiere y promueve esta horizontalidad que nace de valorar la pertenencia al Pueblo de Dios y la corresponsabilidad en la planificación y realización de la misión de la Iglesia».
El proceso de evangelización en la América Hispana, si bien estuvo marcado por el Concilio de Trento, para la época de este (1545-1563) ya tenía por lo menos cinco décadas de andadura. Lo que sí es que las disposiciones tridentinas se aplicaron rápida y totalmente porque España (que fue el país que más apoyó el Concilio y tuvo un peso dominante en las deliberaciones).
   
Al respecto de la obediencia y sumisión (en lo que permita la ley de Cristo y las sanas costumbres, no absoluta como insinúa Nesi) al sacerdote por los fieles, esta nace por el hecho de ser por su medio que Dios nuestro Señor infunde la gracia santificante por medio de los Sacramentos. Incluso, en la Sagrada Escritura se insiste, en ambos Testamentos, el respeto a los ministros de Dios y retribuirles por su ministerio (Eclesiástico VII, 31-33; I Timoteo V, 17-19), como parte que es del cuarto Mandamiento de la Ley de Dios: «Honrar a padre y madre».
    
Finalmente, y esto es el meollo del asunto, el Vaticano II, lejos de pretender «abri[r] nuevos caminos que llevan a los orígenes de la misma Iglesia», terminó abriéndolos a la Apostasía (que en Latinoamérica específicamente, se expresa, entre otros y fuera de la proverbial apostasía hacia el protestantismo –principalmente pentecostal y pos-pentecostal–, la “Nueva Era” y el ateísmo, en la “Teología de la Liberación” de Gustavo Gutiérrez Merino OP –y su variante la “Teología del Pueblo” o “Teología de la Cultura” de Lucio Gera Favaro–, las Conferencias Generales de Medellín 1968, Puebla 1979 y Aparecida 2007, la “inculturación” de Pedro Arrupe y Gronda SJ, el mismo Francisco Bergoglio). Además, la primera Iglesia, con todo y las persecuciones de paganos y judíos, tenía un claro referente moral y doctrinal como vemos en los Hechos de los Apóstoles, las 14 Epístolas Paulinas y las Epístolas Católicas (una de San Santiago el Menor, dos de San Pedro, tres de San Juan y una de San Judas Tadeo), no como la Iglesia posconciliar al Deuterovaticano, que funda sus herejías y sacrilegios en el deletéreo “Espíritu del concilio” más que en su ambigua letra.
    
Y la noción del Pueblo de Dios (que para los conciliares va más allá de la Iglesia Católica subsistente en –que no identificada con– la Iglesia de Cristo, porque abarca a la humanidad entera) es el pretexto que usan los pseudo-obispos (siendo hoy Francisco Bergoglio el primero de todos), presbíteros y laicos en consejos parroquiales para justificar sus cacicadas y demandar a los fieles obediencia ciega y sumisión servil, amenazando con la “misericordia” de las sanciones canónicas y el extrañamiento a quienes cuestionan sus tiránicos designios (ejemplos recientes son Mayagüez, Puerto Rico, La Serena, Chile y Alajuela, Costa Rica). Ése es el “clericalismo” actualmente, señora Nesi, y que Vd. –inconscientemente– pretende defender.
    
JORGE RONDÓN SANTOS
24 de Agosto de 2021 (Año Mariano “Espada de Lepanto”).
Fiesta de San Bartolomé, Apóstol y Mártir; de San Ptolomeo y San Romano, Obispos de Nepi y Mártires de la Fe; de San Cuadrato Obispo y compañeros (Santos Mártires de Útica); de San Audoeno, Obispo de Ruán; de San Patricio, abad de Nevers; de San Jorge Limniota, Mártir de la Fe; de San Eutiquio, Obispo y Mártir de la Fe; de Santa Áurea de Ostia, Virgen y Mártir. Tránsito de Santa Rosa de Santa María (en el siglo Isabel Flores de Oliva) TOSD, Virgen y co-patrona de Lima; de Santa Emilia de Vialar, Virgen y Fundadora; de Santa Juana Antida Thouret, Virgen y Fundadora; de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento (en el siglo María de la Soledad Micaela Desmaissières y López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán), Virgen y Fundadora; y de la bienaventurada María de la Encarnación del Corazón de Jesús (en el siglo Vicenta Rosal Vásquez), Virgen y Reformadora de la 2.ª Orden Betlemita. Conquista de Montoro por San Fernando rey de Castilla; Conquista de Malaca por Alfonso de Alburquerque; Descubrimiento del Valle de San Bartolomé de los Alcázares del Aburrá por el Teniente Jerónimo Luis Tejelo; Fundación del Carmelo de San José (Ávila) por Santa Teresa de Jesús, y nacimiento de la Orden Carmelita Descalza; Fundación de la villa de San Bartolomé de Tuluá por Juan de Lemos y Aguirre; Final del Sitio de Cádiz; Firma del Tratado de Córdoba por Agustín de Itúrbide y el virrey Juan José O’Donojú y O’Ryan; Victoria Carlista en la Batalla de Villar de los Navarros.

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