domingo, 2 de octubre de 2022

CURIOSIDAD LITÚRGICA: EL PEINADO ANTES DE LA MISA

Os parecerá una locura y ocasión de vanidad, pero en la Edad Media, los peines eran parte importante de la preparación del sacerdote antes de la Misa.
  
El padre Félix de Alamín, en su obra El retrato del verdadero Sacerdote y manual de sus obligaciones, parte III, cap. XXII, expone que uno de los principales defectos que debe evitar el sacerdote es llevar largo el cabello y tener guedejas, cosa que fue prohibida desde los tiempos apostólicos y que citan los Papas San Clemente y San Aniceto en sendos decretos, lo mismo que el IV Concilio de Cartago en su canon 44.º: «Cléricus, nec coman nútriam» (Que los clérigos no críen cabellera).
 
Aparte del fin práctico que se podría suponer, el peinarse antes de la celebración significaba la pureza interior y la decencia exterior con que se dispone el sacerdote para las funciones litúrgicas, y en tal sentido se ha conservado esta práctica en el Pontifical Romano tradicional, donde el Obispo recién consagrado es peinado por los ministros, y el peine le es entregado a él después de la consagración. Frecuentemente, se han encontrado estos peines en tumbas de obispos medievales.

Los peines litúrgicos medievales eran de mejor fábrica que los de uso seglar, porque estaban hechos de una sola pieza de marfil o de oro (en Madrid se conserva uno de madera de castaño), eran adornados con tallas de escenas religiosas y tenían por lo general dos filas de dientes (también hubo de una sola, como el peine de San Heriberto). Algunos incluso eran venerados como reliquias, como el peine de San Atilano, conservado en la iglesia arciprestal de San Pedro y San Ildefonso de Zamora; o eran hechos para albergar reliquias, como uno que fue hecho para conservar un cabello de la Virgen, y que se encuentra en el museo de la Catedral de Valencia.
  
Relicario del cabello de la Virgen (Museo de la Catedral de Valencia).
  
Para esta ceremonia, en cuanto preparación de la Misa, el antiguo Misal de Lund (año 1514) establecía la oración «Córripe me, Dómine, in misericórdia tua; óleum áutem peccatóris non impínguet caput meum» (Corrígeme, Señor, en tu misericordia; que el pecador no unja con óleo mi cabeza), proveniente del Salmo 140; mientras que el antiguo Pontifical de París tenía esta otra: «Intus, extériusque caput meum, totúmque corpus et mentem meam, tuus, Dómine, purget et mundet Spíritus almus» (Que tu Santo Espíritu, Señor, purifique y limpie por dentro y por fuera, mi cabeza, y todo mi cuerpo y alma).
  
En el rito romano, la práctica desapareció en el siglo XVIII (aunque en el Tesoro de la Catedral de Aquisgrán se conserva uno fabricado en 1936), mientras que en los ritos orientales, se conserva hasta nuestros días. En el Rito Bracarense aún se mantiene esta práctica:
Cuando el Sacerdote estuviere preparado para celebrar la Misa, entrando a la sacristía, antes de tomar los sagrados ornamentos, se peinará el cabello diciendo:
Intérius, extériusque, caput meum totúmque corpus simul et mentem meam, tuus, Dómine, emúndet et répleat Spíritus [Que tu Espíritu, Seño, purifique y llene, por dentro y por fuera, mi cabeza, y todo mi cuerpo y mi alma]. Amen.
Peine litúrgico representando a San Jorge, hecho en 1936 (Tesoro de la catedral de Aquisgrán).

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