domingo, 17 de diciembre de 2023

EL COLOR ROSA EN LA LITURGIA

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  

Cinco pues son los colores que usa la Iglesia Romana en los sagrados ornamentos de los eclesiásticos, que en los adornos y ornamentos de los templos sagrados y de los altares, como serían los palios, los conopeos, los cortinajes, los damascos y los ornamentos con que se adornan las paredes para distinguir los oficios, las misas, los distintos misterios, los tiempos y las fiestas. La determinación de los cinco colores: blanco, rojo, verde, morado y negro, además del rosa, principalmente para la Capilla Pontificia, esto es, para el cuarto domingo de Cuaresma y el tercero del Adviento, tanto para el Papa en la capa pluvial, como para los cardenales en los hábitos cardenalicios y los sagrados ministros en los ornamentos, como también en el frontal del altar y el paño sobre el que se pone la Rosa de oro, se remonta al siglo XIII, porque Durán, que murió en el 1296, habla de ella como algo de todos conocido en su Rationale divinorum officiorum lib. 13, pag. 17 [leer Breve historia de los colores litúrgicos].
    
Pero para lo que concierne al color rosáceo, o de rosas secas, nos permitimos agregar a cuanto sobre esto habíamos dicho, la siguiente referencia. El color de rosa seca viene llamado por los griegos Xerampelino (ξηραμπέλινος) y por otros Zalolino. Este color retiene alguna vaguedad del original de la rosa, pero un poco mortificado y menos vivaz.
   
El rosáceo se considera un color entre la púrpura y el color violáceo o violeta y se emplea, como dijimos, en el cuarto domingo de Cuaresma y en el tercero del Adviento. Análogo a la primera se cree precisamente por cuanto se lee en el introito y en el evangelio de la misa y de allí cual solaz y alegría por los ayunos y las penitencias del curso de la Cuaresma y como preparación más gozosa y solemne de la próxima solemnidad pascual, teniendo la rosa tres propiedades singulares: el olor, el color y el sabor, equivalentes a la caridad, a la alegría y a la saciedad espiritual, figura de Jesucristo, verdadera flor del campo.
   
Se quiere aún derivado del cuarto domingo de Cuaresma, el color de rosa seca por la Rosa de oro que es bendecida por el Papa con aquella bella, misteriosa y expresiva oración que informamos en el vol. VIII pág. 276 [leer Recuerdos de un pasado glorioso: La Rosa de Oro y La Capilla Papal del Domingo “de la Rosa”].
   
Así en el tercer domingo del Adviento con el color de rosas secas entiende la Iglesia prepararse a otra fiesta solemne, pero con menores demostraciones, en expectación de la venida del Salvador anunciado por los profetas con suspiros y deseos fervorosísimos.
  
Caballero GAETANO MORONI, Dizionario di erudizione storico-ecclesiastica, vol. XV, Tipografia Emiliana, Venezia, 1842, pp. 12, 15.

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