domingo, 31 de diciembre de 2023

OTRO MITO: RATZINGER EL MARIÓLOGO CATÓLICO

Traducción del artículo publicado por el Dr. Thomas A. Droleskey en CHRIST OR CHAOS.
  
NACE OTRO MITO DE RATZINGER: RATZINGER, EL MARIÓLOGO CATÓLICO
   
Como el tiempo disponible para mí es bastante limitado, ya no busco informarme sobre los últimos eventos dentro de la locura de la iglesia contrahecha del conciliarismo fuera de algunas perdidas alertas noticias que emergen en mi pretendido teléfono “inteligente” una y otra vez. Así, no fue hasta que recibí una llamada telefónica de un católico bien informado que estaba buscando mi juicio sobre una pretendida aparición del fallecido Joseph Alois Ratzinger/Benedicto XVI a una religiosa en Colombia.
   
Basta decir que el contenido de la alegada aparición es absurda en su cara porque la religiosa está afirmando, entre otras cosas, que Ratzinger/Benedicto había escrito una encíclica proclamando a la Santísima Virgen como Corredentora, Medianera y Abogada, pero que sus “enemigos” la habían “quemado”, un término en cambio pasado de moda dada la digitalización de textos. Si el fallecido Neoteólogo alemán escribía sus documentos a mano alzada o en la computadora, es algo completamente irrelevante pues el punto de este comentario relativamente breve es recordarle a los pocos lectores que quedan de este sitio web que Joseph Alois Ratzinger/Benedicto XVI no era mariano en lo más mínimo y fue uno de los tres principales co-conspiradores (junto con el fallecido Ángelo Sodano y el igualmente pasado Tarsicio Bertone) en la deconstrucción y deliberada tergiversación del Tercer Secreto de Fátima.

Ahora, el Tercer Secreto de Fátima no es un artículo del Credo. Uno puede salvar su alma inmortal sin estar inmerso en la controversia que hay a su alrededor. Sin embargo, alguien que afirme que Joseph Alois Ratzinger/Benedicto era totalmente capaz de redactar una encíclica proclamando que la Santísima Virgen es lo que Ella es (Corredentora, Medianera y Abogada) está engañándose porque él trabajó horas extra para deconstruir el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima. Nadie que ama a la Virgen pretendería hacer tal cosa ni haría aparecer en su “interpretación” de sus apariciones en la Cova da Iría cerca a Fátima (Portugal), que comenzaron el 13 de Mayo de 1917, era una “luz interior” dada a Jacinta y Francisco Marto y su prima, Lucía dos Santos.
   
El siguiente resumen del esfuerzo Sodano-Bertone-Ratzinger para deconstruir el Tercer Secreto de Fátima fue proporcionado en el libro titulado La última batalla del diablo, escrito por los que están en el campo de reconocer y resistir, hace diez y ocho años:
Es esta parte del Tercer Secreto que movió a los revolucionarios conciliares a llevar a cabo sus taimados y a veces transparentes esfuerzos para replicar dentro de los muros del Vaticano, que actualmente es territorio ocupado conciliar, lo que Arturo de Oliveira Santos hizo en Ourem: silenciar el Mensaje de Fátima de una vez por todas. Considerar estos pasajes de La batalla del diablo en Fátima, editado por el padre Paul Kramer, publicado por Good Counsel Publications en 2002:
Primero: Después de la reorganización de la Curia Romana realizada bajo el Pontificado de Pablo VI, el Cardenal Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, es actualmente la persona más poderosa en la Iglesia; y, como tal, debido especialmente a la precaria salud del Sumo Pontífice, es quien, de hecho, administra los asuntos cotidianos de la Iglesia.
   
Segundo: Como consecuencia de las mismas reformas curiales del Papa Pablo VI, el Cardenal Sodano se halla a la cabeza de todos los dicasterios del Vaticano, incluso la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), la cual, cuando se llamaba Santo Oficio estaba bajo la responsabilidad directa del Papa. 
   
Tercero: Fue el Cardenal Sodano el inspirador de aquello que hemos denominado la Línea del Partido sobre Fátima, es decir, la idea errónea de que el Mensaje de Fátima, incluso el Tercer Secreto, está definitivamente superado, y que ya no se debe pedir la Consagración de Rusia. Esto lo sabemos porque:
  • fue el Cardenal Sodano, y no el Papa, quien el 13 de mayo de 2000 anunció al Mundo que se revelaría el Tercer Secreto, pero sólo después de un “Comentario” preparado por la CDF que, repetimos, está bajo su responsabilidad, y
  • la interpretación que le dio el Cardenal Sodano al Tercer Secreto se mencionó cuatro veces en el comentario “El Mensaje de Fátima” (EMF), preparado por la CDF.
Cuarto: El Cardenal Sodano, como administrador, de hecho, de los asuntos cotidianos de la Iglesia, ha fortalecido vigorosamente la nueva orientación de la Iglesia sobre Fátima. Esto lo sabemos porque:
  • fue el Cardenal Sodano quien se responsabilizó de la “interpretación” del Tercer Secreto y de su errónea reducción a una cosa del pasado, junto con todo lo demás del Mensaje de Fátima;
  • al día siguiente de la publicación de EMF, el Cardenal Sodano demostró claramente su adhesión a la nueva orientación de la Iglesia, al invitar a Mijaíl Gorbáchov, el ex dictador soviético pro aborto, a comparecer en el Vaticano, para una mal llamada “conferencia de prensa” (no se permitió hacer preguntas), durante la cual el Cardenal Sodano, Gorbáchov y el Cardenal Silvestrini, sentados lado a lado, elogiaron calurosamente un elemento clave de la nueva orientación, un tema desarrollado por el predecesor de Sodano, el Cardenal Casaroli: la llamada Östpolitik, según la cual la Iglesia, en vez de oponérseles, “mantiene el diálogo” con los regímenes comunistas, y, diplomáticamente, se calla ante la persecución de la Iglesia por dichos regímenes;
  • en 1993, el Cardenal Cassidy, representando al Cardenal Sodano, negoció la Declaración de Balamand, la cual afirma que el retorno de los ortodoxos a Roma representa una “eclesiología anticuada” y fuera de época y, por tanto, según el Cardenal Sodano, también lo sería la Conversión de Rusia a la Fe católica, solicitada por Nuestra Señora de Fátima;
La última batalla del diablo también presentó el papel interpretado por Joseph Ratzinger para deconstruir y tergiversar el Tercer Secreto de Fátima:
Primero: Como principal responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Ratzinger reiteró en innumerables ocasiones su compromiso con la nueva orientación de la Iglesia denominada “la demolición de los baluartes” en un libro que publicó después de haber asumido aquel cargo.
   
Segundo: En conformidad con la tal “demolición de los baluartes”, el Cardenal Ratzinger declaró abiertamente que, en su opinión, el Beato Pío IX y San Pío X adoptaron un enfoque “unilateral” al condenar solemne e infaliblemente el Liberalismo, y que Sus enseñanzas fueron “contrarrestadas” por el Concilio Vaticano II. Afirmó, además, que la Iglesia Católica había desistido de convertir a todos los protestantes y cismáticos, que Ella no tenía derecho de “absorberles las iglesias y las comunidades eclesiales”, sino que debía ofrecerles un lugar en una “unidad en la diversidad”, un punto de vista obviamente inconciliable con la Consagración y la Conversión de Rusia a la Fe Católica. Lo menos que se puede decir es que la opinión del Cardenal Ratzinger muestra indicios de ser herética.
   
Tercero: Uno de los “baluartes” que el Cardenal Ratzinger ha procurado “demoler” es la interpretación tradicional católica del Mensaje de Fátima.
   
Cuarto: El Cardenal Ratzinger procuró demoler el baluarte de Fátima en EMF, comentario que él publicó.
    
Quinto: EMF intenta demoler el contenido auténticamente católico y profético del Mensaje de Fátima, mediante los siguientes fraudes exegéticos:
  • El Cardenal Ratzinger suprimió las palabras “Por fin” de la profecía de la Santísima Virgen «Por fin, Mi Corazón Inmaculado triunfará»
  • El Cardenal Ratzinger también retiró de la profecía de Fátima las palabras que vienen inmediatamente después de aquéllas: «El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al Mundo algún tiempo de paz»
  • Habiendo adulterado deliberadamente las palabras de la Madre de Dios, el Cardenal Ratzinger declaró que el Triunfo del Corazón Inmaculado de María (predicho, es decir, que ocurriría en el futuro) se refería simplemente al Fiat de la Santísima Virgen, pronunciado hace 2.000 años, cuando aceptó ser la Madre del Redentor.
  • De este modo, el Cardenal Ratzinger ignoró conscientemente la profecía de la Virgen sobre cuatro acontecimientos futuros con respecto a la Consagración y a la conversión de Rusia, y, deliberadamente, los fundió en uno solo: el Fiat que pronunció la Virgen en el año 1 a. C.
  • Por lo que atañe a la devoción del Corazón Inmaculado (acerca de la cual Nuestra Señora de Fátima nos dijo que era voluntad de Dios que se estableciese en el mundo), el Cardenal Ratzinger tuvo la desfachatez de afirmar que la devoción al único Corazón Inmaculado, el de María, significa tan sólo seguir Su ejemplo, obteniendo cada uno de nosotros, a través de la “unidad interior” con Dios, nuestro propio “corazón inmaculado”.
  • Con esa grotesca y blasfema “interpretación”, el Cardenal Ratzinger degrada a la misma Madre de Dios, con el objetivo de cortar cualquier vínculo entre la devoción al Corazón Inmaculado de María en todo el Mundo y la exhortación de Nuestra Señora de Fátima para que Rusia se convirtiese a la Religión Católica; en esa nación, la conversión debe ocurrir antes de la auténtica devoción al Corazón Inmaculado, por cuanto la religión ortodoxa rusa rechaza el dogma de la Inmaculada Concepción.
Sexto: El Cardenal Ratzinger, en consonancia con la Línea del Partido del Cardenal Sodano, declaró en EMF que «debemos afirmar con el Cardenal Sodano que los acontecimientos a los que se refiere la tercera parte del “secreto” de Fátima, parecen pertenecer ya al pasado» y también declaró que el Tercer Secreto culminó con el frustrado asesinato [del Papa Juan Pablo II] en 1981.
    
Séptimo: Al adoptar la Línea del Partido, del Cardenal Sodano, sobre el Tercer Secreto, el Cardenal Ratzinger contradice claramente su propio testimonio de 1984 —tres años después del intento de asesinato—, cuando afirmó que el Tercer Secreto es una “profecía religiosa”, que trata de «los peligros amenazando la Fe y la vida del Cristiano, y, por tanto la del Mundo» No hubo en aquella ocasión ninguna insinuación de que el Secreto se refiriese al intento de asesinato de 1981, ni a cualquier otro acontecimiento del pasado.
    
Octavo: En apoyo de la Línea del Partido, durante la conferencia de prensa de 26 de junio de 2000, el Cardenal Ratzinger se excedió en las críticas al P. Nicholas Gruner, explicando a la prensa mundial que “él debe someterse al Magisterio” y aceptar la alegada Consagración del Mundo en 1984 como siendo una Consagración de Rusia. Es decir: Según el Cardenal Ratzinger, el P. Gruner tiene que someterse a la Línea del Partido del Cardenal Sodano. Tal alegación es falsa, porque no hubo ninguna manifestación autorizada del Magisterio que obligase a eso: ni del Papa, ni de un Concilio, ni del Magisterio Ordinario y Universal.
   
Noveno: En resumen, poniendo en práctica la Línea del Partido, abusó deliberadamente de su cargo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe para dar una falsa impresión de peso y validad teológicos a una vergonzosa “deconstrucción” del Mensaje de Fátima, un esfuerzo tan sensacionalista que hasta el periódico Los Ángeles Times, en su reportaje sobre EMF y la conferencia de prensa del 26 de junio de 2000, colocó el siguiente subtítulo: «El más insigne teólogo del Vaticano demolió con guante blanco el relato de una Monja sobre la visión que tuvo en 1917 y que alimentó la especulación por varias décadas» (La última batalla del diablo -edición inglesa-, págs. 230-233).
La última batalla del diablo presenta preguntas adicionales sobre la línea de partido del Vaticano conciliar sobre el Tercer Secreto de Fátima en las págs. 284-285:
26 de junio de 2000: en una conferencia de prensa, el Vaticano publica un texto que, según afirma, constituye el Tercer Secreto completo. El texto describe una visión en la que el Papa (un “obispo de blanco”) es asesinado por un grupo de soldados que lo derriban a tiros mientras está arrodillado al pie de una gran cruz de madera en lo alto de una colina, después de haber atravesado medio camino. ciudad en ruinas llena de cadáveres. A la ejecución del Papa le sigue la ejecución de muchos obispos, sacerdotes y laicos.
   
Abundan las preguntas (Ver artículo “There Two Original Manuscripts on the Third Secret?” [¿Existen dos manuscritos originales del Tercer Secreto?], por Andrew M. Cesanek en The Fatima Crusader, n.º 64, Primavera de 2000) Entre esas preguntas está por qué la visión publicada no contiene palabras de Nuestra Señora, a pesar de que, cuando anunció la supresión del Secreto en 1960, el propio Vaticano se refirió a «las palabras que Nuestra Señora confió a los niños como un secreto». La visión no menciona las palabras que claramente siguen: «En Portugal se preservará siempre el dogma de la fe, etc.», la frase que Sor Lucía incluyó en su cuarta memoria como parte del texto integral del Tercer Secreto de Fátima. La frase relativa al dogma de la fe en Portugal es misteriosamente degradada a una nota a pie de página en el comentario vaticano sobre el Secreto, donde es ignorada tanto por el Cardenal Ratzinger como por Mons. Bertone, los coautores del comentario.
   
La parte del comentario del cardenal Ratzinger afirma específicamente que él y Mons. Bertone sigue la “interpretación” dada por el cardenal Sodano: es decir, que el Mensaje de Fátima, y ​​en particular el Tercer Secreto, se refiere enteramente a acontecimientos que ahora pertenecen al pasado. En consecuencia, el cardenal Ratzinger afirma que la salvación del Papa de la muerte en 1981 es lo que se describe en la visión del Papa siendo asesinado. Incluso los medios seculares reconocen la falsedad de esta interpretación.
    
El texto publicado de la visión no contiene ninguno de los elementos descritos por el Cardenal Ratzinger en su entrevista misteriosamente censurada de 1984 en la  revista Jesús. La visión publicada no dice nada sobre «los peligros que amenazan la fe y la vida del cristiano y por tanto del mundo», nada sobre «la importancia del fin de los tiempos», nada sobre lo que está contenido «en muchas otras apariciones marianas» aprobadas por la Iglesia, y nada sobre profecías «anunciadas en las Escrituras». Además, mientras el cardenal Ratzinger dijo en 1984 que el Tercer Secreto contiene una “profecía religiosa”: una declaración que hizo tres años después del atentado contra la vida del Papa, ahora afirmará que no hay ninguna profecía, sino sólo una descripción de acontecimientos pasados, que culminaron en el intento de asesinato de 1981.
        
Además, el comentario del cardenal Ratzinger escandaliza a los fieles al afirmar que el triunfo del Inmaculado Corazón de María no es más que el amor venciendo bombas y cañones, y que la devoción al Inmaculado Corazón no significa más que que cada persona haga la voluntad de Dios y adquiera así un “corazón inmaculado” propio. La conversión de Rusia al catolicismo y la difusión de la devoción al único Inmaculado Corazón de María en todo el mundo ni siquiera se mencionan en el comentario del Cardenal Ratzinger.
¿Estás convencido del hecho que Joseph Alois Ratzinger era un enemigo del verdadero mensaje de Nuestra Señora de Fátima?
   
¿No?
   
Bueno, considera sus propias palabras en Fátima hace trece años:
«Hermanos, al escuchar estas revelaciones místicas tan inocentes y profundas de los Pastorcillos, alguno podría mirarlos con una cierta envidia porque ellos han visto, o con la desalentada resignación de quien no ha tenido la misma suerte, a pesar de querer ver. A estas personas, el Papa les dice lo mismo que Jesús: “Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios” (Mc 12, 24). Las Escrituras nos invitan a creer: “Dichosos los que crean sin haber visto” (Jn 20, 29), pero Dios —más íntimo a mí de cuanto lo sea yo mismo (cf. S. Agustín, Confesiones, III, 6, 11)— tiene el poder para llegar a nosotros, en particular mediante los sentidos interiores, de manera que el alma es tocada suavemente por una realidad que va más allá de lo sensible y que nos capacita para alcanzar lo no sensible, lo invisible a los sentidos. Por esta razón, se pide una vigilancia interior del corazón que muchas veces no tenemos debido a las fuertes presiones de las realidades externas y de las imágenes y preocupaciones que llenan el alma (cf. Comentario teológico del Mensaje de Fátima, 2000). Sí, Dios nos puede alcanzar, ofreciéndose a nuestra mirada interior.
   
Más aún, aquella Luz presente en la interioridad de los Pastorcillos, que proviene del futuro de Dios, es la misma que se ha manifestado en la plenitud de los tiempos y que ha venido para todos: el Hijo de Dios hecho hombre» (Homilía en la pretendida Misa sobre la explanada del Santuario de Nuestra Señora de Fátima).
Es muy significativo que el fallecido apóstata citase su propio Comentario teológico sobre el Mensaje de Fátima de diez años antes mientras él intentaba decir, aunque en la forma oscurantista de un modernista, que la Fe es solamente una cuestión de sentidos (no hay lugar aquí para el intelecto) y que los tres pastorcitos tenían una “Luz dentro de ellos” que los hacía “ver” interiormente a Nuestra Señora, significando, por supuesto, que Ella no estaba verdaderamente en forma física visible a sus ojos corpóreos. Y esto dejando a un lado la frase “el futuro de Dios” que ningún papa había dicho jamás en una manera tan absurda. Un católico puede hablar de la posesión futura de la gloria de la Visión Beatífica de Dios Padre, Dios Hijo, y Dios Espíritu Santo. Alguien que tenga una mente católica no habla del “futuro de Dios” porque Él es sin principio ni fin.
   
¿Cómo se conectaba el Comentario teológico sobre el Mensaje de Fátima con las palabras de Ratzinger/Benedicto en 2010 para justificar la conclusión de que él no cree que la Virgen realmente se apareciese físicamente a los ojos de Jacinta y Francisco Marto y Lucía dos Santos? Considera este pasaje de aquel Comentario teológico sobre el Mensaje de Fátima:
«Antes de ocuparnos de una interpretación del mensaje de Fátima, debemos aún intentar aclarar brevemente un poco su carácter antropológico (psicológico). La antropología teológica distingue en este ámbito tres formas de percepción o “visión”: la visión con los sentidos, es decir la percepción externa corpórea, la percepción interior y la visión espiritual (vísio sensíbilisimaginatívaintellectuális). Está claro que en las visiones de Lourdes, Fátima, etc. no se trata de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las figuras, que se ven, no se hallan exteriormente en el espacio, como se encuentran un árbol o una casa. Esto es absolutamente evidente, por ejemplo, por lo que se refiere a la visión del infierno (descrita en la primera parte del “secreto” de Fátima) o también la visión descrita en la tercera parte del “secreto”, pero puede demostrarse con mucha facilidad también en las otras visiones, sobre todo porque no todos los presentes las veían, sino de hecho sólo los “videntes”. Del mismo modo es obvio que no se trata de una “visión” intelectual, sin imágenes, como se da en otros grados de la mística. Aquí se trata de la categoría intermedia, la percepción interior, que ciertamente tiene en el vidente la fuerza de una presencia que, para él, equivale a la manifestación externa sensible.
    
Ver interiormente no significa que se trate de fantasía, como si fuera sólo una expresión de la imaginación subjetiva. Más bien significa que el alma viene acariciada por algo real, aunque suprasensible, y es capaz de ver lo no sensible, lo no visible por los sentidos, una especie de visión con los “sentidos internos”. Se trata de verdaderos “objetos”, que tocan el alma, aunque no pertenezcan a nuestro habitual mundo sensible. Para esto se exige una vigilancia interior del corazón que generalmente no se tiene a causa de la fuerte presión de las realidades externas y de las imágenes y pensamientos que llenan el alma. La persona es transportada más allá de la pura exterioridad y otras dimensiones más profundas de la realidad la tocan, se le hacen visibles. Tal vez por eso se puede comprender por qué los niños son los destinatarios preferidos de tales apariciones: el alma está aún poco alterada y su capacidad interior de percepción está aún poco deteriorada. “De la boca de los niños y de los lactantes has recibido la alabanza”, responde Jesús con una frase del Salmo 8 (v. 3) a la crítica de los Sumos Sacerdotes y de los ancianos, que encuentran inoportuno el grito de “hosanna” de los niños (Mt. 21, 16).
   
La “visión interior” no es una fantasía, sino una propia y verdadera manera de verificar, como hemos dicho. Pero conlleva también limitaciones. Ya en la visión exterior está siempre involucrado el factor subjetivo; no vemos el objeto puro, sino que llega a nosotros a través del filtro de nuestros sentidos, que deben llevar a cabo un proceso de traducción. Esto es aún más evidente en la visión interior, sobre todo cuando se trata de realidades que sobrepasan en sí mismas nuestro horizonte. El sujeto, el vidente, está involucrado de un modo aún más íntimo. Él ve con sus concretas posibilidades, con las modalidades de representación y de conocimiento que le son accesibles. En la visión interior se trata, de manera más amplia que en la exterior, de un proceso de traducción, de modo que el sujeto es esencialmente copartícipe en la formación como imagen de lo que aparece. La imagen puede llegar solamente según sus medidas y sus posibilidades. Tales visiones nunca son simples “fotografías” del más allá, sino que llevan en sí también las posibilidades y los límites del sujeto perceptor» (Comentario teológico sobre el Mensaje de Fátima).
En otras palabras, tal como los modernistas afirman que la Fe en sí misma es una cuestión de consciencia interior que viene de adentro, ellos creen que videntes como Santa Bernardita Subirous y Jacinta y Francisco Marto y Lucía dos Santos habían tenido experiencias reales pero necesariamente “subjetivas” que no tenían una realidad visible y espacial actual con los ojos del cuerpo.
   
Es importante examinar la conexión entre el Comentario teológico sobre el Mensaje de Fátima de hace veintitrés años y la “homilía” dada en la Explanada del Santuario de Nuestra Señora de Fátima el 13 de Mayo de 2010.
   
Primero, Ratzinger/Benedicto señaló en 2010 que los tres pastorcitos de Fátima fueron capaces de “ver” a Nuestra Señora porque ellos tenían estas revelaciones místicas tan inocentes y profundas», queriendo decir que los niños tenían que tener almas puras e inocentes para ver interiormente lo que pensaban que estaban viendo con sus ojos. Esto corresponde exactamente con lo que escribió diez años atrás, que «Tal vez por eso se puede comprender por qué los niños son los destinatarios preferidos de tales apariciones: el alma está aún poco alterada y su capacidad interior de percepción está aún poco deteriorada».
   
Amigos míos, Joseph Ratzinger/Benedicto XVI no creía que Nuestra Señora se apareció físicamente ante los ojos físicos de Jacinta, Francisco y Lucía. Él ha despreciado las apariciones de Fátima como una “visión interior” que tenía el designio de movernos más cerca de Nuestro Santísimo Señor y Salvador Jesucristo y no tiene absolutamente nada que ver con la apostasía en la cima de los que se creen ser católicos o, Dios no lo quiera, la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María por un verdadero Papa en comunión con todos los obispos del mundo.
   
Ratzinger/Benedicto no creía en el triunfo del Inmaculado Corazón de María que él hizo referencia gratuitamente en 2010 tuviese algo que ver con la consagración de Rusia o la conversión de las almas a la Fe verdadera, el Catolicismo.
   
Si lo que pasó en Fátima fue solamente una simple “visión interior”, entonces ¿por qué cada uno de los niños, cuando fueron examinados por las autoridades eclesiásticas, dio idéntico testimonio de lo que vieron con los ojos físicos de sus cuerpos? ¿Cada uno tuvo la misma “visión interior”? La lógica nunca había sido el fuerte de Ratzinger/Benedicto porque su rechazo del tomismo (tanto de la filosofía como de la teología tomista) se abrió para crecer desde un joven adulto hasta un anciano que  es ahora un antipapa “retirado”, que ha vivido en un mundo de contradicción, paradoja y ambigüedad que le hizo casi imposible ver as falacias en lo que presenta como “explicaciones” de la Fe y los eventos de Esta.
   
Segundo, Ratzinger/Benedicto dijo en 2010 que Dios «tiene el poder para llegar a nosotros, en particular mediante los sentidos interiores, de manera que el alma es tocada suavemente por una realidad que va más allá de lo sensible y que nos capacita para alcanzar lo no sensible, lo invisible a los sentidos». Esto corresponde con su declaración de diez años atrás:
«Está claro que en las visiones de Lourdes, Fátima, etc. no se trata de la normal percepción externa de los sentidos: las imágenes y las figuras, que se ven, no se hallan exteriormente en el espacio, como se encuentran un árbol o una casa. Esto es absolutamente evidente, por ejemplo, por lo que se refiere a la visión del infierno (descrita en la primera parte del “secreto” de Fátima) o también la visión descrita en la tercera parte del “secreto”.
    
Más bien significa que el alma viene acariciada por algo real, aunque suprasensible, y es capaz de ver lo no sensible, lo no visible por los sentidos, una especie de visión con los “sentidos internos”. Se trata de verdaderos “objetos”, que tocan el alma, aunque no pertenezcan a nuestro habitual mundo sensible. Para esto se exige una vigilancia interior del corazón que generalmente no se tiene a causa de la fuerte presión de las realidades externas y de las imágenes y pensamientos que llenan el alma» (Comentario teológico sobre el Mensaje de Fátima).
¿Por qué es “perfectamente obvio” que las imágenes y formas vistas, para citar el ejemplo propio del falso “papa”, por Bernardita Soubirous y Jacinta, Francisco y Lucía, “no están ubicadas espacialmente”?
      
¿La Virgen no dividió realmente la tierra y les mostró a Jacinta, Francisco y Lucía una visión del Infierno que ellos vieron con sus propios ojos? ¿Esto fue apenas una visión “interior” suya que no sucedió realmente en el tiempo y el espacio?
   
¿Entonces los capullos de la encina sobre los cuales la Virgen se posó mientras se apareció físicamente a Jacinta, Francisco y Lucía no cambiaron su apariencia mientras fueron vistos por los testigos oculares que vinieron a verlos? ¿Acaso todos ellos sufrían de un engaño masivo cuando vieron las siguientes cosas?
La segunda aparición – 13 de Junio de 1917
Antes de la segunda aparición, los videntes vieron una vez más un gran brillo, al que llamaron relámpago, pero que en realidad era el resplandor de la luz que se acercaba. Algunos de los aproximadamente cincuenta espectadores que se habían acercado al lugar notaron que la luz del sol se atenuaba durante los primeros minutos de la conversación. Otros decían que la copa de la encina en ciernes se inclinó, como bajo el peso de algo, un momento antes de que Lucía hablara. Durante la conversación de Nuestra Señora con los videntes, algunos de los presentes escucharon un susurro, como el zumbido de una abeja.
     
Cuando cesó esta visión, la Señora, todavía rodeada por la luz que irradiaba, se levantó del arbolito y se deslizó hacia el oriente hasta desaparecer por completo. Varias personas que estaban más cerca notaron que los capullos de la copa de la encina estaban doblados en la misma dirección, como si hubieran sido atraídos por las ropas de la Señora. Sólo unas horas más tarde regresaron a su posición habitual.
    
La tercera aparición – 13 de Julio de 1917
Cuenta don Marto, padre de Jacinta y Francisco, que cuando comenzó la tercera aparición, una pequeña nube grisácea se cernía sobre la encina, la luz del sol disminuía y una brisa fresca soplaba sobre la sierra, a pesar de que era pleno verano. También escuchó algo que sonaba como moscas dentro de una jarra vacía.

La cuarta aparición – 19 de Agosto de 1917
El 13 de agosto, día en que se produciría la cuarta aparición, los videntes no pudieron acudir a Cova da Iría, ya que habían sido secuestrados por el alcalde de Vila Nova de Ourém, que quería obligarlos a revelar el secreto. Los niños se mantuvieron firmes.
   
En Cova da Iría se escucharon truenos seguidos de relámpagos a la hora habitual. Los espectadores notaron una pequeña nube blanca que se cernió sobre la encina durante unos minutos. Se observaron fenómenos de coloración en los rostros de las personas, la ropa, los árboles y el suelo. Nuestra Señora ciertamente había venido, pero no había encontrado a los videntes.
   
La quinta aparición – 13 de Septiembre de 1917
Una multitud estimada en veinte mil personas observó fenómenos atmosféricos similares a los de las apariciones anteriores: el enfriamiento repentino del aire, un oscurecimiento del sol hasta el punto de permitir ver las estrellas y una lluvia que parecía pétalos iridiscentes o copos de nieve que desaparecían antes de tocar el suelo. Esta vez se advirtió un globo luminoso que se movía lenta y majestuosamente por el cielo de este a oeste y, al final de la aparición, en dirección opuesta. Los videntes vieron una luz e inmediatamente después vieron a Nuestra Señora sobre la encina. 
¿Nada de esto pasó? ¿La multitud no vio lo que ellos informaron? ¿Estaban teniendo “visiones interiores”? Absurdo.
    
¿Qué sobre el Milagro del Sol el 13 de Octubre de 1917, un día como hoy hace noventa y ocho años [el artículo fue redactado originalmente en 2015, N. del T.]?

En el siguiente informe de un reportero para O Século, Avelino de Almeida, quien había escrito artículos que fueron mordaces en sus críticas de las afirmaciones de los niños de haber visto a la Virgen, ¿estaba inventando en la siguiente historia que escribió sobre lo que pasó en la Cova da Iría cerca de Fátima (Portugal) el 13 de Octubre de 1917?
Se ve a toda la inmensa multitud volverse hacia el sol, que se muestra liberado de nubes, en el cenit. El astro recuerda a una placa de plata sin brillo y es posible fijar la vista en el disco sin el mínimo esfuerzo. No quema, no ciega. Se diría que está ocurriendo un eclipse. Pero he aquí que un alarido colosal se levanta, y a los espectadores que se encuentran más cerca se les oye gritar: “¡Milagro, milagro! ¡Maravilla, maravilla!”.
  
Ante los admirados ojos de este pueblo, cuya actitud nos traslada a los tiempos bíblicos y que, presa de espanto, descubierta la cabeza, mira hacia el cielo azul, el sol ha temblado, ha realizado unos movimientos bruscos nunca vistos, fuera de todas las leyes cósmicas; el sol “ha danzado”, según la expresión típica de los campesinos… 

Inmediatamente las gentes se preguntan unos a otros si han visto alguna cosa y qué es lo que han visto. La mayor parte confiesan que lo que han visto es el movimiento o la danza del sol; otros afirman haber visto el rostro sonriente de la Virgen, o juran que el sol ha dado una vuelta sobre sí mismo, como si fuese una rueda de fuegos de artificio que ha descendido hasta quemar la tierra con sus rayos… Alguien dice, en fin, que ha visto cómo cambiaba sucesivamente de color… (El Milagro del Sol).
¿Es una impostura el testimonio a continuación sobre lo que sucedió el 13 de Octubre de 1917?
Desde el amanecer, relata nuestro reportero, visiblemente impresionado por aquel coraje tranquilo, grupos que vuelven a surgir, individuos intrépidos que atraviesan, sin detenerse ni un momento, el pequeño pueblo, cuyo silencio es roto por el canto de himnos entonados por voces femeninas en armonía. lo que contrasta con la rudeza de los hombres... Sale el sol, pero el aspecto del cielo es amenazador. Se acumulan algunas nubes negras, precisamente del lado de Fátima. Nada, sin embargo, detiene a los peregrinos que, desde todos los caminos y por todos los medios de locomoción, acuden en esa dirección... Unas campanillas colgadas de una cadena tintinean; vemos aquí y allá un carro decorado con palmeras. Sin embargo, el ambiente festivo es discreto; la actitud general es grave, el orden perfecto...  Hacia las diez, el cielo se cubre por completo y comienza a caer una fuerte lluvia. El aguacero, azotado por un viento cortante, golpea el rostro, inunda los caminos de ripio y perfora hasta los huesos a quienes no tomaron la precaución de llevar un paraguas u otro medio de protección contra el mal tiempo. Pero nadie se impacienta ni desiste de seguir el camino.
    
Mientras que «el cielo bajo y pesado tenía un color muy oscuro, cargado de humedad, soltaba una lluvia abundante y duradera», durante el tiempo de la aparición la lluvia cesó totalmente. De repente el cielo se aclaró: «El sol atravesó triunfalmente el espeso lecho de nubes que lo ocultaba hasta entonces, y brilló intensamente» (Dr. José Almeida Garrett, abogado).

Este brusco cambio de tiempo tomó por sorpresa a todos los testigos: «Era un día de lluvia intensa y continua. Pero unos minutos antes del milagro dejó de llover» (Alfredo da Silva Santos, poeta).

«De repente escuché el alboroto de miles de voces, y vi a toda la multitud extendida en ese vasto espacio a mis pies... dar la espalda a ese lugar donde, hasta entonces, se concentraban todas sus expectativas, y mirar al sol. del otro lado... Me volví también hacia el punto que dominaba sus miradas, y pude ver el sol, como un disco clarísimo, con su borde afilado, que brillaba sin dañar la vista… No podía confundirse con el sol visto a través de la niebla (no había niebla en ese momento), pues no estaba ni velado ni oscuro.  En Fátima mantuvo su luz y su calor y se destacó claramente en el cielo, con un borde afilado, como una gran mesa de juego. Lo más sorprendente fue poder mirar fijamente durante mucho tiempo el disco solar, brillante con luz y calor, sin dañar los ojos ni dañar la retina» (Dr. Almeida Garrett). 

«Y entonces asistimos a un espectáculo único, comentó en la misma línea el periodista de “O Século”, un espectáculo increíble, increíble si no lo presenciaste. Desde lo alto de la carretera… Vemos a la inmensa multitud volverse hacia el sol, que aparecía en su cenit, despejado de las nubes. Parecía un plato de plata opaca y era posible mirarlo sin la menor molestia. No quemó los ojos. No cegó. Se podría decir que se ha producido un eclipse» (Artículo del 15 de octubre de 1917). «El pueblo podía mirar el sol como miramos la luna» (María do Carmo M. Cruz Meneses).

De repente, el astro comenzó a temblar, a temblar con movimientos bruscos y finalmente a girar sobre sí mismo a una velocidad vertiginosa mientras lanzaba rayos de luz, de todos los colores del arco iris: «El sol giraba como una rueda de fuego, asumiendo todos los colores del arcoiris» (Maria do Carmo). «Parecía como un globo de nieve girando sobre sí mismo» (Padre Joaquim Lourenço). «El disco en forma de perla tenía un movimiento vertiginoso. Este no fue el parpadeo de una estrella en todo su brillo. Se giró sobre sí mismo con velocidad impetuosa» (Dr. Almeida Garrett). «En cierto momento, el sol se detuvo y luego comenzó nuevamente a bailar, a girar; se detuvo de nuevo y comenzó de nuevo a bailar» (Manuel Pedro “Ti” Marto, padre de Jacinta y Francisco). Se trata pues de una triple “danza del sol” que afirman miles de testigos, habiéndola contemplado durante varios minutos. 
  
«El sol adoptó todos los colores del arco iris. Todo asumió esos mismos colores: nuestros rostros, nuestra ropa, la tierra misma» (Maria do Carmo). «Una luz, cuyos colores cambiaban de un momento a otro, se reflejaba en las personas y en las cosas», observa el Dr. Pereira Gens.
       
«De repente escuchamos un clamor, relata Almeida Garrett, como un grito de angustia de toda esa multitud. El sol, en efecto, manteniendo su rápido movimiento de rotación, pareció liberarse del firmamento y, rojo sangre, precipitarse hacia la tierra, amenazando con aplastarnos con su masa de fuego. Fueron unos segundos terroríficos». «Vi girar el sol y pareció descender. Era como una rueda de bicicleta» (João Carreira). «El sol empezó a bailar y, en un momento determinado, pareció desprenderse del firmamento y precipitarse hacia nosotros, como una rueda de fuego» (Alfredo da Silva Santos). «Lo vi descender perfectamente como si hubiera venido a estrellarse contra la tierra. Pareció desprenderse del cielo y precipitarse hacia nosotros. Se mantenía a poca distancia por encima de nuestras cabezas; pero ese tipo de ataque fue de muy corta duración... Parecía muy cerca de la gente y seguía girando en dirección contraria» (Maria do Carmo). «De esas miles de bocas, relata el ingeniero Mário Godinho, escuché gritos de alegría y de amor a la Santísima Virgen. Y entonces creí. Tenía la certeza de no haber sido víctima de una sugerencia. Había visto el sol como nunca más lo volvería a ver».

Todos tenían ropa seca
Un último dato sorprendente: todas aquellas personas, que en su mayoría estaban caladas hasta los huesos, comprobaron con alegría y asombro que estaban secas. El hecho queda testimoniado en el proceso canónico .

La visión del prodigio solar a distancia
Cosa maravillosa, el fenómeno pudo ser admirado desde más allá de Fátima. E incluso, algunos testigos perfectamente creíbles, que se encontraban muy lejos de la Cova da Iría, relataron haber presenciado el espectáculo inédito de la danza del sol, exactamente igual a los miles de peregrinos reunidos alrededor de la encina.

Una fotografía de parte de los 70.000 testigos mientras estaban realmente observando el Milagro del Sol en Fátima el 13 de Octubre de 1917 (Fotógrafo: Judá Bento Ruah, diario O Século).
   
En el pequeño pueblo de Alburitel, situado a dieciocho o diecinueve kilómetros de Fátima, todo el pueblo pudo disfrutar de la visión del prodigio solar. El testimonio frecuentemente citado es el del padre Inácio Lourenço, por ser el más detallado. Pero lo que él cuenta haber visto, todos los buenos aldeanos, interrogados por los investigadores, confirmaron haberlo visto exactamente de la misma manera. 
       
«En octubre haré un milagro», había declarado soberanamente Nuestra Señora el 13 de julio. Y el 13 de octubre, fue gracias a Su gesto eficaz que comenzó la maravillosa "danza del sol": «Entonces, abriendo Sus manos, Ella los hacía reflejarse en el sol, y al levantarse, el reflejo de su propia luz seguía proyectándose sobre el mismo sol».
    
Así, el milagro magnífico, es Ella Quien lo prometió, Quien lo anunció con tres meses de anticipación, y por Su gesto el milagro se cumplió. Ésta es la respuesta de la Reina del Cielo a la súplica instantánea de su pastor: «Quisiera pedirte que nos digas quién eres y que hagas un milagro para que todos crean que te apareces a nosotros». Una respuesta que superó todas las expectativas y de tal magnitud, de tal esplendor, que nadie se atrevería a soñar que fuera posible.
   
Los testigos del hecho fueron efectivamente innumerables, sus testimonios coinciden y nos inundan los documentos que nos han dejado.
    
En primer lugar, los numerosos relatos difundidos aparecieron inmediatamente en la prensa portuguesa. Es de destacar que los primeros en dar testimonio fueron los periodistas anticlericales. Mención especial merecen los tres artículos de Avelino de Almeida, el del 13 de octubre, inmediatamente antes del suceso, el otro del 15 de octubre, editado en Vila Nova de Ourem la tarde del 13, y un tercer artículo del 29 de octubre. A pesar del tono burlón y de la ironía volteriana que inspiran en parte el primer artículo, a pesar de los esperados tonos anticlericales que todavía aparecen en el artículo del 15. Estos textos de un reportero talentoso, que además es honesto y concienzudo, son documentos históricos de primordial importancia. Pero no fue el único en relatar los hechos, ya que otros periodistas estaban presentes en Cova da Iría.
     
Luego vinieron las investigaciones oficiales. En noviembre de 1917, a petición del obispo de Lima Vidal, que entonces dirigía la diócesis de Lisboa, el párroco de Fátima dirigió su investigación e interrogó a varios testigos de la parroquia. Desgraciadamente, sólo transcribió… ¡cuatro declaraciones!
   
Las investigaciones de los historiadores afortunadamente compensaron esas negligencias de los investigadores oficiales. Desde el padre Manuel Nunes Formigão, que obtuvo del Dr. José María de Almeida Garrett, profesor de la Facultad de Ciencias de Coímbra, un relato muy completo, el informe más científico que poseemos, todos los principales historiadores fueron a interrogar a los testigos: el padre Luis Gonzaga da Fonseca SJ (cuya obra fue hecha para verificar los puntos discutidos por el padre Édouard Dhanis SJ que, a pesar de esto, se negó a examinar las evidencias); el padre Giovanni De Marchi, el canónigo Casimir Barthas, el padre Messias Dias Coelho y el padre André Richard.
    
En 1977, para conmemorar el sexagésimo aniversario de la última aparición, todavía era posible reunir en Fátima a más de treinta personas que habían estado presentes en el prodigio solar y que podían revelar sus recuerdos.
   
Gracias a estos numerosos testimonios, es posible reconstruir un comentario continuo y preciso que nos permita revivir, hora tras hora y minuto tras minuto, este día decisivo, seguramente uno de los más importantes de la historia del mundo (El milagro del sol).
¿No llovió en realidad?
   
¿No estaban las miles de personas reunidas empapadas hasta los huesos con agua de lluvia?
   
¿No estaba el suelo bajo ellos lodoso con charcos llenos de agua?
   
¿No estaban las ropas de estas personas completamente secas un instante después del Milagro del Sol?
   
¿No estaba el suelo bajo ellos tan seco como si nunca hubiera llovido?
  
Los conciliaristas han hecho la guerra al Mensaje de Nuestra Señora de Fátima y su Tercer Secreto, buscando hacer de la Virgen un testigo a favor del conciliarismo, precisamente porque ellos no quieren admitir que el Tercer Secreto se trata de su propia apostasía mientras engañan a las almas y blasfeman de la Virgen y sus almas escogidas como Jacinta y Francisco Marto y Lucía dos Santos. Así de simple.

Admitiendo que soy agnóstico sobre si el siguiente relato del Tercer Secreto es verdadero y legítimo, me gustaría presentar la siguiente pregunta a mis lectores: ¿Es preciso el relato a continuación, tal como ha sido informado por el sitio web antisedevacantista Tradition in Action? ¿No explicaría la antipatía del trío impío (Joseph Ratzinger-Angelo Sodano-Tarcisio Bertone) que trabajaron tan poderosamente para “reinventar” el Mensaje de Fátima y tergiversar su Tercer Secreto?
JMJ
 
Tuy, 1 de Abril de 1944 (o 1 de Septiembre)
 
Ahora voy a revelar la tercera parte del secreto: ¡Esta parte es la apostasía en la Iglesia!
 
Nuestra Señora nos mostró una visión de un individuo que yo describo como el ‘santo Padre’ frente a una multitud que lo vitoreaba.
 
Pero había una diferencia con un verdadero santo Padre, la mirada del demonio, éste tenía los ojos del mal.
 
Entonces, después de algunos momentos vimos al mismo Papa entrando en una iglesia, pero esta Iglesia era la iglesia del Infierno; no hay manera de describir la fealdad de ese lugar. Parecía como una fortaleza hecha de cemento gris con ángulos quebrados y ventanas similares a ojos; tenía un pico en el tejado del edificio.
 
Enseguida levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo: Visteis la apostasía en la Iglesia; esta carta puede ser abierta por el Santo Padre, pero debe ser publicada después de Pío XII y antes de 1960.
 
En el reinado de Juan Pablo II la piedra angular de la tumba de Pedro debe ser removida y llevada a Fátima.
 
Porque el dogma de la fe no ha sido conservado en Roma, su autoridad será removida y entregada a Fátima.
 
La catedral de Roma debe ser destruida y una nueva construida en Fátima.
 
Si 69 semanas después de que esta orden se publique, Roma sigue su abominación, la ciudad será destruida.
  
Nuestra Señora nos dijo que esto está escrito, en Daniel 9, 24-25 y Mateo 21, 42-44. (Presunto Tercer Secreto de Fátima).
No sé si este sea el verdadero Tercer Secreto. Todo lo que sé con certeza es que hay algunos, incluyendo el fallecido “cardenal” Mario Luigi Ciappi OP, quienes han leído el Tercer Secreto y declarado que en realidad, trata de la apostasía:
«[El periodista Antonio] Socci también señala que el cardenal Ratzinger había dicho en el 2000 que la interpretación vaticana era simplemente hipotética y no la interpretación oficial, pero el cardenal Bertone “demanda imponerla como la versión oficial”.
   
Socci avanza indicando varios hechos que apoyan la tesis de dos textos del Secreto: el publicado en el 2000 y otro aún sin publicar:
  • la evidencia que el Secreto estaba escrito en una hoja de papel;
  • la evidencia que el tamaño del papel era alrededor de 9×14cm contenido en un sobre de alrededor de 12×18 cm;
  • la evidencia que el Secreto consiste de 20 a 25 líneas de texto;
  • la evidencia de la revista Paris Match, de Sor Pascualina la asistente personal del Papa Pío XII; y de Mons. Loris Capovilla, secretario privado del Papa Juan XXIII quien dijo que el Secreto estaba en un escritorio en el apartamento papal, lo que riñe con el comentario del 2000 que afirma que estaba almacenado en el Santo Oficio.
“Bertone no contesta estos testimonios en su libro”, dice Socci. El prelado simplemente dice que “las reconstrucciones cinematográficas del sobre escondido en el escritorio del Papa son puras fantasías”, pero no provee ninguna evidencia más allá de su propio dicho.
   
Bertone llega a ridiculizar la idea que el Secreto habla de la “apostasía” en la Iglesia.
    
Socci responde: “Yo no hablo sobre la apostasía, pero los cardenales Ottaviani y Ciappi sí” (“En el Tercer Secreto se predice, entre otras cosas, que la gran apostasía en la Iglesia comenzará desde la cima” – Ciappi).

Más pistas que el Tercer Secreto habla de una apostasía en la Iglesia, señala Socci, se encuentran en la entrevista de la Hermana Lucía en 1957 con el padre Fuentes, y en dos declaraciones del cardenal Ratzinger» Bertone vs. Socci (Los que podáis leer el italiano, podéis acceder al artículo del 12 de Mayo de 2007 en Libero at: Enrico Baccarini - SUL "QUARTO SEGRETO" C'È ANCORA DA INDAGARE di…)
¿Qué?
  
¿Ratzinger se contradijo a sí mismo?
   
No, ¿verdad?
   
Sí, verdad. El fallecido Neoteólogo alemán lo hizo todo el tiempo. Lo hizo todo el tiempo.

Joseph Alois Ratzinger/Benedicto XVI, quien una vez dijo como “Benedicto XVI” que no rezaba el Santísimo Rosario de Nuestra Señora todos los días, sino que lo hacía sólo cuando tenía tiempo, no era amigo de la mariología católica, y cualquiera que afirma tener una visión de él como su defensor se permite caer en otra de las innumerables mitologías que tanta gente ha construido para hacer del fallecido Neoteólogo lo que no era: un defensor de la Fe Católica.
    
Aquí hay un breve repaso de lo que Ratzinger/Benedicto fue enemigo de la Santa Fe y por lo tanto de las almas redimidas por el derramamiento de cada gota de la Preciosísima Sangre de Nuestro Bendito Señor y Salvador Jesucristo sobre el madero de la Santa Cruz:
  1. Joseph Ratzinger/Benedicto XVI fue un evolucionista dogmático que luchó durante toda su carrera contra la naturaleza de la verdad dogmática y, por tanto, contra la naturaleza de Dios mismo.
  2. Joseph Ratzinger/Benedicto XVI creía que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica, no que sea coextensiva con ella.  
  3. Joseph Ratzinger/Benedicto XVI rechazó el “ecumenismo” del retorno, burlándose así de los martirios de San Fidel de Sigmaringa, de San Josafat, de San Andrés Bóbola, y entre tantos otros, de los mártires ingleses e irlandeses, así como de las obras de San Pedro Canisio, San Roberto Belarmino, San Carlos Borromeo, y las mismas palabras del Papa Pío IX en Jam Vos Omnes (14 de Septiembre de 1868), el Papa León XIII en Præclára Gratulatiónis Públicæ (29 de Junio de 1896), y el Papa Pío XI en Mortálium Ánimos (6 de Enero de 1928).
  4. Joseph Ratzinger/Benedicto XVI se dedicó a “oraciones” interreligiosas, estimó personalmente los símbolos de las religiones falsas con sus propias manos sacerdotales, ensalzó las “virtudes” inexistentes de las religiones paganas y condenó a ciertos “cristianos exaltados”, presumiblemente entre ellos San Benito de Nursia y San Francisco de Sales, quienes personalmente aplastaron los símbolos de las religiones paganas y sus templos de culto que sólo agradan al propio adversario.  
  5. Joseph Ratzinger/Benedicto XVI dijo que una lectura judía de la Biblia era posible y que no es cierto que todo en el Antiguo Testamento apunta inequívocamente a Nuestro Señor Jesucristo y explicó que la Alianza Mosaica nunca había sido revocar, contradiciendo así la Sagrada Tradición, la bula Cantáte Dómino del Concilio de Florencia (4 de Febrero de 1442), y la Mýstici Córporis Christi del Papa Pío XII (29 de Junio de 1943).
  6. Joseph Ratzinger/Benedicto XVI deconstruyó interminablemente las obras de innumerables santos y doctores de la Iglesia, menospreció el escolasticismo de Santo Tomás de Aquino, elogió a los “expertos” protestantes y talmúdicos como si fuera necesario “aumentar” la Constitución Divina de la Santa Madre Iglesia por algo extrínseco al Sagrado Depósito de la Fe del que ella es única depositaria y que ella, guiada en todo momento por Dios Espíritu Santo, siempre ha explicado infaliblemente
  7. Joseph Ratzinegr/Benedicto XVI fue un portavoz de la herejía de la libertad religiosa como la “clave para la paz”, sin mencionar ni una sola vez a Nuestra Señora, su Santísimo Rosario o su Plan de Paz de Fátima.
  8. De manera relacionada, Joseph Ratzinger/Benedicto XVI rechazó el Reinado Social de Cristo Rey, y específicamente respaldó y elogió la “separación de la Iglesia y el Estado” en Portugal noventa y nueve años después de que el Papa San Pío X la condenara categórica e inequívocamente en Jamdúdum (24 de Mayo de 1911) en Portugal como lo había hecho en Francia en 1906 en Veheménter Nos (11 de Febrero de 1906).
  9. En modo significativo, Joseph Alois Ratzinger/Benedicto XVI Ratzinger/Benedicto XVI continuara con la falsa y condenada visión personalista del santo matrimonio que invertía los fines propios del estado matrimonial. El Papa Pío XII condenó personalmente el personalismo del padre Herbert Doms-Dietrich von Hildebrand el 29 de Marzo de 1944:
    «Sobre los fines del matrimonio y su relación y orden, han aparecido en estos últimos años algunos escritos que afirman o que el fin primario del matrimonio no es la procreación de los hijos o que los fines secundarios no están subordinados al primario, sino que son independientes del mismo.
        
    En estas elucubraciones, unos asignan un fin primario al matrimonio; otros, otro; por ejemplo: el complemento y perfección personal de los cónyuges por medio de la omnímoda comunión de vida y acción; el fomento y perfección del mutuo amor y unión de los cónyuges por medio de la entrega psíquica y somática de la propia persona, y otros muchos por el estilo.
        
    En estos escritos, se atribuye a veces a palabras que ocurren en documentos de la Iglesia (como son, por ejemplo, fin primario y secundario), un sentido que no conviene a estas voces según el uso común de los teólogos.
       
    Este nuevo modo de pensar y de hablar es propio para fomentar errores e incertidumbres; mirando de apartarlas, los Eminentísimos y Reverendísimos Padres de esta Suprema Sagrada Congregación encargados de la tutela de las cosas de fe y costumbres, en sesión plenaria habida el miércoles, día 29 de Marzo de 1944, habiéndose propuesto la duda “Si puede admitirse la sentencia de algunos modernos que niegan que el fin primario del matrimonio sea la procreación y educación de los hijos, o enseñan que los fines secundarios no están esencialmente subordinados al fin primario, sino que son igualmente principales e independientes”, decretaron debía responderse: Negativamente» (Cf. Enrique Denzinger, Enchírdion Symbolórum, 13.ª Edición, traducida al inglés por Roy Deferrari y publicada en 1955 como The Sources of Catholic Dogma–referred to as “Denzinger”, por B. Herder Book Company de San Luis, Misuri y Londres, Inglaterra, No. 2295, págs. 624-625.)
    El Papa Pío XII amplió esta condena cuando pronunció su Discurso a las parteras italianas sobre la naturaleza de su profesión, el 29 de Octubre de 1951:
    «Los “valores de la persona” y la necesidad de respetarlos es un tema que desde hace dos decenios ocupa cada vez más a los escritores. En muchas de sus lucubraciones, hasta el acto específicamente sexual tiene su puesto asignado para hacerlo servir a la persona de los cónyuges. El sentido propio y más profundo del ejercicio del derecho conyugal debería consistir en que la unión de los cuerpos es la expresión y la actuación de la unión personal y afectiva.
        
    Artículos, capítulos, libros enteros, conferencias, especialmente sobre la “técnica del amor”, están dedicados a difundir estas ideas, a ilustrarlas con advertencias a los recién casados como guía del matrimonio para que no dejen pasar por tontería o por mal entendido pudor o por infundado escrúpulo lo que Dios, que ha creado también las inclinaciones naturales, les ofrece. Si de este completo don recíproco de los cónyuges surge una vida nueva, ésta es un resultado que queda fuera, o cuando más como en la periferia de los “valores de la persona”; resultado que no se niega, pero que no se quiere que esté en el centro de las relaciones conyugales.
         
    Según estas teorías, vuestra consagración para el bien de la vida todavía oculta en el seno materno, o para favorecer su nacimiento feliz, no tendría sino una influencia menor y pasaría a segunda línea.
        
    Ahora bien, si esta apreciación relativa no hiciese sino poner el acento sobre el valor de la persona de los esposos más que sobre el de la prole, se podría en rigor dejar de examinar tal problema; pero se trata, en cambio, de una grave inversión del orden de los valores y de los fines puestos por el mismo Creador. Nos encontramos frente a la propagación de un complejo de ideas y de afectos, directamente opuesto a la claridad, a la profundidad y a la seriedad del pensamiento cristiano. Y he aquí que de nuevo tiene que intervenir vuestro apostolado. Podrá, en efecto, ocurriros que seáis las confidentes de la madre y esposa y os interroguen sobre los más secretos deseos y sobre las intimidades de la vida conyugal. ¿Pero cómo podréis entonces, conscientes de vuestra misión, hacer valer la verdad y el recto orden en las apreciaciones y en la acción de los cónyuges si no tuvieseis vosotras mismas un exacto conocimiento y estuvieseis dotadas de la firmeza de carácter necesario para sostener lo que sabéis que es verdadero y justo?
       
    El fin primario del matrimonio
    La verdad es que el matrimonio, como institución natural, en virtud de la voluntad del Creador, no tiene como fin primario e íntimo el perfeccionamiento personal de los esposos, sino la procreación y la educación de la nueva vida. Los otros fines, aunque también los haga la Naturaleza, no se encuentran en el mismo grado del primero y mucho menos le son superiores, sino que le están esencialmente subordinados. Esto vale para todo matrimonio, aunque sea infecundo; como de todo ojo se puede decir que está destinado y formado para ver, aunque en casos anormales, por especiales condiciones internas y externas, no llegue nunca a estar en situación de conducir a la percepción visual.
        
    Precisamente para cortar todas las incertidumbres y desviaciones que amenazan con difundir errores en torno a la escala de los fines del matrimonio y a sus recíprocas realizaciones, redactamos Nos mismo hace algunos años (10 de Marzo de 1944) una declaración sobre el orden de aquellos fines, indicando lo que la misma estructura interna de la disposición natural revela, lo que es patrimonio de la tradición cristiana, lo que los Sumos Pontífices han enseñado repetidamente, lo que después en la debida forma ha sido fijado por el Código de Derecho Canónico (can. 1013 §1). Es más, poco después para corregir la opinión opuesta, la Santa Sede, por medio de un decreto público declaró que no puede admitirse la sentencia de ciertos autores recientes que niegan que el fin primario del matrimonio es la procreación y la educación de la prole, o enseñan que los fines secundarios no están esencialmente subordinados al fin primario, sino que son equivalentes e independientes de él (S.C.S. Officii, 1 de Abril de 1944: AAS, vol. 36, a. 1944. pág. 103)» (Papa Pío XII, Discurso a la Unión Católica Italiana de Obstétricas, 29 de Octubre de 1951)
    Además, la inversión de Montini/ Pablo VI de los fines propios del Santo Matrimonio fue consagrada en el código conciliar de derecho canónico de 1983, efectuando así una ruptura decisiva con el Código de Derecho Canónico Pío-Benedictino de 1917 y de ahí la enseñanza constante de la Santa Madre Iglesia:
    «Canon 856. El objeto primario del matrimonio es la procreación y la educación de la prole; el propósito secundario es la asistencia mutua y el remedio de la concupiscencia» (Esto se puede encontrar en la página 205 del siguiente enlace, que es el Código de Derecho Canónico de 1917 en inglés: 1917 Pio-Benedictine Code of Canon Law.)
    Aquí lo que los revolucionarios conciliares enseñan:
    «Canon 1055 §1: La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados» (Canon 1055.1).
 

Joseph Ratzinger/Benedicto XVI no poseyó la Fe Católica, porque fallar en uno de sus puntos es caer en todos:
  • «Hay algunas personas, queridos oyentes, que sostienen con la firme fe de casi todo lo que tienen los católicos: pero hay una cosa u otra que aún no han podido aceptar del todo, como que existe el purgatorio, que las imágenes sagradas ser venerado, que el Soberano Pontífice es vicario de Cristo y cabeza de toda la Iglesia. Y como hay muchas cosas que creen, y sólo una o dos cosas que no creen y consideran que no son importantes si se toman junto con los otros artículos, piensan que están muy bien situados sobre el fundamento de Cristo. ¿Cuál es la diferencia, dicen, incluso si me equivoco en una sola cosa, que todavía no puedo creer, y en el juicio el Señor se preocupará por eso? ¿Y no será consciente de las muchas cosas difíciles en las que creo? De hecho, así es como se lisonjean; En serio los reprendo y digo que han caído de la gracia y han puesto su fundamento sobre arena y no tendrán parte con Cristo. O la fe se tiene por completo o no se tiene en absoluto. Hay un Señor, una fe, un bautismo. Yo te pregunto (para aclarar el asunto con un ejemplo burdo), cuando pides un par de zapatos a un zapatero, si cuando finalmente los hacen encuentras que son un centímetro más cortos que tus pies, ¿te los pones y los usas? Dirás “No puedo usarlos”. Pero son solo una pulgada demasiado cortos, entonces, ¿por qué no puedes usarlos, ya que están un poco por debajo de la medida correcta? Por lo tanto, como tus zapatos o son del tamaño adecuado para tus pies o no tienen valor alguno, así también la fe o es integral o no es fe. Por tanto, nadie debe engañarse a sí mismo. Si queremos construir una casa que no pueda ser movida ni por el viento ni por la lluvia, debemos poner el fundamento sobre ambas rocas, es decir, sobre Cristo y Pedro» (Sermones de San Roberto Belarmino SJ, Parte II: Sermones 30-55, incluidas las cuatro postrimerías y la Anunciación, traducido del latín por el padre Kenneth Baker SJ, y publicado en 2017 por Keep the Faith, Inc., Ramsey, Nueva Jersey, págs. 152-154.)  
  • «En cuanto a su objeto, la fe no puede ser mayor para unas verdades que para otras. Tampoco puede ser menos en cuanto al número de verdades a creer. Porque todos debemos creer lo mismo, tanto en cuanto al objeto de la fe como en cuanto al número de las verdades. Todos son iguales en esto porque todos deben creer todas las verdades de fe, tanto las que Dios mismo ha revelado directamente como las que ha revelado a través de Su Iglesia. Por tanto, debo creer tanto como tú y tú tanto como yo, y todos los demás cristianos de la misma manera. El que no cree en todos estos misterios no es católico y por tanto nunca entrará al Paraíso» (San Francisco de Sales, Sermones de San Francisco de Sales para la Cuaresma pronunciados en 1622, republicado por TAN Books and Publishers para el Monasterio de la Visitación de Frederick, Maryland, en 1987, págs. 34-37.)  
  • «Penetrada plenamente de estos principios, y cuidadosa de su deber, la Iglesia nada ha deseado con tanto ardor ni procurado con tanto esfuerzo, como conservar del modo más perfecto la integridad de la fe. Por esto ha mirado como a rebeldes declarados y ha desterrado de su seno a todos los que no piensan como ella sobre cualquier punto de su doctrina. Los arrianos, los montanistas, los novacianos, los cuartodecimanos, los eutiquianos no abandonaron, seguramente, toda la doctrina católica, sino solamente tal o cual parte, y, sin embargo, ¿quién ignora que fueron declarados herejes y arrojados del seno de la Iglesia? Un juicio semejante ha condenado a todos los favorecedores de doctrinas erróneas que fueron apareciendo en las diferentes épocas de la historia. “Nada es más peligroso que esos heterodoxos que, conservando en lo demás la integridad de la doctrina, con una sola palabra, como gota de veneno, corrompen la pureza y sencillez de la fe que hemos recibido de la tradición dominical, después apostólica” (San Gregorio de Elvira, Tratado de la Fe Ortodoxa contra los Arrianos, c. 1. Migne, Patrología Latína 17, 552). Tal ha sido constantemente la costumbre de la Iglesia, apoyada por el juicio unánime de los Santos Padres, que siempre han mirado como excluido de la comunión católica y fuera de la Iglesia a cualquiera que se separe en lo más mínimo de la doctrina enseñada por el magisterio auténtico. San Epifanio, San Agustín, Teodoreto, han mencionado un gran número de herejías de su tiempo. San Agustín hace notar que otras clases de herejías pueden desarrollarse, y que, si alguno se adhiere a una sola de ellas, por ese mismo hecho se separa de la unidad católica. “De que alguno diga que no cree en esos errores (esto es, las herejías que acaba de enumerar), no se sigue que deba creerse y decirse católico. Pues puede haber y pueden surgir otras herejías que no están mencionadas en esa obra y cualquiera que abrazase una sola de ellas cesaría de ser cristiano católico” (San Agustín, De las herejías, n.º 88. Migne, Patrología Latína 42, 50)» (Papa León XIII, Encíclica “Satis Cógnitum”, 29 de Junio de 1896.) 
No, el “crédito parcial” no ayuda a mantener la membresía en buenos términos con el seno maternal de la Santa Madre Iglesia:
«La fe católica es de tal índole y naturaleza, que nada se le puede añadir ni quitar: o se profesa por entero o se rechaza por entero: “Esta es la fe católica; y quien no la creyere firme y fielmente no podrá salvarse” [Símbolo de San Atanasio]. No hay, pues, necesidad de añadir calificativos para significar la profesión católica; bástale a cada uno esta profesión: “Cristiano es mi nombre, católico, mi apellido”; procure tan sólo ser en efecto aquello que dice.
  
Por lo demás, a los nuestros que se han consagrado a la utilidad común de la causa católica, pide hoy la Iglesia otra cosa muy distinta que insistir por más tiempo en cuestiones de las cuales ninguna utilidad se sigue; pide que con todo esfuerzo procuren conservar la fe íntegra y libre de toda sombra de error, siguiendo especialmente la huellas de Aquel a quien Cristo ha constituido guardián e intérprete de la verdad. También hay, y no pocos, quienes como dice el Apóstol: “No sufrirán la sana doctrina y deseosos de novedades… apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas” (2.ª Tim. IV, 3-4). En efecto, orgullosos y engreídos por la gran estima que tienen del entendimiento humano, el cual ciertamente, por permisión divina, ha hecho increíbles progresos en el estudio de la naturaleza, algunos, anteponiendo su propio juicio a la autoridad de la Iglesia, llevaron a tal punto su temeridad que no dudaron en medir con su inteligencia aun los mismos secretos misterios de Dios, y cuanto ha revelado al hombre, y de acomodarlos a la manera de pensar de estos tiempos. Así se engendraron los monstruosos errores del Modernismo, que Nuestro Antecesor llamó justamente síntesis de todas las herejías, y condenó solemnemente. Nos, Venerables Hermanos, renovamos aquí esta condenación en toda su extensión; y dado que tan pestífero contagio no ha sido aún enteramente atajado, sino que todavía se manifiesta acá y allá, aunque solapadamente. Nos exhortamos a que con sumo cuidado se guarde cada uno del peligro de contraerlo. Pues de esta peste bien puede afirmarse lo que Job había dicho de otra cosa: “Fuego que devora hasta la destrucción y que consume toda mi hacienda” (Job XXXI, 12). Y no solamente deseamos que los católicos se guarden de los errores de los modernistas, sino también de sus tendencias, o del espíritu modernista, como suele decirse: el que queda inficionado de este espíritu rechaza con desdén todo lo que sabe a antigüedad, y busca, con avidez la novedad en todas las  cosas divinas, en la celebración del culto sagrado, en las instituciones católicas, y hasta en el ejercicio privado de la piedad. Queremos, por tanto, que sea respetada aquella ley de Nuestros mayores: “Nihil innovétur nisi quod tradítum est” (Nada se innove sino lo que se ha trasmitido); la cual, si por una parte ha de ser observada inviolablemente en las cosas de fe, por otra, sin embargo, debe servir de norma para todo aquello que pueda sufrir mutación, si bien, aun en esto vale generalmente la regla: “Non nova, sed nóviter” (No cosas nuevas sino de un modo nuevo)» (Papa Benedicto XV Encíclica “Ad Beatíssimi Apostolórum Príncipis cáthedram”, 1 de Noviembre de 1914).
El Papa Pío XI, escribiendo en Mortálium Ánimos (6 de Enero de 1928), también rechazó cualquier noción de distinción entre las doctrinas “fundamentales” y las presuntamente “no fundamentales” de la Fe Católica:
«Además, en lo que concierne a las cosas que han de creerse, de ningún modo es lícito establecer aquélla diferencia entre las verdades de la fe que llaman fundamentales y no fundamentales, como gustan decir ahora, de las cuales las primeras deberían ser aceptadas por todos, las segundas, por el contrario, podrían dejarse al libre arbitrio de los fieles; pues la virtud de la fe tiene su causa formal en la autoridad de Dios revelador que no admite ninguna distinción de esta suerte. Por eso, todos los que verdaderamente son de Cristo prestarán la misma fe al dogma de la Madre de Dios concebida sin pecado original como, por ejemplo, al misterio de la augusta Trinidad; creerán con la misma firmeza en el Magisterio infalible del Romano Pontífice, en el mismo sentido con que lo definiera el Concilio Ecuménico del Vaticano, como en la Encarnación del Señor.
    
No porque la Iglesia sancionó con solemne decreto y definió las mismas verdades de un modo distinto en diferentes edades o en edades poco anteriores han de tenerse por no igualmente ciertas ni creerse del mismo modo. ¿No las reveló todas Dios?
   
Pues, el Magisterio de la Iglesia el cual por designio divino fue constituido en la tierra a fin de que las doctrinas reveladas perdurasen incólumes para siempre y llegasen con mayor facilidad y seguridad al conocimiento de los hombres aun cuando el Romano Pontífice y los Obispos que viven en unión con él, lo ejerzan diariamente, se extiende, sin embargo, al oficio de proceder oportunamente con solemnes ritos y decretos a la definición de alguna verdad, especialmente entonces cuando a los errores e impugnaciones de los herejes deben más eficazmente oponerse o inculcarse en los espíritus de los fieles, más clara y sutilmente explicados, puntos de la sagrada doctrina. 
    
Mas por ese ejercicio extraordinario del Magisterio no se introduce, naturalmente ninguna invención, ni se añade ninguna novedad al acervo de aquellas verdades que en el depósito de la revelación, confiado por Dios a la Iglesia, no estén contenidas, por lo menos implícitamente, sino que se explican aquellos puntos que tal vez para muchos aun parecen permanecer oscuros o se establecen como cosas de fe los que algunos han puesto en tela de juicio» (Papa Pío XI, Encíclica “Mortálium Ánimos”, 6 de Enero de 1928).
Entre otros, el padre Louis J. Campbell, que cumplió noventa años el 1 de Noviembre de 2022 [y falleció el 18 de Diciembre de 2023, N. del T.], y se ha desempeñado como párroco del Santuario de San Judas en Stafford, Texas, desde 2021, demostró de manera concluyente que el rito conciliar de consagración episcopal es inválido. El padre Joseph Ratzinger nunca fue obispo, nunca cardenal de la Iglesia católica y nunca un verdadero y legítimo sucesor de San Pedro. 
    
Así, quienes intentaron hacer católico a Joseph Ratzinger/Benedicto XVI durante su vida (él dijo en numerosas ocasiones que había publicado el Summórum Pontíficum para “pacificar los espíritus” los que criticaron el Concilio Vaticano “II” y la farsa litúrgica del Novus Ordo) estaban involucrados en vuelos de absoluta fantasía, y aquellos que tienen visiones de él ahora después de su muerte están permitiendo esta creencia fantasiosa para ver cosas que no son reales. 
    
La verdad debe ser defendida y, a pesar de mis muchas faltas y fallos, nunca dejaré de señalar que los “papas” conciliares han sido enemigos de Cristo Rey, de su Verdadera Iglesia y del bien temporal y eterno de las almas. por quien nuestro Rey derramó hasta la última gota de su Preciosísima Sangre para redimirlas. 

A diferencia de Joseph Alois Ratzinger/Benedicto XVI y su vulgar sucesor, Jorge Mario Bergoglio, que ha expresado su odio por la naturaleza “atrasada” representada incluso por la versión modernizada de la Misa Inmemorial de la Tradición, sabemos que siempre debemos volar hacia el patrocinio de Nuestra Señora, ella que es nuestra vida, nuestra dulzura y nuestra esperanza, como esclavos consagrados de su Divino Hijo, Nuestro Bendito Señor y Salvador Jesucristo, por su propio Corazón Doloroso e Inmaculado y como permanecemos todos fieles en un diariamente, no base, al rezo de oración de su Santísimo Rosario, al que tan devoto era San Antonino, cuya fiesta se celebra hoy miércoles 10 de Mayo de 2023, como miembro de la Orden de Predicadores cuyo fundador, Santo Domingo de Guzmán, se le entregó el Rosario como medio como arma contra la herejía y contra todas las fuerzas que pugnan poderosamente por obrar contra nuestra propia santificación y salvación.

¡Orad por un verdadero Papa diariamente!
Nuestra Señora del Rosario, rogad por nosotros.
San José, rogad por nosotros.
Sanos Pedro y Pablo, rogad por nosotros.
San Juan Bautista, rogad por nosotros.
San Juan Evangelista, rogad por nosotros.
San Miguel Arcángel, rogad por nosotros.
San Gabriel Arcángel, rogad por nosotros.
San Rafael Arcángel, rogad por nosotros.
Santos Joaquín y Ana, rogad por nosotros.
Santos Gaspar, Melchor y Baltasar, rogad por nosotros.

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