viernes, 3 de diciembre de 2021

MEDITACIONES PARA EL ADVIENTO, NAVIDAD Y EPIFANÍA (DÍA SEXTO)

Meditaciones dispuestas por San Alfonso María de Ligorio, y traducidas al Español, publicadas en Barcelona por la imprenta de Pablo Riera en 1859. Imprimátur por D. Juan de Palau y Soler, Vicario General y Gobernador del Obispado de Barcelona, el 30 de Octubre de 1858.
     
MEDITACIÓN 6.ª: Creávit Dóminus novum super terram (El Señor ha criado una cosa nueva sobre la tierra. Jeremías XXX1, 22).
Antes de la venida del Mesías, el mundo estaba sepultado en una noche tenebrosa de ignorancia y de pecados. Apenas el verdadero Dios era conocido en un solo ángulo de la tierra, a saber, en la Judea. En lo restante reinaba la más espantosa idolatría. Todo lo ocupaba la noche del pecado, el cual ciega a las almas y las llena de vicios, y las priva de ver el miserable estado en que viven, enemigas de Dios, condenadas al Infierno; pudiendo decir con el Salmista: Pusiste tinieblas, y fue hecha la noche; en ella transitarán rodas las bestias de la selva (Salmo CIII, 20). De estas tinieblas, pues, vino Jesús a libertar el mundo. Lo libró de la idolatría, dando a conocer al verdadero Dios, y lo libró del pecado con la luz de su doctrina y de sus divinos ejemplos; pues como dice San Juan: Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo (Epístola 1.ª, III, 8). Predijo el profeta Jeremías que Dios debía crear un nuevo niño, para ser el Redentor de los hombres: Creávit Dóminus novum super terram (Jeremías XXX1, 22). Este nuevo niño fue Jesucristo; él es el Hijo de Dios, que enamora al paraíso, y es el amor del Padre, el cual habló de esta manera: Este es mi Hijo el amado, en quien yo mucho me he complacido (San Mateo XVII, 5). Y este Hijo es aquel que se ha hecho niño, habiendo dado más gloria y honor en el primer momento que ha sido criado, que le han dado y estarán para darle todos los Ángeles y Santos juntos por toda una eternidad. Por esto en el nacimiento de Jesús cantaron los Ángeles: Gloria a Dios en las alturas. Ha dado, repito, a Dios más gloria Jesús aun niño, que le quitaron todos los pecados de los hombres. Cobremos, pues, ánimo nosotros pobres pecadores, ofrezcamos al eterno Padre este Infante, presentémosle las lágrimas, la obediencia, la humildad, la muerte y los méritos de Jesucristo, y recompensaremos a Dios las injurias que le hemos hecho con nuestras ofensas.
    
AFECTOS Y SÚPLICAS 
¡Ah mi Dios eterno! Yo os he deshonrado posponiendo tantas veces vuestra voluntad a la mía, y vuestra santa gracia a mis viles intereses y miserables satisfacciones ¿Qué esperanza de perdón habría para mí, si Vos no me hubiéseis dado a Jesucristo precisamente a este fin, para que fuese la esperanza de nosotros pecadores? Él es, dice el Apóstol, propiciación por los pecados nuestros. Sí, porque Jesucristo sacrificándoos la vida en satisfacción de las injurias que nosotros os hemos hecho, os ha dado más honor que nosotros deshonra con nuestros pecados. Recibidme, pues, ¡oh Padre mío!, por amor de Jesucristo. Me arrepiento, oh bondad infinita, de haberos ultrajado: He pecado contra el cielo y en vuestra presencia; no soy digno de llamarme hijo tuyo. Ciertamente yo no soy digno de perdón, pero es digno Jesucristo de ser oído de Vos. Él os rogó por mí un día en la cruz: Pater ignósce, y ahora en el Cielo os está diciendo que me recibais por hijo: Tenemos por abogado con el Padre a Jesucristo, que intercede por nosotros, dice San Juan (Epístola 1.ª, II, 1). Recibid un hijo ingrato que antes os dejó, mas ahora vuelve resuelto a amaros otra vez. Sí, Padre mio, yo os amo, y quiero siempre amaros. ¡Ah! Padre mío, ahora que he conocido el amor que me habeis tenido, y la paciencia con que me habeis sufrido tanlos años, no me fío de vivir más sin amaros. Dadme un grande amor, que me haga siempre llorar los disgustos que he dado a Vos, Padre mío, tan bueno, y me haga siempre arder de amor hacia un Padre tan amante. Padre mío, yo os amo, yo os amo, yo os amo. ¡Oh María! Dios es mi Padre, y Vos sois mi Madre. Todo lo podéis con Dios, ayudadme, alcanzadme la santa perseverancia y su santo amor. 

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